Entrevista José Ignacio Carnero: “Para mí escribir es una forma de comprender el mundo y de expresarme; es un acto natural, como andar o beber agua”

Leer es un acto revolucionario e íntimo a la vez. Igual que escribir. Estas ideas las tiene claras el bilbaíno José Ignacio Carnero, abogado de profesión y autor de dos novelas que transitan por los límites entre la ficción y la vida, pues él cree que “siempre habrá una dosis de ficción, porque toda mirada contiene ficción”. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto, Carnero ejerce actualmente como abogado en Barcelona. Hace dos años debutó en la literatura con Ama en la editorial Caballo de Troya, y ahora acaba de publicar Hombres que caminan solos, que saca en Literatura Random House, y en el que juega con múltiples historias, con la ansiedad y la depresión como temas centrales, y un estilo muy emotivo y que transpira sinceridad. Como la vida misma.

Pregunta (P): Lo primero que me viene a la cabeza al leer Hombres que caminan solos es cuánto hay de verdad y de ficción. ¿Te atreves a dilucidar este misterio?

La realidad y la ficción se comunican constantemente. En todo relato, por muy real que sea, hay ficción, es imposible que no la haya, porque la subjetividad desde la que se narra es determinante. Incluso en Ama, que narra la vida de mi madre, existirá una dosis de ficción, porque toda mirada contiene ficción. En esta novela, sin embargo, la dosis es mayor, ya que parto de experiencias personales (muchas, ¿Más de la mitad del libro?), pero también introduzco elementos que nada tienen que ver con lo vivido. Cuantificarlo es imposible…

(P): Defines la autoficción como el género en el que te sientes más cómodo, ¿por qué? ¿no tienes miedo de exponerte demasiado ante las personas que te conocen?

No recuerdo haber dicho eso. He dicho que me encuentro cómodo con la voz que uso, que es la mía. Que de ahí derive un género… no lo sé, lo dudo. Desde esta voz podría escribir una crónica o una ficción pura, así que no creo que de la voz se derive un género de forma automática. Lo que sí es cierto es que, de momento, he usado esta voz para hablar de cuestiones que son identificables con mi intimidad o mi biografía. ¿Si siento pudor? No, porque el lector sabe perfectamente que cuando alguien escribe, por mucho que se quiera ceñir a la realidad, está siempre mintiendo y, como mínimo, está viendo la realidad desde una mirada, su mirada, y la mirada lo es todo. Es decir, que no existe una exposición como tal. Es lo que creo o, al menos, es lo que me digo para librarme del pudor que todos tenemos y que, si se hace muy evidente, acaba por dificultar demasiado la escritura.

(P): La depresión y la ansiedad son dos de los temas sobre los que pivota este libro que llega en tiempos complejos. ¿Por qué decidiste abordarlos? ¿Querías acabar con ciertos tópicos?

Me ocupo de aquello que tengo más cerca, no soy muy imaginativo. Y la depresión y la ansiedad desgraciadamente están demasiado presentes en nuestras vidas y entornos familiares y de amigos. Supongo que quise escribir acerca de ello, porque siendo algo tan común, sin embargo, existe un tabú alrededor suyo. Puede que sea eso lo que me impulsara.

(P): A menudo se escuchan opiniones, a mi modo de ver erróneas, sobre la diferencia entre literatura de mujeres y literatura en general. Así, se suele considerar que los libros que expresan sentimientos son más para mujeres, y en tu caso acabas con esa idea, y te desnudas emocionalmente. ¿Tenías algún objetivo al crear esta historia? ¿Estás de acuerdo con esta diferenciación?

Entiendo lo que se quiere decir, pero me parece más una idea del pasado. Además, los buenos escritores siempre han hablado de emociones. ¿Cómo la literatura las va a obviar? Los buenos libros indagan en la complejidad del ser humano y eliminar de ese análisis la parte emocional resulta imposible. Otra cosa es que la forma de escribir de hombres y mujeres tenga sus diferencias. Eso puede ser, pero ambos no estamos ocupando de lo mismo.

(P): El protagonista de la novela es un hombre que navega entre la tristeza y la soledad, pero también un padre silencioso. ¿Nos podrías definir mejor a este padre y qué papel juega en la historia?

Es un hombre que pertenece a un mundo que ya ha desaparecido, pero al que no está dispuesto a renunciar. Tiene certezas y soluciones que a él le han funcionado, pero que en el presente resultan obsoletas. Al mismo tiempo, es un sabio, porque la idea que tiene del mundo le hace estar en paz: las cosas son así y punto. En contraposición está el hijo, que pertenece a un mundo líquido, sin certezas, un mundo en el que lo único que hace es improvisar. Ambos, a su manera, y con todas las diferencias, están a la deriva: el padre por vivir en un mundo que ya no existe, y el hijo por inaugurar un mundo sobre el que aún no hay reglas definidas. Sólo les mantiene unidos el amor, que no es poca cosa.

(P): La autoficción es un género muy en boga. ¿Conoces otros libros o te has basado en la experiencia de otros autores y autoras para encontrar tu voz?

Creo que a lo que se denomina autoficción, con sus variantes, siempre ha estado en boga. Podríamos llamar autoficción a muchos clásicos. He leído muchas novelas que podrían ser encuadradas en ese género, pero no sé hasta qué punto me han ayudado a encontrar una voz. Seguro que sí, pero creo que en la construcción de una voz influyen muchísimos factores, literarios y, desde luego, extra literarios.

La realidad y la ficción se comunican constantemente. En todo relato, por muy real que sea, hay ficción, es imposible que no la haya, porque la subjetividad desde la que se narra es determinante”.

(P): Tu libro duele y cura a la vez, o así lo he sentido yo, aunque a menudo escucho a muchas personas decir que no quieren acudir a la literatura para pasarlo mal. ¿Qué simboliza para ti?

La literatura le sirve a cada uno de forma diferente, e incluso puede no servir para nada y ser una experiencia increíble. Está bien, de hecho, que en el arte las cosas dejen de ser útiles. Para mí, en particular, escribir es una forma de comprender el mundo y de expresarme; es un acto natural, como andar o beber agua. Por eso, tampoco puedo decir que busque algo; es, sencillamente, que no sé hacer las cosas de otra manera.

(P): Eres abogado y al mismo tiempo escritor, dos profesiones que parecen casi opuestas. ¿Cómo las compatibilizas?

Supongo que como la mayoría de los escritores, porque pocos se pueden dedicar a la escritura plenamente. Saco tiempo de donde puedo: vacaciones, puentes y poco más. Necesito desconectar totalmente y eso me cuesta mucho, porque la abogacía es una profesión muy creativa y la cabeza siempre está pensando en problemas y soluciones, al igual que cuando escribes una novela: en eso se parecen, de forma que acaban por ocupar ambas la misma parte del cerebro. Por eso, llego exhausto a casa y entre semana nunca escribo ni una línea. Hago lo que puedo…

(P): ¿Cuáles son los libros, películas, cuadros que más te han marcado? ¿Podrías decirnos una lista de referentes?

Sin meditar mucho, me vienen a la cabeza Tolstói, Philip Roth, Pessoa, Marsé o Vila-Matas. Mañana podrían ser otros. Y en el cine: Billy Wilder, Berlanga, Sidney Lumet o Wong Kar-Wai. Hombres que caminan solos en sí misma es un cuadro de Hopper.

(P): Esta historia te dejaría exhausto, ¿no es así? ¿Estás inmerso en algún nuevo proyecto del que nos puedas hablar?

Me dejan más exhausto las obligaciones que no tienen que ver con la escritura. La escritura es un disfrute absoluto y rara vez me cansa. ¿Nuevos proyectos? Muy embrionarios aún. Me gustaría, eso sí, alejarme de lo íntimo e ir hacia otras vidas, no sólo aquello que puede ser más identificable conmigo. Pero no lo sé, porque escribo muy intuitivamente, y nunca sé lo que me voy a encontrar en el folio siguiente.

La depresión y la ansiedad desgraciadamente están demasiado presentes en nuestras vidas”.

(P): ¿Cómo ves el panorama de la literatura y la lectura en España?

La literatura, en español, extraordinariamente bien; en España, bien a secas. Algunos de los mejores libros que leído en los últimos años son de escritoras latinoamericanas, que creo que son quienes más están impulsando nuestra literatura en la actualidad. En cuanto a la lectura, en España, tengo la sensación de que la pandemia la ha impulsado (tantas horas en casa…), pero también supongo que seguimos muy por debajo de otros países.

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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