Entrevista Cristina Sánchez – Andrade: “Un texto tiene que oler, oírse, saber a algo y escucharse a través de una voz y un ritmo concretos”

Cristina Sánchez Andrade, autora de "El niño que comía lana"

Es una de las grandes voces de la narrativa española actual. Los libros de Cristina Sánchez – Andrade se pueden leer pero, sobre todo, oler y sentir, porque la gallega tiene la capacidad de contar historias que, aunque parezcan un poco exageradas, parten de la realidad más pura. Precisamente, en su reciente libro de cuentos El niño que comía lana (Anagrama, 2019) nos propone un juego muy interesante que consiste en encontrar a los personajes en las diversas historias. Tal y como ya sucedía con Las Inviernas y Alguien bajo los párpados, Sánchez – Andrade vuelve a hacer gala de su maestría con la pluma para llevarnos a lugares que evocamos a través de los sentidos.

Gallega de nacimiento, reside desde hace varios años en la capital española, aunque no olvida a las gentes de esta tierra que tanto la han inspirado para crear ese ‘realismo mágico con tintes gallegos’ que solamente ella es capaz de recrear.

Pregunta (P): En tus novelas y relatos, siempre es muy protagonista Galicia. ¿Cómo definirías a tu tierra y sus gentes y cómo te inspiras para crear literatura?

El gallego es aventurero. Muchas veces salió (y sigue saliendo) en busca del pan, pero también por la curiosidad de conocer mundo. El gallego es una mezcla de cosas: supersticioso, mágico, pero también muy racional; reservado y a la vez retranqueiro; buena gente. Al gallego le gusta contar historias, a veces exageradas. Ante todo, el gallego tiene humanidad. Y de la tierra qué decir. Cuando uno está ahí, enseguida siente una rara ternura, fascinación por la belleza de los campos, por sus valles, por sus costas. Galicia es el nido de mi infancia, el lugar en donde se configuró mi imago mundi: una cultura mágica siempre en tensión con la realidad.

(P): Eso nos lleva a pensar en la unidad de tu literatura. Aunque leamos varios libros, los personajes parece que habitan en una misma comunidad. ¿De qué forma nacen los personajes de tus historias?

Casi siempre surgen a partir de alguna historia que he escuchado, de una anécdota y sobre todo de la pura observación. Todos mis personajes son una mezcla de realidad y ficción. También me gusta que tengan un secreto oscuro que les hace vulnerables y un punto de excentricidad. Empiezo con una vaga idea de uno o varios personajes. No sé quiénes son –debo empezar a conocerlos–, y menos por qué han venido a mí. A veces, tengo una vaga idea de cómo visten, o de cómo sienten, pero tengo que ponerme a escribir para averiguar más cosas sobre ellos. Incluso pueden repetir una frase que me sirve como clave premonitoria para encontrar la historia.

(P): Otorgas mucha importancia a los sonidos y a los olores. De hecho, tus historias nos llevan de pleno al lugar de los acontecimientos. ¿Cómo se recrean estos ambientes que provocan sensaciones reales? ¿Qué piensas de que se hable de tu estilo como de realismo mágico en Galicia?

La vista es el sentido sobreexplotado, el que más acapara, y por eso me niego a limitarme a ella. Un 70% de los receptores sensoriales está en la visión. Por eso, merece la pena utilizar los otros sentidos. Un texto tiene que oler, oírse, saber a algo y por supuesto escucharse a través de una voz y un ritmo concretos. Para mí, de entre todos estos, el olfato es el sentido que más evoca y sin embargo, el más difícil de describir. Esto es porque los lazos entre el olfato y la memoria son muy fuertes (está el ejemplo archiconocido de la magdalena de Proust) pero débiles entre el olfato y el lenguaje. Se le llama por eso el sentido “mudo”. Quiero decir con esto que cuando tratamos de describir un olor, lo primero (y a veces lo único) que se nos ocurre es ir a adjetivos que definen poco, o que son subjetivos. Por ejemplo, si te pido que describas el aliento de un personaje puedes decir que es inmundo, asfixiante, nauseabundo, agradable, delicioso… Pero, ¿qué es agradable, por ejemplo? Para ti puede ser una cosa y para mí otra.

(P): A lo largo de tu carrera has participado en residencias literarias. ¿Nos puedes hablar de tu experiencia y de cómo organizas tu jornada en esos lugares? ¿Llevas ya el tema / argumento pensado o se te ocurre ahí?

Las residencias literarias son lugares estupendos para aislarse y encontrar el tiempo para escribir que no tenemos. Porque en la vida cotidiana siempre hay algo más importante o más urgente que hacer. Suelo ir con una novela ya empezada para trabajar. Recuerdo con especial cariño la primera residencia a la que fui, que era un castillo escocés, en medio del bosque. Teníamos todo hecho, la comida, la colada, la compra, de modo que nuestra única obligación era escribir. Éramos seis o siete escritores de todas las nacionalidades. Por la mañana bajábamos a desayunar y ya no nos volvíamos a ver hasta la cena. Al mediodía, la cocinera te dejaba silenciosamente una bandeja al pie de tu habitación con sopa y sándwiches, para que no tuvieras que interrumpir tu trabajo. Por la noche nos juntábamos a cenar (una comida exquisita) y a beber gin tonics, ¡ojalá escribir fuera siempre así!

“Merece la pena rescatar esa vida rural y todos esos valkores que se está perdiendo. Yo al menos intento hacerlo con mi escritura”.

(P): En tu reciente libro recoges una serie de relatos diversos bajo el título de El niño que comía lana, ¿por qué este título? ¿Cómo se relacionan los relatos para formar un todo? ¿Cómo es su selección para construir un libro?

El título viene de uno de los relatos. En él hay un niño que ha perdido a su madre y a su padre. Le regalan ese corderito y luego se lo quitan. Para recuperar el cariño perdido, comienza a comer lana. Es muy simbólico. Los relatos están conectados unos con otros porque tienen personajes que se repiten. Por ejemplo, está Manuela das Fontes, que es esta mujer que emigra a Cuba como ama de cría y que lleva un perrito para no perder la leche. Pues bien, esta mujer, más adelante también aparece en otros cuentos, por ejemplo en “Las amígdalas de Pepín” o en “La niña del palomar”. En este último, dirige una carta, muchos años después, a uno de los hijos que dejó en Galicia para pedirle perdón por haberse ido y también para pedirle una cosa.

(P): Los personajes de estos relatos nos ayudan a reflexionar muchísimo sobre nuestro pasado. ¿Es un homenaje a las gentes que tuvieron que luchar contra la pobreza en momentos complicados?

Sí, es un homenaje a la gente que tuvo que emigrar en Galicia. Porque a algunos les fue bien y volvieron ricos, pero a la mayoría no. Siempre he pensado lo difícil que tuvo que ser dejar todo atrás y empezar una nueva vida tan lejos de lo que conoces.

(P): Eres ya un referente de la narrativa hispánica actual. ¿Cómo ves tú el estado de la lectura y del mundo editorial?

Pues hay un poco de todo. Hay gente que lee muchísimo y hay gente que no coge un libro en su vida. El mundo editorial es muy competitivo. A veces, por vender se hacen cosas tremendas que van en detrimento de la calidad literaria.

(P): Tus libros son una calma en tiempos que corren rápido. ¿Cuánto tardas en recrear cada escena? ¿Y el libro en su conjunto?

Mucho, cada vez más. ¡No quiero ni saberlo!

(P): ¿Cuáles son los libros y autores/as que te inspiran a diario y a la hora de crear?

Tengo libros que disfruto leyendo porque me gustan (y que, a lo mejor no me sirven como inspiración) y libros que me sirven para escribir. De estos últimos: Ana María Matute, Delibes, Flannery O’Connor, Agota Kristof, Juan Rulfo, Carson McCullers, Eudora Welty…

(P): Actualmente se debate mucho alrededor de los términos de la “España vacía” y “España vaciada”. ¿Qué opinas sobre ellos?

Pues creo que como todo el mundo. Que es una pena lo que está ocurriendo y que merece la pena rescatar esa vida rural y todos esos valores que se está perdiendo. Yo al menos intento hacerlo con mi escritura.

“Galicia es el nido de mi infancia, el lugar en donde se configuró mi imago mundi: una cultura mágica siempre en tensión con la realidad”.

(P): Ya sabemos que estás inmersa en la promoción de tu reciente libro, pero ¿trabajas en algún proyecto del que nos puedas avanzar algo?

Cuando uno está con la promoción de un libro, suele estar en realidad muy inmerso en otro libro. Es curioso porque tienes que hablar de un libro que ya has olvidado, cuando lo que te obsesiona es otro tema totalmente distinto. Casi siempre es así. Pero yo prefiero no contar sobre qué estoy escribiendo porque la historia se gafa. Lo tengo comprobado.

 

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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