Pilar Adón, autora de "Las efímeras"
Pilar Adón, autora de “Las efímeras”

Pilar Adón es una de esas escritoras de las que se habla en el panorama literario español actual, por ser una de esas nuevas voces que nos hacen ver que el futuro de nuestras letras es potente, y firme. Alejada de esos libros de “fácil masticar”, como ella reconoce en esta entrevista. Esta madrileña, nacida en 1971, se licenció en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en Derecho Medioambiental, pero actualmente desempeña su trabajo como traductora de obras en inglés y en el sector editorial, además de ser una brillante narradora, tal y como pude comprobar con su última novela, Las efímeras, que fue escrita en diez años, con sosiego y calma, factores que defiende Adón. Además, es autora de los libros de relatos El mes más cruel y Viajes inocentes, de las novelas Las hijas de Sara y El hombre de espaldas, y de los poemarios Mente animal y La hija del cazador. En la actualidad, está dando sus primeros pasos otra vez, y prepara su siguiente poemario, y sus notas para una futura novela.

Pregunta (P): A día de hoy tienes publicados dos libros de relatos, dos poemarios y tres novelas, además de muchas colaboraciones, ¿qué género te resulta más cómodo?

Son todos complementarios. Cada uno obedece a un impulso y a un momento. Y a una necesidad. Cuando paso tiempo sin escribir noto que me falta algo. Me pongo nerviosa. Y sólo se me pasa escribiendo. Todo va a confluir en la admiración por la palabra escrita. Todo forma parte de la misma idea.

(P): ¿Nos puedes contar qué supuso para ti haber entrado en el panorama literario, y tus principales logros en este sentido?

Me dio la posibilidad de poder seguir escribiendo. Con plena libertad. De lo que quisiera. Considero que ese es mi principal logro. Poder optar por unos ambientes, unos hechos, unos personajes y sus razonamientos. Esa libertad creadora me ha acompañado siempre y, dado que no vivo de mis derechos de autora, supongo que podré mantener esta opción durante años. Esa vinculación con la palabra escrita se mantiene y crece. Me gusta la acción de escribir de manera ideal y también real, me gusta tener libros a mi alrededor y soy perfectamente capaz de renunciar a muchas cosas por seguir escribiendo. Además, me gusta el libro como objeto. En una librería me sucede lo mismo que a Holly Golightly en Tiffany’s: tengo la impresión de que nada malo puede ocurrir en ese espacio de calma y orden.

(P): En tu biografía profesional dice que trabajas como traductora del inglés, ¿qué diferencias encuentras a la hora de transcribir obras al español, y cuál fue la que más te ha gustado?

El primer libro que traduje fue una novela breve de Henry James, y el desafío resultó inmenso. Empezar con James me hizo sentir, una vez finalizada la labor, que a partir de ese instante podría enfrentarme a prácticamente cualquier texto. También tuve la impresión de que James sonaba perfectamente en castellano gracias a la excelente labor de sus traductores. Algo que sigo pensando de otros muchos libros y escritores. Cuando un traductor hace un buen trabajo, puede “engrandecer” el texto gracias a la belleza de su prosa. Sin cometer excesos, sin ir jamás más allá de lo que pretendía el autor original. Si una obra en inglés es hermosa, también ha de serlo en castellano o en cualquier otra lengua de destino, y esa es una labor que compete al traductor. Ahora puedo elegir las obras que traduzco y siempre opto por autores con los que comulgo literariamente y que creo que tienen que ser traducidos al castellano. En cuanto a con qué autor me quedaría, creo que con Penelope Fitzgerald, que también supone siempre un reto ya que su manera de narrar es de una sencillez formal que no se corresponde con la inmensa profundidad de sus intenciones. Cada frase es demoledora por todos los significados subyacentes, y trasladar esa intensidad y esa impresionante penetración a otra lengua es una tarea delicada pero maravillosa.

(P): Las efímeras es un libro en el que la naturaleza es un personaje más, la que muestra su lado más descarnado, ¿eres de las que piensan entonces que la creencia en un entorno bucólico es una utopía?

La naturaleza puede actuar como una metáfora, quizá, de lo que llevamos dentro, a lo que no podemos renunciar, y a lo que tendemos. Algo que es a la vez calmado pero implacable, con reglas que no dominamos y que más bien nos dominan, nos ponen en contacto con lo que somos, con lo inevitable, con la muerte y el nacimiento. Por otra parte, atribuir características humanas a la naturaleza es bastante común pero no tiene sentido. La naturaleza no es inclemente ni bondadosa ni está ahí para que nosotros nos deleitemos en ella ni para aterrorizarnos. No nos tiene en cuenta.

(P): Todo el proceso de escritura de este libro ha supuesto una década, ¿es real que exista la inspiración, o la escritura es un proceso mucho más sosegado y trabajado?

Hace pocos días leí que Cynthia Ozick afirmaba que las musas existen y que ella las conoce bien: se esconden por la habitación, debajo de la cama, golpean nuestra puerta sin cesar y no se callan hasta que les prestamos atención. Todos sabemos a qué se refiere Ozick al hablar así. Es imposible no sentarse a escribir o a anotar una frase, una idea, cuando llegan esas llamadas.  Esa “revelación” es el momento mágico por excelencia. Cuando de repente todo parece casar, y las piezas que antes se mostraban dispersas pasan a ocupar su lugar. A partir de ahí, todo lo demás es trabajo. En el caso de Las efímeras, casi doce años de trabajo.

(P): Las descripciones de la naturaleza son muy cuidadas, ¿influye en esto quizá tu especialización en Derecho Medioambiental?

La conclusión inevitable viene a ser la de que todos terminamos entregándonos a lo que nos gusta. A mí me ha atraído siempre todo lo que tiene que ver con la naturaleza y su protección. En mi carrera, lo que más se acercaba era el Derecho Natural y la Filosofía del Derecho, las asignaturas menos “prácticas”, y finalmente he terminado hablando de la naturaleza de manera recurrente en todo lo que escribo. Con cuidado y meticulosidad. Tanto en mis novelas como en mis cuentos y poemas. Por otra parte, la naturaleza me parece el reducto universal al que huir. El bosque, el lago, el mar, la cueva, el acantilado… Es lo que queda como última opción cuando la civilización no nos funciona. Siempre tenemos la sensación de que “queda la naturaleza”, y los personajes de Las efímeras viven directamente en ella. Son parte de ella.

(P): El ser humano explicado en sus características más oscuras, la soledad, las relaciones de dependencia, la obsesión… ¿es todo ello una alegoría del mundo actual?

Si hay alguna alegoría, no es intencionada. A posteriori, una vez terminada una historia, pueden encontrarse múltiples significados, un símbolo en cada línea, pero no es en esa interpretación futura en lo que estoy pensando mientras escribo. Me gustan los espacios cerrados que, de repente, se abren inmensamente dejando al personaje lleno de estupor ante la infinita cantidad de oportunidades que se dibujan frente a sus ojos. Me interesa que los personajes bajen y suban. Y la dependencia a la que te refieres viene del deseo de esos personajes de no querer actuar para cambiar nada. Se anclan a otro personaje, como lo haría cualquier parásito, y ahí se sienten seguros, en ese otro organismo del que pasan a depender. Naturalmente, esta sumisión trae sus consecuencias, porque el organismo del que se depende puede aprovecharse de su situación de poder.

(P): La soledad es a veces un estado difícil de conseguir en nuestros días, aunque en tu novela es vista como buena y como mala a partes iguales, ¿cuál es el término medio?

La comunidad en la que viven los personajes de Las efímeras es la envoltura que los une y que a la vez propicia su peculiar infierno. Todos se hallan encerrados en un lugar que, aparentemente, les protege de los peligros externos pero que lo que hace en realidad es abocarlos a la convivencia interior, mucho más peligrosa aún.Casi todos se sienten incómodos. Están insatisfechos porque anhelan una perfección que saben inalcanzable, casi de corte místico. Un tipo de soledad y de calma ideal que no existe en sus mundos y que, de existir, tampoco les agradaría porque llevaría aparejada una renuncia a ciertos privilegios de los que no están dispuestos a deshacerse. Por eso la insatisfacción es su estigma, y lo será siempre.

(P): La crítica te destaca como una escritora con talento y que ha recibido ya bastantes premios, como “Nuevo talento FNAC”, ¿qué suponen para ti estos premios y reconocimientos?

Mi idea de la literatura es bastante sencilla: consiste en sentarme durante horas a leer o a escribir. El ejercicio de la escritura en sí mismo es lo que de verdad me atrae. Y los premios llegan después (o no llegan) y agradan porque vienen a reconocer que lo que se está haciendo coincide con el gusto de otros.

 

(P): Muchas incógnitas quedan tras la lectura de Las efímeras, ¿describirías la buena literatura como una continua búsqueda de sentido?

Lo que más me atrae de un libro (y hablo también como lectora) es la ambientación. Generalmente me interesan poco las novelas de “acontecimientos externos”. Me interesan los relatos en los que el autor o la autora es capaz de mostrar un estado de ánimo completo que va a determinar la vida del personaje. Ese estado de ánimo es lo que me importa y creo que es lo que perdura con el tiempo en la memoria del lector. En el último de los relatos de Jean Rhys incluidos en Los tigres son más hermosos hay una frase que dice: “El miedo es amarillo. Tú eres amarillo”. La autora no está pensando en ningún lector cuando escribe algo así. Escribe lo que desea escribir y luego cada lector interpretará lo que quiera. Nadie puede pasar por una frase así sin detenerse en ella. No es necesario describir nada más. La autora no le mastica la comida al lector. Yo odio como lectora que me “mastiquen la comida” en un libro. Y, por lo tanto, como escritora, procuro no hacerlo.

(P): También se dice por los círculos literarios que gracias a escritoras como tú, la literatura española joven se revive, ¿a qué otros escritores y escritoras ‘culpas’ de este nuevo auge de la literatura española contemporánea?

Hay varios autores a los que considero compañeros de viaje, aunque tengamos voces distintas, algo que me resulta interesante ya que de lo que se trata es de tener algo propio que decir. Cada uno de los autores que te voy a mencionar sin afán exhaustivo plantea su realidad de una manera diferente: Elena Medel, Marta Sanz, Carlos Pardo, Silvia Terrón, Sara Mesa, Jon Bilbao, Elvira Navarro, Eloy Tizón, Óscar Esquivias… Cada uno de nosotros bebe de sus propias fuentes, de su propia biografía y de sus propias lecturas.

(P): ¿Romántica del papel o de las nuevas tecnologías?

Solamente leo libros en papel. Hace un tiempo utilizaba el libro electrónico de vez en cuando para trabajar, pero ahora ni eso. El libro en papel es un invento perfecto. Se puede subrayar, anotar, prestar, disfrutar, dura años y no necesita recargarse. No podríamos llevarnos un ebook a una isla desierta. Me gusta comprar libros, descubrir nuevos títulos y buscarlos en las librerías.

(P): ¿Embarcada en algún proyecto literario nuevo que nos puedas adelantar?

Estoy escribiendo poesía y anotando todo lo que se me ocurre para una nueva novela. Dando los primeros pasos otra vez.