Víctor del Árbol es el Premio Nadal 2016
Víctor del Árbol es el Premio Nadal 2016

Víctor del Árbol es el nuevo Premio Nadal 2016 por la novela La víspera de casi todo. Pero ya hace unos años que su nombre viene sonando a éxito desde los principales blogs y revistas literarias. Este barcelonés nace en 1968, y durante diez años de su vida trabaja como policía de la Generalitat, trabajo que dejó en 2012 pero que le sirvió para ver lo mejor y lo peor del ser humano. Su éxito en la literatura se debe sobre todo a sus dos últimas novelas, Respirar por la herida, publicada en 2013, y Un millón de gotas, en 2014.  Con ellas se ha convertido en un referente, aunque sus novelas caminan entre varios géneros (histórica, negra, contemporánea). En su literatura, Del Árbol explora sobre temas como la culpa, la venganza, el pasado y su relación con el presente, y sus personajes tienen tonos grisáceos, no son malos ni buenos a secas.

El pasado 9 de febrero salió a la luz La víspera de casi todo, y en medio de tantas y tantas presentaciones, el autor nos concedió un poco de su tiempo para esta entrevista, lo cual le agradecemos muchísimo.

Pregunta (P): Me llena de orgullo, y a la vez respecto, entrevistar al Premio Nadal de este 2016, ¿qué supone este premio en tu carrera personal y profesional?

Creo que en la trayectoria vital de cada persona hay algunos momentos, pocos, que son decisivos porque marcan un “antes” y un “después”. Este es uno de ellos para mí. El premio Nadal representa la parte hermosa, un poco mágica, de este camino que emprendí hace años. No me siento un escritor diferente, pero sí me siento feliz, tranquilo. Por mí y por todas las personas que me han acompañado en este viaje.

(P): La venganza, el pasado, la culpa, ¿somos los seres humanos tan malos como pintas en tu novela Un millón de gotas?

9788415098799No creo que Un millón de gotas sea un cuadro sobre la maldad; a mí me gustaría creer que he dibujado un paisaje de grises donde todo tiene una razón de ser. Desde luego que la venganza juega su papel, como lo hace el pasado y la culpa. Todo ello forma parte de nosotros, pero también la lealtad, la resiliencia, la fuerza de los recuerdos. En cualquier caso, en mi opinión, los seres humanos no podemos ser definidos con una única cualidad.

(P): Confesaste en alguna ocasión que decidiste que querías ser escritor cuando ganaste un concurso de redacción con 14 años, ¿qué más te empujó para que dieses el paso a la literatura?

Soy de la opinión de que todos tenemos un talento y de que ese talento, cuando se desarrolla se acaba convirtiendo en una pasión, en una forma de entender la vida. A mí me llegó siendo muy niño la percepción de que imaginando, contando historias, era capaz de ser más yo que de cualquier otro modo. Me gusta seguir creyéndolo.

descarga (1)(P): ¿Qué es lo mejor que te haya dicho nunca los críticos o blogueros?

Una querida amiga, a la que conocí gracias a mis novelas, me dijo una vez que las personas que son grandes lo demuestran en las cosas pequeñas. Procuro no apartarme de ese camino. Como escritor, lo que más me gusta es que se perciba que tengo una voz narrativa muy personal y muy reconocible, capaz de emocionar y de sacudir por dentro a partes iguales.

(P): La memoria es un tema que te obsesiona, ¿acaso construimos los recuerdos según nos conviene?

El pasado es relato, porque ya no es vivencia cuando se transforma en recuerdo. A partir de ese momento necesitamos de las palabras, de la literatura y de la oralidad. En ese discurso necesitamos una coherencia que nos explique cómo hemos llegado al presente. Al elegir las palabras, elegimos lo que contamos y cómo lo hacemos.

(P): La culpa es un leitmotiv que se repite en tus novelas, ¿de qué parte esta creencia en que el ser humano tiene que convivir con sus monstruos personales?

Occidente nace culturalmente del pensamiento judeo cristiano de la moral y de su encuentro con el pensamiento clásico, que es el que construye la ética. La culpa es el resultado del fracaso, y la justificación o inculpación de por qué hemos fracasado. A menudo es una responsabilidad impuesta por los demás, la sociedad, nuestro entorno. Se espera de nosotros algo que no cumplimos y nos culpan de fracasar. De ese modo, al aceptar la culpa que nos imponen otorgamos a la sociedad, a los demás, el poder de juzgarnos, condenarnos o perdonarnos. Pero existe una culpa distinta, la percepción personal del dolor que nos causa la auto traición. Cometemos en nuestra vida errores que solo nosotros podemos asumir individualmente. Solo si nos perdonamos podemos librarnos de ese lastre. Pero el auto perdón es mucho más difícil que la amnistía de los demás.

(P): Escribes a caballo entre la novela negra, policíaca, y la novela histórica. ¿Eres de los que piensa que la buena literatura es la que no se encasilla en ningún género concreto?

Exactamente. Creo que es la literatura la que crea los géneros y no al revés. Cada género es como una percha donde se supone que colgamos un traje determinado, pero en realidad son convencionalismos técnicos que responden a épocas y circunstancias estéticas o de valores determinados. Yo creo que la literatura utiliza los géneros para transgredirlos.

(P): Ha trabajado durante dos décadas en la policía catalana, ¿te ha permitido esta profesión conocer los asuntos más turbios de la existencia y del ser humano?

Y también los mejores. La capacidad de sacrificio que a veces mana de la tristeza, la lealtad, el esfuerzo por salir adelante, la poesía de la realidad que no siempre se escribe en hermosos versos.

descarga(P): ¿Qué nos vamos a encontrar en La víspera de casi todo, además de a una mujer que huye de su pasado?

Que esa misma mujer encuentra un presente. Y a otros personajes que como ella piensan que, igual que en aquel juego infantil del escondite, si me tapo los ojos los demás no me ven. No podemos escapar de lo que somos. Y no tenemos porqué hacerlo. Lo que Paola necesita es dejar de huir y empezar a luchar contra los fantasmas que la persiguen. Vamos a encontrar amor del que duele porque es como un hierro que marca el alma, locura y desesperación, soledad, pero también maravillosas historias de fraternidad, de esperanza, de deseo de continuar viviendo.

(P): ¿La calidad de una obra está reñida con su característica de superventas o best seller?

Ojalá esta novela pudiera avalar esa idea que yo siempre he defendido de que el entretenimiento y la intención literaria no están reñidas. Yo pienso que hace mucho que rompimos ese límite, cuando la literatura popular era considerada mero consumo y la alta literatura se arrogaba el papel reflexivo y de las grandes cuestiones de la vida. El tiempo y los lectores me darán o me quitarán la razón.

(P): ¿Cuáles son tus referentes culturales, esos que hacen que tu visión del mundo y del ser humano sea tan oscura?

Hemos pasado hace mucho tiempo la página del Modernismo, aquella idea del positivismo que creía que la lógica y la razón, la ciencia, tenía cura y respuesta para todo. Postmodernismo es pesimista porque no cree que el mundo, planteado como problema, tenga solución. El ser humano sin Dios, desesperanzado, camina hacia el nihilismo, entra en el hedonismo y finalmente entra en la era del consumismo feroz. Yo no soy pesimista ni tengo una visión oscura de lo que somos. Creo que inventamos nuevas estrategias, que aunque padecemos la enfermedad mortal no caemos en la resignación, sino que planteamos la vida y el papel del individuo como una lucha entre la predestinación y el libre albedrío. Soy muy camusiano.

(P): Con varios premios a tus espaldas, tanto españoles como internacionales, ¿dirías que los temas que tratas en tus historias son universales?

El dolor es la experiencia íntima que todo ser humano reconoce. El pasado nos liga a nuestras emociones y a nuestros recuerdos por igual. La familia y sus lazos, el desamparo ante el futuro…Somos una extraña mescolanza de colores y sonidos. Pero nunca deberíamos olvidar que somos la misma cosa. Pequeñas partículas buscando sentido a lo que hacen.

(P): ¿Cuál es el mejor de tus libros y por qué?

Esa respuesta no te la puedo dar yo. Técnicamente, narrativamente, globalmente, son diferentes pero beben de mí. Sí te diré que cada vez me acerco más al escritor que me gustaría ser. A la concisión, a la esencia.

(P): ¿Ves el futuro del libro y de la cultura tan negro como el del ser humano?

Veo que la Cultura siempre será el caballo de batalla de las personas que militamos en las libertades individuales y para aquellos que creemos que sin ciudadanos formados y críticos no hay libertad posible. Leer, militar en la cultura, es hoy el ejercicio revolucionario por excelencia. Mientras no se entienda que un escritor o un maestro, un pintor o un músico, un director de cine o un bibliotecario son bienes esenciales para el presente y el futuro, nuestra percepción de la realidad se irá empobreciendo y permitirá alimentar nuevas demagogias, nuevos líderes mesiánicos, y nuestra realidad se hará cada vez más pobre, acaso sin que ni tan siquiera nos percatemos.

(P): Reconoces que debes mucho a las personas, familiares, y blogueros/as que te dieron una oportunidad a ti y a tus historias a ciegas, ¿tuviste que pasar por muchos filtros antes de publicar? ¿Qué le dirías a los autores que están comenzando?

No publiqué mi primera novela hasta los 35 años. Si algo te enseña este oficio (hablamos de lo artesanal) es paciencia y convicción en lo que haces. Yo les diría que no busquen que les publiquen, que les lean, ver su nombre en un libro. Eso llega o no, pero lo que les hará realmente escritores es abrir los ojos, elegir las historias desde el interior, y procurarse una manera de contarlas que les haga auténticos. Y la autenticidad solo emerge cuando la pasión se impone.