Caen las hojas en Jerusalén…

Amo las palabras, y amo más cuando éstas sirven para expresar sentimientos humanos, y aún mejor si tras las descripciones de ambientes y ciudades están las sensaciones que nos preocupan como personas. Amos Oz construye en Mi querido Mijael (1968) la tristeza de Jerusalén, que inevitablemente contagia a los personajes que en ella habitan.

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