Entrevista Octavio Salazar Benítez: “Todavía hoy los hombres podemos ser penalizados si ‘traicionamos’ a nuestro género, si no actuamos como machotes”

Octavio Salazar Benítez acaba de publicar "Autorretrato de un macho disidente" y "El hombre que no deberíamos ser"

Estamos delante de un hombre feminista, padre queer, jurista heterodoxo, Sagitario y cordobés nacido en Cabra. Todo esto, y mucho más, es Octavio Salazar Benítez, quien acaba de publicar en pocos meses dos libros sobre feminismo y sobre los cuestionamientos de género: Autorretrato de un macho disidente (Huso Editorial) y El hombre que no deberíamos ser (Planeta). Ambos son primos hermanos, como él mismo los define, aunque hay diferencias en ellos. Autorretrato es una combinación de biografía, ensayo, sobre el propio proceso de cambio del autor, que pasó de vivir encorsetado en unos moldes preconcebidos a sentir que debería ponerse delante de un espejo y analizar quién realmente era. El hombre es más bien un ensayo divulgativo donde se dan las claves del proceso que deberían experimentar los hombres para llegar a la igualdad tan necesaria. Una persona, sin duda, que tiene mucho que decir en la defensa del feminismo.

Pregunta (P): El título del libro es provocador, partiendo de que tiene dos palabras contrapuestas. ¿Nos puedes explicar qué es Autorretrato de un macho disidente?

Es el resultado de colocarme delante del espejo y de quitarme todas las máscaras que fui acumulando sobre mí a lo largo de los años. Es una especie de viaje a través de mi propia experiencia personal y emocional, por el proceso de “deconstrucción” y posterior reconstrucción de un hombre que ha ido traicionando las expectativas de género. Y es también, por qué no, un llamamiento a la disidencia frente a las jaulas  del género. De ahí la contundencia del título, con el que de entrada persigo, espero haberlo conseguido, que el lector, sobre todo un lector hombre, se sienta interpelado.

(P): Biografía, análisis político, radiografía familiar y personal, ensayo feminista… tu libro es muchas cosas, ¿por qué optaste por una forma híbrida al escribirlo?

Porque creo que esa es la mejor manera de definirme, de explicarme. Es justamente esa mezcla la que mejor pueda dar una idea de cómo soy y de cuál ha sido y es mi vida. Y, al mismo tiempo, porque creo que toda esa suma es la que puede hacer que los y las lectoras se acercasen a él desde múltiples perspectivas. Cada una podrá ir quedándose con una de ellas, o con varias. Lo mismo que los episodios pueden leerse aisladamente, también es posible extraer diferentes lecturas del texto. Alguien me ha dicho que es como una suma de teselas… Quizás pueda definirse como una especie de puzle en el que no todas las piezas necesariamente encajan entre sí, pero en el que todas son necesarias para contar lo que quiero contar. El libro refleja también de alguna forma mi manera de entender no solo la creación sino también mi trabajo como investigador, la reflexión política y jurídica, la cual creo que solo puede hacerse desde la intersección de miradas y enfoques.

(P): Hablas de feminismo y de libertad sexual. ¿Cómo se relacionan estas dos realidades?

Entiendo que el feminismo es una propuesta emancipadora del ser humano, por lo tanto necesariamente implica, o debería implicar también, una mirada emancipadora sobre los cuerpos, el sexo, los deseos. Lo que ocurre es que el patriarcado se ha encargado de que la liberación sexual haya sido solo de los hombres, o siendo más precisos, heteronormativa, y que todavía hoy por tanto tengamos que estar luchando por una concepción de las relaciones afectivas y sexuales basadas en la equipotencia y no en el control y dominio del hombre sobre las mujeres.

Autorretrato de un macho disidente- Octavio Salazar(P): Cualquier hombre debería ser feminista, es cierto, pero todavía queda un largo camino por recorrer. ¿Qué les dirías a los hombres para que defiendan la igualdad y huyan del machismo?

Les haría ver, de una parte, la parte de responsabilidad que tienen, que tenemos, en el mantenimiento de las muchas injusticias que las mujeres siguen sufriendo en el planeta. Las cuales son la consecuencia de nuestra posición privilegiada. Y que la lucha por la igualdad, o sea, por la verdadera democracia, supone luchar por unas sociedades, por un mundo más justo, más sostenible, más pacífico. Con mayor bienestar e incluso felicidad para todas y para todos. Y nosotros tenemos una especial responsabilidad en esa lucha porque seguimos siendo los privilegiados y los que durante siglos hemos tenido el poder y la autoridad.

(P): ¿Cuándo es el momento en el que te das cuenta de que estabas aparentando ser una persona que no te definía?

No hay un momento preciso, sino que más bien se trata de todo un proceso en el que yo empiezo a desnudarme, como cuando te vas quitando diferentes prendas de ropa porque sientes que te sobran, que hace calor y que ya no las necesitas. Es un proceso en el que confluye lo cotidiano, pero también todo lo que reflexiono intelectual e íntimamente gracias al feminismo.

(P): ¿Es la infancia esa etapa donde se cuestionan muchos temas?

Yo creo que más que cuestionar es la etapa en la que podemos ir poniendo la semilla de cómo seremos. Por eso es tan importante crear condiciones en las que niños y niñas vayan formándose desde la equivalencia, desarrollando plenamente sus potencialidades, no renunciando a ninguna dimensión de su humanidad. Es en la infancia donde empezamos a construir imaginarios, a sentir emociones, a experimentar necesidades… Desde ese momento deberíamos ser educados para desarrollar virtudes cívicas y para darnos cuenta de que todas y todos somos frágiles y por tanto interdependientes.  Niños y niñas deberían ser educados en el valor de la ternura como herramienta incluso política.

(P): Tu libro es muy personal, ¿no tuviste miedo o vergüenza al abordar ciertos temas?

En el momento en que decido escribir el libro, me siento tan seguro de mí mismo, tan despojado de lastres, que no me planteé esa sensación ni de miedo ni de vergüenza. Al contrario, me parecía un ejercicio de honestidad conmigo mismo y con los demás. Solo pensé en cómo podrían tomárselo las personas más cercanas y queridas, pero afortunadamente las reacciones han sido todas generosas y cómplices. Incluso pensé que mi ejercicio, no sé si de valentía, podría ser útil a otras personas que podrían no sentirse con fuerzas para disentir.

(P): También hablas de las mujeres de tu vida, ¿es quizás una suerte de homenaje?

Sin duda. Quería que, entre otras cosas, el libro fuera un reconocimiento a todas esas mujeres, en muchos casos anónimas, casi invisibles, que han aportado tanto a mi vida. Era la mejor manera de devolverles todo lo que me han dado y me siguen dando. Por eso el libro está lleno de mujeres, las de mi familia, mis maestras, mis amigas, mis parejas, la madre de mi hijo… Sin ellas no sería el hombre que soy justo ahora.

portada_el-hombre-que-no-deberiamos-ser_octavio-salazar_201712291059(P): “De esos que mostraban músculo para no ser confundido con un maricón de mierda”. ¿Crees que en la actualidad hay hombres que se ven obligados a ocultarse en esa imagen de “machos”?

En gran medida la masculinidad es una especie de máscara que nos ponemos mediante la que de manera permanente tenemos que demostrarnos a nosotros mismos y a los demás que somos “hombres de verdad”. En este sentido, se ha dicho que es una especie de performance. Todavía hoy los hombres podemos ser penalizados si “traicionamos” a nuestro género, si no actuamos como machotes. Los adolescentes siguen recibiendo esos mensajes tan tóxicos desde los medios, las canciones que escuchan, las películas, sus grupos de iguales.

(P): ¿Qué podemos hacer todos y todas para que la sociedad cambie de forma efectiva?

Yo diría que todos tenemos la responsabilidad de ir transformando nuestro entorno más cercano, a través de esas revoluciones de lo cotidiano que acaban teniendo consecuencias políticas. Cambiar nuestra manera de relacionarnos, nuestro modelo de pareja, nuestra forma de estar en lo público y en lo privado… Y cada cual desde su lugar social puede y debe hacer mucho. Yo que soy docente tengo una singular responsabilidad en ese cambio, porque transmito saberes a cientos de chicos y chicas cada año. Pero también la tengo como padre.  Todas y todos deberíamos convertirnos en una especie de agentes para la igualdad.

(P): “Me interesan especialmente los libros en los que sujetos masculinos se pone delante del espejo y son capaces de reconocer sus miserias”. ¿Qué ejemplos nos podrías dar de libros de este tipo?

La verdad es que no son frecuentes los libros en los que los hombres hacen ese tipo de ejercicio. Más bien somos dados a contar nuestros heroísmos.  Son pocos los ejemplos que se me ocurren. En nuestro país el juez Fernando Grande-Marlaska publicó el pasado año una suerte de biografía titulada Ni pena ni miedo, donde también nos cuenta su proceso de disidencia. También me interesó cómo se desnudaba el escritor Karl Ove Knausgård en su serie de libros autobiográficos, y muy dolorosos,  titulada Mi lucha. También me sobrecogió el libro Instrumental del pianista James Rhodes.

(P): Acabas de publicar en Planeta El hombre que no deberíamos ser, ¿qué diferencias hay con Autorretrato?

El hombre que no deberíamos ser es un ensayo de carácter divulgativo, con un lenguaje muy asequible, en el que planteo una serie de claves sobre qué procesos de cambio deberíamos vivir los hombres en el siglo XXI. Aunque son distintos, en cuanto a la forma y el sentido con el que fueron escritos, tienen mucho que ver. Al final los dos están hablando de lo mismo. De las cuestiones que me ocupan y que me preocupan. Como hombre, como ciudadano, como investigador, como sujeto feminista. Yo diría que son primos hermanos.

(P): Estos últimos meses están siendo intensos, pero ¿hay ya en marcha nuevos proyectos literarios de los que nos puedas hablar?

Mi principal ocupación no es la literatura, sino la docencia y la investigación. Sigo investigando en cuestiones relativas la igualdad de género, al feminismo jurídico, a los derechos de las mujeres. Y tengo varias ideas dándome vueltas en la cabeza, relacionadas por ejemplo con ese reconocimiento a las mujeres “maestras”, y también con una herramienta que uso mucho en mis reflexiones sobre el género que es el cine.  No descarto, por ejemplo, hacer algo que tenga que ver con cómo los relatos cinematográficos nos dibujan a mujeres y a hombres: el amor, el sexo, las identidades, el poder…Soy un enamorado del cine y no estaría mal unir cine, literatura y feminismo.

 

 

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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