Montse Barderi y Emma Vilasarau son autoras de
Montse Barderi y Emma Vilasarau son autoras de “Caminos para un reencuentro”

Al final siempre son las mujeres las que sacan a otras del olvido y les dan un lugar en esta historia que sigue siendo tan machista. Montse Barderi es escritora, periodista y filósofa. Emma Vilasarau destaca en su trayectoria por el mundo del teatro. Ambas son catalanas y han unido sus fuerzas para crear un proyecto muy especial: Caminos para un reencuentro (Huso Editorial, 2017), un libro escrito a dos manos en forma de cartas y que recupera, en clave de ficción, la interesante vida y pensamientos de dos mujeres excepcionales que vivieron en el siglo XX: Ella Maillart y Annemarie Schwarzenbach.

Con un aire que tiende a la melancolía ya desde el uso del género epistolar para comunicar hasta las propias sensaciones evocadas, el libro nace con el afán de entender y de sentir a estas mujeres.

La edición es muy cuidada y el libro consta de un lenguaje que claramente hace pensar en una adaptación, como mínimo teatral. A propósito de este tema, Emma reconoce que posiblemente para la temporada 2018/2019 habrá representación teatral.

Pregunta (P): ¿Cómo surge la idea de escribir una novela a dos manos? 

Montse Barderi (MB): Surge de querer unir ambos mundos, el teatral de Emma y el literario propio. Teniendo en cuenta que ambos son territorios muy cercanos aunque tengan características propias.

Emma Vilarasau (EV): Yo no podía escribir una novela con Montse, ella las escribe muy bien sola, así que si queríamos hacer algo juntas teníamos que ser capaces de unir su lenguaje literario y mi lenguaje teatral, es por esa razón que el proyecto empezó como una obra de teatro epistolar donde podían confluir ambos mundos.

(P): ¿Cuál es la magia de Ella Maillart y Annemarie Schwarzenbach, dos mujeres excepcionales?

MB:  Tienen muchos encantos, o muchas dimensiones mágicas, para nombrar solo alguna; ambas eran escritoras, con una enorme necesidad de comprender y comprenderse, con una curiosidad infinita y ambas entendían la vida como una exploración existencial para llegar tanto a los límites del mundo como a los límites de ellas mismas.

EV: Fueron dos mujeres valientes que se construyeron a sí mismas, que parecían no tener límites, que se inventaron la vida que quisieron vivir.

(P): Hay muchos elementos destacables en esta novela a dos manos, pero quizás la más reseñable sea el empleo del género epistolar, ¿por qué utilizar una correspondencia ficticia entre ambas autoras?

MB: Por varias razones. La principal es que era coherente con la época y también porque la carta es un tipo de lenguaje único, que petrifica la experiencia, es decir, aporta un sentido definitivo a lo vivido y posibilita la vivencia. Y ahora Emma dirá que es porque es un género fácil que aproxima como ningún otro el mundo teatral y el literario

EV: Bueno, es cierto la idea surgió como ya he dicho para conseguir unir nuestros lenguajes. Más tarde Montse vio que funcionaría también como novela epistolar, pero ese no fue el inicio. Después encontramos muchas ventajas en las cartas, relatar la propia experiencia obliga a la reflexión, esperar una respuesta establece un diálogo alargado en el tiempo, las confesiones por carta siempre son más fáciles, tienes todo el tiempo para explicarte sin interrupción.

(P): Leyendo Caminos para un reencuentro encontramos temas que afloran como la culpa, la filosofía oriental, las guerras, el poder de la escritura… ¿cómo fue la tarea de documentación?

MB: Feliz, apasionante, intensa. Internet ayuda, comprar todos los libros de estas mujeres en francés o el libro que nos sugirió este viaje: El camino cruel de Ella Maillart publicado en la Línia del Horizonte y los de Annemarie Schwarzenbach en Editorial Minúscula. Pero bien, es un trabajo de orfebrería, utilizas lo que te interesa, desechas lo que no casa con la historia que quieres contar, tienes que crear algo coherente con lo que sucedió y con las que fueron. En este sentido nuestro libro hace posible, creíble lo que seguro que no sucedió pero que es invención versemblante.

EV: Fue apasionante, sí, descubrirlas, conocerlas, entenderlas y quererlas.

(P): Escribís “La vida, tú lo has demostrado, mientras dure, por muy dura que sea, por muy obstinada y terrible que nos parezca, siempre, siempre, siempre es reformable. Cada una de nuestras acciones determina pero no acaba nunca, nunca es un punto final, todo nos define pero nada es definitorio hasta que nos llega la muerte”. ¿Pudieron las autoras evocadas cartearse como lo imagináis en vuestra primera incursión literaria?

MB: No igual, Ella Maillart tenía un estilo diferente al nuestro, esta idea de las segundas oportunidades, de la vida como no conclusiva hasta que llega al final, que el sentido de una vida solo se puede ver en totalidad pero no durante el proceso, es una visión nuestra… Maillart tal vez estaría más de acuerdo con que hay personas que no cambian pero a nosotras nos interesaba mucho la figura del ángel caído y redimido. Aquí estamos más nosotras que ellas… las cartas que se conservan, se puede leer un fragmento en el documental Una suiza rebelde  (https://youtu.be/ocGRzVqSIto) son más vivenciales, que trascendentales y literarias.  Aunque vete a saber por qué la madre de Annemarie quemó toda su correspondencia la misma noche de su muerte.

EV: No creo que se cartearan así, no creo que su relación fuera como nosotras la hemos construido. De hecho, hemos hablado con personas que conocieron a Ella, y según nos cuentan nunca tuvieron una relación tan íntima y personal. Eso es absolutamente invención nuestra. Evidentemente algunas de las ideas que expresan son suyas, nos estábamos basando en dos personajes reales y no podíamos traicionarlos ideológicamente, pero la licencia de la ficción nos permite tocar los temas que nosotras queríamos.

(P): Dos mujeres escriben sobre otras dos mujeres, quizás para sacarlas del olvido y traerlas a la actualidad. ¿Al final siempre tenemos que ser nosotras mismas las que hagamos la labor de difundir la labor de tantas mujeres para que no queden soterradas debajo del paso del tiempo?

MB: En este caso no creo que sean mujeres olvidadas, no en Europa. Especialmente de Annemarie se han hecho películas, obras de teatro e incluso una ópera… pero contestando a la pregunta,  creo que las sacamos del olvido las mujeres, y una vez reconocidas y potentes, entonces son ellos los que ya las estudian para decir la última palabra. Un ejemplo para mí es Hanna Arendt, estudiada y descubierta en España por Fina Birulés y hoy citada en todos los artículos de opinión de los prohombres que no explican cada día el mundo, por cierto aún no forma no equilibrada con sus compañeras, siguen existiendo menos articulistas.

EV: Creo que es evidente que los hombres no van a recuperar las voces femeninas olvidadas en los libros de historia, no lo han hecho hasta ahora y no lo harán creo que simplemente porque no lo consideran importante. Que se haga justicia y que muchas de estas mujeres salgan a la luz es trabajo nuestro.

(P): ¿Queríais escribir una novela feminista?

MB: Yo sólo puedo escribir una novela feminista, partiendo de la definición clásica de feminismo como la ideología – para mí un derecho humano básico – que entiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. La igualdad de derechos desde las diferencias que encarnamos. No me imagino haciendo una obra misógina, racista, homofóbica, o belicista. No, no haré nunca una obra que tenga a alguien tan repugnante como Trump como protagonista. Lo digo para imaginarme algo no feminista.

  1. Si es feminista hablar sobre mujeres que deciden, viven,  aman,  sufren, luchan y crecen, pues sí hemos escrito una novela feminista, pero yo creo que eso es la realidad, ¿tal vez por qué no aparecen hombres es una novela feminista?

(P): Hay muchas mujeres que aún es necesario sacar del olvido, ¿vais a repetir la experiencia de Caminos para un reencuentro?

MB: No sabemos nada, sabemos que hoy hemos logrado un sueño, empezar un proyecto incierto, con una metodología de trabajo nueva, que ha llegado a buen puerto. ¿Ganas? Todas, ¿posibilidades? También. Certezas, ninguna.

  1. Creo que para mí es importante encontrar algo que nos mueva, que nos provoque la necesidad de contar. Seguro que hablaremos de mujeres porque es un mundo conocido y cercano, pero sin acotar territorios.

(P): ¿Qué le diríais a estas dos mujeres excepcionales si coincidieseis con ellas en una cena hoy en día?

MB: Les pediría perdón, ya que su muerte era la piedra angular de nuestra imaginación literaria. Una vez perdonadas, entonces estoy segura que nos haríamos buenas amigas y planificaríamos un viaje juntas, y luego Emma comprobaría lo que siempre afirma, que ellas eran mucho más libres que nosotras ya que tenían la capacidad de parar el tiempo y cruzar el mundo, cosa que las emancipadas mujeres del siglo XXI parece que no podamos.

  1. Creo que si Ella estuviera viva, haría cualquier cosa para viajar con ella.

(P): Ser aventureras a mediados del siglo XX no era tarea fácil comparada con hoy en día, ¿os imagináis vosotras en esos años de conflictos?

MB: creo que era más fácil entonces, hoy todos estos países están en guerra… imposible reproducir su viaje de Suiza a Kabul. Como decía Ella Maillart hemos exportado a su mundo pacífico nuestra sociedad capitalista y belicista – entendiendo la guerra como un buen negocio -. Europa era un infierno, en cambio no Suiza, ni India, ni Nueva York, ni el Congo Belga que son los lugares donde transcurre nuestra novela… yo no sé qué hubiera hecho, no gozo de su libertad, ni de su patrimonio familiar como el caso de Annemarie. Tal vez siendo suiza como ellas no me hubiera movido de mi casa, y creo que hubiera sido antibelicista o antifascista, como ellas. Solo sé que el tiempo les ha dado la razón, no como a Heidegger… desde nuestro presente es evidente pero en su momento en una sociedad tan nazi como la Suiza su antibelicismo y antifascismo debían ser posturas mucho más cuestionables.

EV: Sinceramente me cuesta imaginarme en una sociedad que tan solo hemos estudiado en los libros de historia. Cada generación responde a los estímulos y prohibiciones de su época. Ellas crecieron durante la Primera Guerra Mundial, vivieron el periodo de entre guerras, un corto pero fructífero tiempo de creatividad y libertad  Europea, y soportaron la Segunda Guerra Mundial. Imposible de imaginar.