Me permito la licencia de robar esta cita de la Rayuela de Julio Cortázar porque expresa a la perfección lo que me ha hecho sentir este libro, que este era el momento de leerlo aun llevando mucho tiempo esperándolo. Y también expresa la sensación que todos tenemos al encontrar el amor, que si nunca lo buscas, aparece. ¡Vaya si no!

En la historia de la literatura contemporánea dos años son los que indican el nacimiento de lo que se conoció como “boom latinoamericano”: la publicación de La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa en el 1962 y la de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez en el 1967.  Y añado otra, el boom de Rayuela en el 1963.

El boom significó una salida de esa literatura que antes vivía enclaustrada en casa, y que se consideraba menor que la configurada en los países europeos. Por eso, a raíz de estos autores, lectores de todo el mundo comienzan a ver que los latinoamericanos tenían mucho que decir y unas fórmulas muy hermosas de decirlo. Rayuela fue una novela pensada en un primer momento, y según el propio Cortázar para personas que pasasen la madurez y estuviesen próximos a la vejez. Lo que él no se imaginaba era que esta obra de arte iba a ser el catecismo de los jóvenes de la época, y por qué no, de muchos de hoy en día, que son capaces de apreciar lo metafísico de la existencia.

rayuela02Muchos han hablado de esa vastísima cultura del autor argentino, y Rayuela lo verifica. Construida en base a dos historias, recoge las vivencias de Horacio Oliveira por el París donde todo era posible y por la Argentina afincada en un clima borrascoso y, en cierto modo, caduco.  Oliveira es el personaje central que se debate en torno a la existencia y el ser, al tiempo que vive unos amores contrariados con La Maga por París y comparte cultura y más con El Club de la Serpiente. Mientras, su Argentina continúa ahí, es imposible escapar de ella y por eso regresa para encontrarse con su pasado.

Aunque el argumento principal se pueda resumir en unas pocas líneas, lo cierto es que Rayuela son muchos libros. Desde la propia construcción de la novela se plantea que el lenguaje vaya más allá de la experiencia, que resulte surrealista. Se propone que sea el lector el que busque de forma activa los significados y se comprenda con el autor (Cortázar siempre había criticado a ese lector-hembra, en que se le da todo hecho sin que él haga ningún esfuerzo por ser activo en la comprensión).

He leído a Cortázar siguiendo la orden en la que están los capítulos en el libro, pero estoy segura de que lo haré de la otra forma en que lo propone: a través de la alternancia de capítulos que él nos va indicando en una especie de tablero inserto al comienzo. Rayuela se propone romper con toda la linealidad impuesta por el relato en Occidente, y esa introducción, nudo y desenlace no tienen sentido cuando nuestra mente es un batiburrillo de pensamientos sin ton ni son, y sin coherencia lógica. Rayuela es surrealista en el mejor sentido de la palabra, tanto que a veces puede dar la impresión de que algo se nos escapa.

“El lenguaje como una especie de exclamación o grito surgido directamente de la experiencia anterior”.

Es difícil concentrar lo que Rayuela produce en mi mente. Si Cortázar deseaba que sus libros fuesen instrumentos capaces de mutar al lector, esta obra es de una originalidad tal que poco de lo que se haya leído antes consigue los mismos efectos. La experiencia de compartir los debates metafísicos con un grupo de amigos, el amor y sus contradicciones, las alucinaciones, ser y el querer son temas que se van alternando en esa atmósfera viviente que es París, pasando por Argentina.

Rayuela son muchos argumentos, personajes, pero es ante todo LENGUAJE, que se lleva al extremo para explorar con él y poner en marcha una revitalización de la lectura:

“Y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro”.

“Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para cantar sonatas […] Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata, pero ya ves, en el fondo no nos encontrábamos. Me di cuenta en seguida, Horacio, pero las sonatas eran tan hermosas”.

 

Maravilloso sea París y ese lenguaje donde cabe la música, la literatura, los diferentes idiomas y todo Cortázar.

Ficha técnica

portada-rayuela_medTítulo: Rayuela

Auto: Julio Cortázar

Editorial: Punto de lectura

Año de publicación: 1963

Número de páginas: 736