Amalia Lú Posso Figueroa y el “chocó colombiano”

Hace unas semanas leía y disfrutaba de As miñas nanas negras, traducción al gallego de Isaac Xubín desde el original escrito por Amalia Lú Posso Figueroa, una mujer nacida en Quibdó, en el Chocó colombiano. Precisamente de esta realidad nacen estas ‘nanas’ escritas con mecanismos propios de la oralidad y de la recuperación de la historia tradicional como lucha frente al capitalismo y la globalización. Leyéndola recuperamos la emoción que sentíamos con los cuentos infantiles, aunque estos se liberan de su afán moralizante y se impregnan de erotismo. Desde ahí, desde el Chocó, nos envía este texto en el que cuenta cómo surgen estas nanas.

Atesoren las palabras de Amalia Lú Posso Figueroa, imaginen su voz:

De niña en el Chocó, ese pedazo de tierra colombiana que tiene costas sobre el Océano Pacífico y el Mar Caribe, que tiene muchos ríos caudalosos alimentados por una perenne lluvia que se posa además en todos los árboles de la selva, en sus exuberantes flores, en sus exóticas frutas y que refresca por momentos el calor abrasador que lo envuelve, que está poblado en su mayoría por gente negra de sonrisa franca, desbordante ternura, bulliciosa alegría, con una manera peculiar de pronunciar las palabras y de marcar acentos no donde la ortografía lo permite sino donde la palpitación lo ordena. Allí en Quibdó, su capital, mis nanas negras me entretenían, me arrullaban, me asombraban con mágicas e interminables narraciones plenas de sabor, de olor, de cadencia, de candor, de picante frescura.

Todo esto marcando el dom-doróm-dom-dom siguiendo al tambor, compitiéndole a la palpitación, en una palabra entrándole al ritmo, manteniéndolo, eternizándolo, magnificándolo.

Mis nanas negras (solamente 2 de las 26 no son producto de la ficción) me enseñaron a sentir la intensidad de los incontables ritmos que habitan en el cuerpo y me regalaron la capacidad de encontrarlos, de palparlos, de disfrutarlos.

En mis cuentos cada una de las nanas (sus nombres son el resultado de la musicalidad que se logra con sus apellidos y con cada ritmo) recrea un ritmo con capacidad de transmitir vivencias desde un punto de partida ubicado en sus cuerpos, pero que a la vez permite recorrer, gozar cada cuerpo disparando la historia con la intensidad ilimite que brota de todos los poros y que convida a la imaginación recreando las costumbres que con mucho calor, hacían parte de los años cincuenta del siglo pasado en el Chocó.

Yo nací y me crié en el Chocó, oliendo el marañon, comiendo bocachico y empapándome con el aguacero. El papá del papá de mi mamá, mi bisabuelo, vino de Galicia, España. Huía de una de las guerras carlistas, era médico y llega por azar a Lloró, población ribereña con doble orilla entre el Atrato y el Andágueda, ríos del Chocó.

Y el papá del papá de mi papá, mi otro bisabuelo, viene de Italia, huyendo no sé de qué o buscando tal vez la lluvia torrencial y el olor a tierra mojada. Encuentra eso en Quibdó y se queda oyendo al aguacero caer sobre la tierra para mojar la tierra.

Mi familia se hizo en el Chocó, creció y se quedó en el Chocó y formó parte del núcleo social que históricamente contribuyó y se nutrió de la cultura del Chocó.

Por eso en mis cuentos se encuentra el goce por recuperar los valores tradicionales del Chocó a través de la memoria colectiva, por enfatizar la influencia y riqueza de la cultura negra y por reconocer el aporte de la mujer, en especial el de las mujeres negras, sobresaliendo en su papel en el contexto de una sociedad dominada por la minoría blanca,

Escogí el cuento como técnica narrativa porque es un relato corto, sintético y globalizante que describe la vivencia como aventura. Para escribirlos, necesariamente he tenido que dejarme ir por el camino que marca el recuerdo, permitiendo que se desarrollen situaciones oníricas encontradas a través de la nostalgia, difundiendo el significado del vocabulario tradicionalmente usado por la gente negra en el Chocó, exaltando la sensualidad de su cultura, con la utilización permanente del humor, que es procaz y sutil al mismo tiempo.

Pienso que por eso Vean Vé, mis nanas negras atrapó a Xosé Ballesteros e hizo que le propusiera a Isaac Xubín la traducción al gallego; y él, Isaac, apropió la esencia y el erotismo de los relatos. Me maravilla el resultado final de este bello libro que, empezando el 2019, ha puesto en circulación Kalandraka.

 

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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