Caen las hojas en Jerusalén…

Amo las palabras, y amo más cuando éstas sirven para expresar sentimientos humanos, y aún mejor si tras las descripciones de ambientes y ciudades están las sensaciones que nos preocupan como personas. Amos Oz construye en Mi querido Mijael (1968) la tristeza de Jerusalén, que inevitablemente contagia a los personajes que en ella habitan. Esta ciudad, considerada el punto clave de tres religiones (Islam, judaísmo y cristianismo), tiene en sus piedras y muros muchos sufrimientos humanos. Las guerras por su poder se han llevado miles de vidas e ilusiones, y la intolerancia ha hecho mella de un bello terreno.

El ambiente de Jerusalén influye en los personales de Mi querido Mijael
El ambiente de Jerusalén influye en los personales de Mi querido Mijael

Baste decir que Amos Oz escribe literatura grande, reflexiva y con palabras que encajan a la perfección. El punto de vista femenino de la novela aporta mayor credibilidad a un escritor que se atreve a ponerse del lado del sexo opuesto y de sus emociones. Jana es la narradora de esta novela que muchos han identificado como la Madame Bovary israelí ya que plantea muchas oposiciones para el tiempo en el que fue escrita. Esta chica narra desde la madurez su primer enamoramiento de Mijael, su boda, el descubrimiento del sexo, la oposición a los ideales preconcebidos por las autoridades paternas, y la sensación de sentirse hombre en un cuerpo femenino. Pero la historia principal es la pérdida de la ilusión en el matrimonio, poniéndose énfasis en que los deseos de Jana choca con la rutina de su vida real.

Jana relata sus sensaciones, la evolución de un mundo que fluye hacia el desencanto y también  los más y los menos de la guerra árabe-israelí en la década de los años 50, que hace de Jerusalén una ciudad degradada y embrujada. Y en este ambiente, con las preocupaciones israelís de fondo, la vida de Jana y Mijael fluye triste y melancólica por momentos, con esperanza en otros. Mi querido Mijael se escribe desde el corazón, y siempre con la expresión de un ambiente que contagia a las personas y las condena al hastío. Y los días parecen ser iguales, una idea que se repite en toda la historia:

“Caen las hojas en Jerusalén…”, “Otoño en Jerusalén, la lluvia se retrasa…”, “Jerusalén sabe ser una ciudad abstracta: piedras, pino y hierro oxidado”, “Jerusalén no tiene fin…”.

Las personas que tienen la mala suerte de coincidir en este espacio son víctimas de sus circunstancias, aunque los ideales que subyacen en esta novela es que la esperanza siempre es posible. Y por ello se ha de luchar:

“Las hojas no caerán los pájaros no volarán las mujeres no temblarán. He dicho”.

O al final:

“Una suave brisa tocará los pinos. Los horizontes palidecerán poco a poco. Y sobre los grandes espacios caerá una fría calma”.

Amos Oz, eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura, es un autor que consigue llegar a lo más hondo de las sensaciones humanas, al sufrimiento y a los ambientes que siempre influyen en los estados de ánimo. Por eso, verifico esa idea tantas veces repetida de que es un escritor de culto, de esos que hacen música con las palabras. Que, por cierto, últimamente encuentro demasiada de esta literatura musical. Y así sea.

Ficha técnica

9788478448982Título: Mi querido Mijael

Autor: Amos Oz

Año de publicación: 1968

Año de edición: 2005

Editorial: Siruela

Número de páginas: 269

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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