Los libros son para el verano

El verano es sinónimo de días más largos, de sol y de tiempo libre. Muchas son las personas que esperan todo el año la llegada de estos tres mesecitos que nos aportan vida y que nos dan la posibilidad de destinar más horas a nuestras pasiones, a hacer aquello que realmente nos gusta. Para los que somos lectores, este deseo se torna rápidamente en más libros, y en la diversificación de lugares para esta tarea. Bien sea en la piscina, en la playa (si la tenemos cerca), en un hueco de nuestra terracita con un refresco o una cervecita bien fría, o tirados en el sofá con el sonido de los pájaros de fondo, un libro siempre será nuestra mejor compañía.

Hace unas semanas que buceo por internet y a través de las redes sociales buscando títulos de libros refrescantes y con sabor a veranito, y no termino de encontrarlos (aunque existen muchas listas de libros actuales). Por eso, y sin un afán prescriptor ni reduccionista, he decidido crear mi propia lista y ponerla a vuestra disposición para que os animéis a “veraneleer”. ¡Ahi van!

Agosto, octubre, Andrés Barba

Se podría definir como una novela de iniciación, que juega con dos tiempos para hacernos partícipes de cómo siempre existe un momento en el que nuestra vida se resquebraja. Eso le acontece a Tomás, un joven que viaja un verano más con sus padres a un pequeño pueblo de la costa, en donde ese año conoce a un grupo de amigos que le enseñan lo que es la parte más oculta del sexo, además de su iniciación en él de la mano de una chica de las tantas que sobreviven en ese lugar donde el resto del año nunca pasa nada.

84, Charing Cross Road, de Helene Haruf

Es un claro ejemplo de metaliteratura, pero también y sobre todo, un profundo cante a la amistad, a ese sentimiento más puro que nace y se mantiene a través del tiempo y sin un contacto físico, solamente el epistolar. Estamos delante de una pequeña joya, ideal para leer en una cafetería a ratos, y con la que nos reiremos un rato ante las ocurrencias más graciosas del ser humano.

Tierra de campos, de David Trueba

Este libro se inmiscuye en la mente de un músico que en la madurez se pregunta si lo hecho hasta ese momento tiene sentido, si la lucha por unos sueños no nos obliga a renunciar a otros, y si lo que siempre nos han enseñado de pequeños tiene igual sentido una vez que vives ciertos momentos. Porque, ante todo, Trueba recrea una historia que engancha, como una melodía musical en la que las letras se relacionan de forma natural.

Nosotros en la noche, de Kent Haruf

Estamos delante de una historia emotiva, intensa, de las que te remueven por dentro y te hacen ver que nos pasamos la vida sintiendo y aparentando para llegar a la vejez y experimentar la soledad en su estado más puro. Eso le acontece a Louis Watters y Addie Moore, dos vecinos de un pueblo durante casi una vida, pero que siempre habían pasado desapercibidos el uno para el otro. Hasta que llega la vejez y, por ende, la soledad, esa sensación que lo invade todo y llena los corazones de melancolía por lo perdido.

Margarita Dolcevita, de Stefano Benni

Bajo el tapiz del humor y de una cierta inocencia e ingenuidad del personaje narrador, se nos van planteando diversas cuestiones a modo de crítica, como son el consumismo, la destrucción del planeta, la globalización que amenaza con echar abajo las identidades y las formas de ser de cada pueblo, y, el último término, las familias que parecen perfectas pero que hacen aguas a la mínima de cambio.

Un hotel en ninguna parte, de Mónica Gutiérrez

Emma Voltarás es una joven violinista que recala en él como trabajadora en pleno invierno, y descubre que ese hotel lo componen en realidad un pequeño grupo de personas que son como una familia. Ahí llega ella con sus miedos, con su pasado y su presente desestabilizado, con sus ideales por los suelos y con la tristeza en cada poro de su piel. Y en el otro extremo están también los hermanos Brooks, dos solteros muy diferentes entre sí, con formas opuestas de ver la vida, pero con un objetivo común: hacer que el negocio del hotel prospere.

Canción dulce, de Leila Slimani

La historia parte precisamente de un asesinato a sangre fría, y con un principio rompedor, que nos lleva a pensar directamente en Crónica de una muerte anunciada, conocemos ya desde el primer capítulo quién mató a Adam y Mila, de forma que el misterio, y ese no poder parar de leer, se expresa en los porqués y en el cómo. La maestría de Leila Slimani es tal que en capítulos cortitos consigue que una vez que comencemos no podamos parar de leer, y será ella la que nos obligue a transitar y a reflexionar sobre el mundo que habitamos, donde no todo es lo que parece, y que está repleto de injusticias y egoísmos, además de tópicos casi siempre innecesarios.

Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite

La protagonista de este relato es Sara Allen, una niña que vive en Brooklyn pero que quiere viajar a Manhattan y conocer más este espacio. Para ella, este lugar simboliza la libertad, las ansias de conocer mundo más allá de las paredes de su cuarto y de la soledad en la que está inmersa.

Por eso un día decide tomar una decisión que la llevará a conocer el mundo gracias a una serie de personajes muy variopintos y que le harán reflexionar sobre la libertad, el viaje, las ansias de poder… Básicamente es el mundo visto desde los ojos de una niña y de su inocencia.

Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios, de Marçal de Aquino

El autor, considerado uno de los renovadores de la “nueva narrativa brasileña” nos presenta al fotógrafo Cauby, quien está convaleciente en una pensión de Pará agitada por la fiebre del oro, y rememora su relación con la joven Lavinia, esposa de Ernani, el pastor evangélico de la ciudad.

Desde que se conocen en una tienda de fotografías viven una pasión clandestina con muchos momentos de sexo salvaje y otros tantos más pausados y en los que los amantes se replantean todo.

La mejor de las vidas, de David de Juan Marcos

El argumento de La mejor de las vidas arranca cuando Nico se va a estudiar a Cambridge, donde conoce a Pierre, un francés que juega en el equipo de remo de la universidad y cuyo mayor sueño es ser voluntario en África, y Ella, una chica que, desde el primer momento, está llena de misterio.

El inicio de la novela es de lo mejor (“La verdad es que no tengo mucho que contarte”), y gracias a él seguimos leyendo para descubrir los porqués de esta confesión que Nico dirige hacia Ella.

Al abrigo, de Elisa Sánchez Prieto

Escribir sobre lo que me provocó Al abrigo resulta una tarea dificilísima, pues estamos delante de una novela que encapsula muchos sentimientos, abrazos y también esa vida puta que tuvieron que pasar nuestros antepasados. Mientras iba conociendo las vivencias de Juan padre y Juan hijo, de la Conversa, Antonio, Miguelángel y de Eva Blanco Lázaro, en mi mente no cesaba de sonar La Tarara en sus distintas versiones, al igual que le debió de acontecer a la autora mientras la escribía, pues este tema está presente a lo largo de las más de cuatrocientas páginas.

Palmeras en la nieve, de Luz Gabás

La novela narra na historia reciente de Guinea, de ese paso de la colonización de los españoles a esa deseada independencia que los dejó malparados y con una dictadura que se comparó con la de los campos de concentración de Adolf Hitler. Gabás escapa de la visión españolista, y nos cuenta también la visión del otro lado, de los guineanos, de cómo ellos vivieron el proceso y de los sentimientos contradictorios que los embargaban. Bisila y Kilian son dos enamorados que no acertaron con el tiempo ni con el lugar, y que estarán condenados a separarse físicamente, aunque nunca se olvidarán.

La Chica de Los Planetas, de Holden Centeno

Aquí tenemos una historia en la que se describen retazos de amor, lo que provocó que Holden y ella se conociesen y se enamorasen, los detalles compartidos, y lo que dio esa historia real que pareció un sueño. Aunque no se habla de tristezas, hay muchos momentos de recuerdo, y solamente en momentos bajos Holden deja sentir su desesperanza, y su impotencia a la hora de que ella vuelva.

E dous en galego…

O sol do verán, de Carlos Casares

Helena é unha muller que vive a súa vida adulta ata que se atopa con Carlos, un home co que na infancia pasara moitos veráns na aldea de Beiro, e xusto nesa noite el dáse un tiro e falece. A partir de aí a novela é un continuo monólogo de Helena explicándonos o moito que viviron xuntos, as primeiras descubertas, os espazos comúns de xogo e complicidade, nese lugar de Beiro. Mais a obra resulta ser tamén un berro contra a falta de liberdade dun tempo que xa pasou e que fixo tanto dano entre a xente, aínda que moitos se quixesen enfrontar e protestar.

Deixe a súa mensaxe despois do sinal, de Arantza Portabales

A de Portabales cólleme nun tempo no que, aínda que non pasei a trintena, xa teño plena conciencia do que supón ser muller, e loitar aínda nun mundo de homes. Iso é o que fan precisamente estas catro mulleres (Marina, Carmela, Sara e Viviana), que senten na súa propia pel a soidade e por iso lle contan os seus problemas ante un contestador automático. Supón este un mecanismo de desafogo existencial, mais o silencio da máquina expresa unha vez máis o pouco caso co que son tidas en conta no mundo masculino.

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

Un comentario sobre “Los libros son para el verano

Si te ha gustado este artículo y quieres dejar tu opinión, encantada de leerte!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.