La escritora onubense Elvira Navarro (Foto: Elba Fernández)
La escritora onubense Elvira Navarro (Foto: Elba Fernández)

Las relaciones entre la realidad y la ficción siempre han sido complicadas. ¿Podemos contar algo que parece real pero no lo es? Este es precisamente el acuerdo tácito que establece la literatura con los lectores y lectoras. Y es que se nos cuenta una historia que parece real, pero que solamente está en la mente del que la crea y del que la recibe. Este es el argumento que la Elvira Navarro (Hueva, 1978), esgrime para defenderse de las acusaciones lanzadas contra su último libro Los últimos días de Adelaida García Morales, en el que recrea un falso documental sobre esta figura literaria partiendo de una anécdota real: se dice que Adelaida pasó sus últimos días de vida en la indigencia. A raíz de la lectura de esta novela y de la polémica generada tras la misma sobre, además de la lectura de los libros de la Morales, he entrevistado a Elvira Navarro, quien nos habla de lo que es realmente este libro, Los últimos días de Adelaida García Morales.

Pregunta (P): ¿Cómo conociste a la escritora Adelaida García Morales y cuándo decidiste que tenía que ser el argumento de tu siguiente libro?

Adelaida García Morales estaba incluida en mi libro de texto de literatura española del siglo XX. Era la propuesta de lectura con El silencio de las sirenas para estudiar la narrativa contemporánea, así que la asumí como casi canónica. Yo venía de estudiar a Lorca, a Cela… En fin. En realidad, no dio tiempo a leerla durante el curso, pero me quedé con la referencia y la leí por mi cuenta un par de años después. Me gustó por distintos motivos, y busqué a continuación El Sur seguido de Bene. Y ahí me paré. No volví a saber mucho más de ella. El contraste entre haberla estudiado en un libro de texto siendo una escritora viva y su posterior desaparición generó un enigma, pero no fue eso lo que me llevó a escribir sobre ella, sino los e-mails que recibí de Rosario Izquierdo Chaparro donde se me contaba que ella buscaba ayuda económica  para ir a visitar a su hijo a Madrid poco antes de morir. Ese fue el disparadero por ser una situación conflictiva y paradigmática en varios sentidos. Y en un inicio, el texto estaba dentro de un libro de cuentos, cerrándolo; sin embargo, era demasiado largo, y que tratara sobre Adelaida García Morales le daba un peso que rompía el equilibrio del libro. Así que decidí publicarlo por separado.

(P): Realidad y ficción se unen en este libro que parte de un supuesto hecho acaecido días antes de la muerte de la autora pacense, ¿no te da miedo que tu libro se tome como una biografía abreviada suya?

Te diría que el libro ni siquiera trata sobre Adelaida García Morales, sino sobre una realizadora y una concejala para las que la escritora funciona como un espejo de sus conflictos, y sobre la que se ofrecen, explícitamente, conjeturas. Para más inri, el libro avisa, tanto en el texto de contracubierta como en su interior, de que es una ficción. Y por si eso no fuera suficiente, la narración rompe el registro realista y los narradores evidencian ser poco fiables.

9788439732037(P): Tu libro emplea el recurso de un grupo de personas que se unen e intentan desentrañar quién se esconde detrás de Adelaida García Morales, esa escritora exitosa y olvidada muy pronto. El cine se encuentra dentro de tu libro, que no deja de ser más que una búsqueda. ¿Qué te has encontrado en el período de documentación?

Encontré lo que se lista en el libro, en los créditos finales. Todo procede de internet, y salvo que lo hayan retirado, ahí sigue estando. Lo que me llamó la atención de ese material, en su mayoría periodístico, es que conforma una ficción más. Es difícil, de entre todos esos artículos y testimonios, arrancar más datos que el de la propia leyenda sobre Adelaida García Morales: una persona tímida, de difícil trato, que gustaba de aislarse… De hecho, las referencias se incluyen en el libro para señalar el carácter ficticio incluso de los materiales procedentes de la no ficción. Las identidades son máscaras, y con internet eso se vuelve claro como el agua. No sólo los medios construyen la identidad de los famosos, sino que cualquiera proyecta una ficción de sí mismo en Facebook, Twitter…

(P): Hay muchos casos de escritores/as que vivieron un éxito rápido y que se cayeron al instante en picado, ¿olvidamos entonces tan rápido?

Olvidar es en parte muy sano; sería imposible personal, cultural e históricamente guardar todo lo que hemos sido. Nos ahogaríamos con tanto pasado. Otra cosa distinta es el criterio de selección de lo que queda y lo que se olvida, y ahí sí podríamos entrar a valorar.

(P): ¿Qué aporta la literatura de Adelaida en nuestros días?

El Sur seguido de Bene y El silencio de las sirenas, que son las dos obras que, a mi entender, merecen ser destacadas, nos hablan de la perversión del amor, del peligro de creer que se está separado y se es distinto de los demás, del sufrimiento como consecuencia de los afanes de distinción del ego, de la excesiva sacralización del dolor, del desamparo, de la irrealidad, de la negación.

(P): El otro día acudí a la biblioteca en busca de obras de Adelaida y el bibliotecario me comentaba que no me deprimiese con la autora que, aunque era buena, era un poco deprimente, ¿has logrado desentrañar cómo era realmente?

Nunca ha sido esa mi intención. En realidad, pienso que las identidades son difusas y difícilmente atrapables, y lo que en todo caso me interesa es su mecanismo. Cómo se construyen y se destruyen.

(P): Si tuvieses que elegir tu libro favorito de Adelaida, ¿cuál sería?

Me quedaría con El silencio de las sirenas.

Adelaida García Morales aparece en el último libro de Elvira Navarro
Adelaida García Morales aparece en el último libro de Elvira Navarro

(P): El libro está destapando una gran polémica, sobre todo porque la ‘acusan’ de apropiarse del nombre de una autora para crear una historia sobre su vida totalmente inventada. Me refiero sobre todo a un artículo escrito por el ex marido de Adelaida, Víctor Erice, en El País… ¿cómo le están afectando estos comentarios?

La literatura siempre ha hecho eso, así que la impugnación podría empezar con Platón, que ficciona a su maestro Sócrates. Le podríamos afear a Hermann Broch que haga hablar a Virgilio, o a Thomas de Quincey que se inventara los últimos días de Kant. Para quien conoce la tradición y acepta el juego de la ficción, no debería haber aquí ningún problema, y quizás el debate, en los términos en que lo formulas, debería haber apuntado a  cuestiones más generales, como la de la naturaleza de la ficción o el desconocimiento de la tradición.

(P): El debate está ahí, aunque quiero destacar que para mí el libro es ante todo un homenaje a la figura de Adelaida García Morales, para que más personas la conozcan y se saque del olvido en el que está inmersa, ¿era este tu objetivo primigenio?

Cuando Adelaida García Morales muere, me entero mediante un tuit que me lleva a un periódico local. En ese momento, me enfada que ningún periódico nacional se haga eco de la noticia de su muerte. Luego salieron necrológicas; sin embargo, mi impresión de injusticia permaneció, pues todo fue muy discreto y yo consideraba, y sigo considerando, que García Morales había tenido cierto peso, aunque fuera sólo en la educación literaria de un par de generaciones. Esta molestia mía forma parte de una incomodidad más general, que me asalta de cuando en cuando, y que tiene que ver con el desamor de este país hacia su propia tradición. El caso es que, al enterarme de la anécdota acontecida poco antes de su fallecimiento, ya había en mí un poso de enfado. Supongo que ambas cosas, la anécdota y mi cabreo, provocaron un impulso de escritura, y sí, el libro es, entre otras cosas, un homenaje nacido de un sentimiento de injusticia.

(P): ¿Qué supone haber escrito este libro en el que se supera la diferencia entre realidad y ficción en tu trayectoria?

En realidad es que a mí no me parece que haya una frontera tan rígida entre realidad y ficción, y me remito a lo de las identidades que te he mencionado antes. La realidad no deja de ser una convención consensuada. No existe una percepción pura, sino mediatizada por creencias y condicionamientos culturales, así que podría decirse que inventamos lo que vemos, pues los hechos no llegan puros a nuestra percepción. Cuando esto se torna relato, que es lo que ocurre todo el tiempo mediante el habla, la escritura, las imágenes, pues imagínate la transformación que tenemos ahí.

(P): Desde que escribiste La trabajadora, la crítica te ha incluido en listas de los mejores escritores/as jóvenes, ¿no es demasiada responsabilidad?

Para mí, mi responsabilidad empieza y termina con los textos, con estar atenta a lo que exigen, con hacerlo lo mejor posible. Estar pendiente de satisfacer expectativas ajenas me llevaría a dejar de escribir, que es una actividad que tiene bastante que ver con la libertad y con pasárselo bien. Como leer.

(P): ¿En qué proyectos andas sumergida en la actualidad?

Estoy corrigiendo un libro de cuentos del que te hablé al principio.