Gabriela Guerra Rey acaba de publicar "Bahía de sal", una novela con recuerdos a Gabo y a Rulfo
Gabriela Guerra Rey acaba de publicar “Bahía de sal”, una novela con recuerdos a Gabo y a Rulfo

La nostalgia y el recuerdo tras el paso del tiempo alimentan las mejores novelas de la historia. Hace poco, por casualidad, cayó en mis manos Bahía de sal, novela ganadora del Premio Juan Rulfo a Primera Novela en 2016 y escrita por una cubana, heredera de Gabriel García Márquez y Juan Rulfo. Gabriela Guerra Rey habla en ella del destierro de muchas mujeres y de sus descubrimientos pero, sobre todo, recrea un espacio que son muchas aldeas del mundo, en las que atisbamos el Macondo de Gabo. Con estudios en economía y periodismo, ha trabajado como editora y periodista en el México que ahora constituye su tierra de adopción. Tras esta Bahía de Sal, sus memorias acaban de publicarse en Buenos Aires. Nostalgias de la Habana es la realidad aderezada con un poco de magia, y la otra es ficción con tintes verídicos. Juegos literarios tras los que encontramos una voz literaria muy potente.

Pregunta (P): Bahía de Sal es el título de tu primera novela, y nos lleva directamente a cualquier pueblo de América, ¿qué simboliza

Bahía de Sal es, de alguna manera, las aldeas del mundo, ese sitio medio místico y a la vez terrible, a donde su gente se siente ligada y un poco encerrada, que con el fatalismo climático parece más un martirio que una bendición, y del cual de todas formas no pueden y no quieren escapar. Para mí en lo personal simboliza aquello que es tan sagrado que no puedes prescindir de ello, por dura que haya sido o sea su realidad. Es como los grandes amores, en los que dejas todo, aunque te aniquilen.

(P): ¿Qué supuso para ti hacerte con el Premio Juan Rulfo por esta novela en 2016?

Imagínate, eso algo que todavía no asumo con toda la conciencia emocionalmente hablando. En lo práctico el premio fue una puerta, y a la vez muchas puertas. Han sido tantos y tan apresurados los acontecimientos para Bahía de Sal, que todavía no he tenido tiempo de colocarlo en su justa dimensión. En lo personal la novela en sí, más que el premio, me ha colmado de satisfacciones. Tu reseña es una de ellas. A veces me aturde escuchar tantas cosas buenas y lindas sobre este libro, y digo me aturde, en el sentido más legítimo de esa palabra: desconcertada, pasmada.

(P): La protagonista es María de la Sal, una chica que cuenta la abrumadora realidad del pueblo que la vio nacer. Es una novela de ficción, aunque se notan tintes reales, ¿podemos ver a Gabriela Guerra en la historia?

Es inevitable que Gabriela esté en la historia, a veces en María de la Sal, a veces en Julia, otras en cualquiera de las mujeres de esa gran escena. Pero al mismo tiempo hay muchas otras vidas reales allí, en esos personajes, en esos parajes; muchas historias que luego al ser deshilvanadas literariamente se convierten en lo fantástico. Una de mis intenciones era retratar el absurdo que es muy real en nuestros pueblos latinoamericanos, y digo estos porque son los que he vivido a pecho abierto, los que conozco como las uñas de mis manos, que cada vez que intentan crecer, se quiebran para seguir siendo siempre lo mismo, como si el tiempo en ellos pudiera detenerse.

(P): Se nos habla de la idiosincrasia de muchos de los pueblos de América del Sur, ¿cómo definiríamos la esencia de Bahía de Sal?

Bahía de Sal es el realismo absurdo. No lo he inventado yo, existe en nuestros pueblos del mundo: allí la gente vive abatida por los rigores del clima, de un progreso que amenaza con llegar, pero nunca llega, y cuando lo hace es para torcer destinos que ya estaban trazados. Pero aun así la gente se queda, se planta, no sabe ir a otra parte, porque la vida y la muerte a la que pertenecen está allí, por absurda que sea la existencia.

(P): Es una novela en la que escribes sobre muchos temas, como es el caso de la pobreza y de ese fantasma de la emigración obligatoria. ¿Qué pretendías con ello?

Justo: hablar de sucesos comunes, de esos que son los dramas de la humanidad entera, de los fantasmas todos: la miseria, la prostitución, la religión, las enfermedades, el alcoholismo, el hambre, el éxodo, el miedo, la muerte, la lucha por la supervivencia a pesar de todo… Pero también de la vida: los sueños, el futuro prometido, la existencia más allá de tus propias fronteras, la familia, la amistad, el amor…Todo esto nos ocurre a diario a la mayoría de los ciudadanos del mundo. Eso hace que cualquier pueda verse identificado en una Bahía de Sal. ¿No crees?

(P): Hay realismo pero también mucha magia, por lo que es inevitable no acordarse de Gabo o Rulfo, ¿qué simbolizan para ti estos autores?

Gabo y Rulfo tienen, efectivamente, la magia de las letras, la grandeza, la genialidad en común. Los he admirado a ambos y han sido referentes conscientes o inconscientes desde siempre. Pero Gabo construía pueblos fantásticos donde los imanes gigantes podían sacar los clavos de las puertas y las mujeres bellas volaban. Yo podría vivir en un pueblo de esos. Rulfo en cambio construía un mundo extremadamente hostil, crudo, tan real que solo se me ocurre huir de allí si llego a encontrármelo en el camino. Gabo me toca el corazón y Rulfo las entrañas. Eres muy generosa en tu reseña de Bahía de Sal, ojalá pudiera yo hacer algo como lo que ellos han hecho con los lectores del mundo, enamorarnos profundamente de sus letras.

(P): Se habla mucho actualmente de los Nuevos Cronistas de Indias, esos periodistas que están escribiendo grandes reportajes de una forma muy apegada a la literatura. Dado que tú eres periodista, ¿qué opinas de esta concepción?

Soy prohistorias. Cuando estudiaba periodismo leíamos a Truman Capote a Tom Wolfe y lo que él llamaba el periodismo canalla, que su época llamó también el nuevo periodismo. Todos queríamos contar la noticia así. Es una tendencia cíclica, que la propia necesidad de darle aires frescos a la comunicación ha traído de vuelta una y otra vez, desde los originales cronistas de Indias a los nuevos. Los autores sabemos el poder de las historias para conmover, seamos periodistas o novelistas. Gabo era periodista, muchas de sus historias nacen de la profesión de informar. Son las historias las que sensibilizan a la gente por encima del dato frío. Y yo odio los datos fríos, siento que no le dicen casi nada a nadie.

(P): Parece que sucede algo similar en el terreno de la literatura, ¿no crees?

Para los que hacemos ambas cosas no siempre está claro el límite entre el periodismo y la literatura. La frontera es frágil, se rompe a menudo, y eso hace que sea más rico. Hoy el periodismo del dato y la inmediatez lo hace la gente con sus tuits y post, hoy el periodista de profesión tiene una responsabilidad mayor, pero también un camino lleno de senderos, por cada uno hay una historia que contar. Qué rico, ¿no?

(P): Tu protagonista es una mujer fuerte que aprende de su presente y de los hechos pasados. ¿Qué quiere expresar al mundo María de la Sal?

María de la Sal crece, físicamente pero también como persona, como mujer. Su conciencia del mundo va evolucionando. Pasa de aceptar aquella realidad, como el resto, a un día tomar también los derrotes del mar. Pero ella ya ha cambiado, ha estudiado, ha conocido el amor, las artes, ha vivido la miseria. Ella es el referente principal de que solo superando la ignorancia podemos abrir nuevas puertas hacia los sueños. María de la Sal tiene que vivirlo casi todo, por eso ella es el alma de esta historia, y además la cuenta.

(P): En el prólogo, Jorge Ruiz Esparza nos dice que “lo esencial es que estamos ante una mujer protagonista”, puesto que los personajes mas fuertes, evocadores y llenos de vida en esta narración son mujeres. ¿Podemos considerarla entonces como una novela feminista?

Yo no la llamaría una novela feminista sino femenina. Lo que las mujeres de Bahía de Sal enfrentan y hacen es lo mismo que les toca a la mayoría de las mujeres en el mundo. No hay feminismo allí, hay una comprensión de lo femenino, porque yo lo he vivido, y también casi todas las mujeres de mi vida.

(P): Ante todo es una novela de recuerdos, de evocaciones de un pasado que quizás nos amenace con desaparecer. ¿Sirve la literatura entonces para frenar el tiempo que se va, o por lo menos para dejar constancia de que hemos existido?

Sirve, tiene que servir. El arte es lo que nos ha traído la historia hasta el presente. Y dentro del arte, la literatura con una fuerza especial, justo por su forma de expresión, por este contar historias. Macondo sobrevive a Gabo, Comala a Rulfo, como el Quijote a Cervantes o las epopeyas griegas a Homero. Ellos se quedan allí, viven en sus páginas. Cuando hayamos destruido todo, si todavía queda algo de vida inteligente, permanecerán las bibliotecas y sus historias.

(P): Estos recuerdos personales se llevan al extremo en tu reciente libro, que publicas en Sudamérica bajo el título de Nostalgias de la Habana. ¿Qué vamos a encontrar en él y qué diferencias existen con respecto a Bahía de Sal?

Hay historias comunes que inspiraron ambos libros, pero Bahía de Sal es ficción, es un pueblo de la imaginación que puede ser muchos pueblos detrás de un derrotero común: la felicidad, la tierra prometida. Nostalgias de la Habana es la vida, es la historia, la realidad cruda del fin de un milenio y el comienzo de la esperanza. Son memorias, mis memorias.

(P): Hablas también del aislamiento del pueblo. ¿Has sentido alguna vez esta sensación a lo largo de tu vida?

Los isleños de por sí tenemos esta sensación de aislamiento. Justo hace poco en la presentación de Nostalgias de La Habana recordaba un verso de un gran poeta cubano, Virgilio Piñera: “La maldita circunstancia del agua por todas partes”. La isla en peso, se llama el poema. Esto nos define en casi todo. En las Nostalgias… especialmente hablo mucho de ese tema. A ello súmale la vida bajo un régimen de gobierno en el que nunca te sientes dueño de tu destino. Después de haber vivido y visto muchas cosas, incluso la peor hambre, creo que nada importa tanto a los humanos como su libertad.

(P): ¿Cuáles son tus referencias literarias a la hora de escribir?

Esa es una pregunta compleja, porque uno cree estar influenciada por esos autores que más le gustan, o por los que ha leído recientemente, y luego llega alguien y te dice, esto se parece a tal otro autor. Al mismo tiempo muchas cosas en la vida cotidiana me dan ese combustible necesario para escribir: el cine, la música, no son solo escritores. Yo especialmente llevo en el alma a los del Boom Latinoamericano: Cortázar, Gabo, Vargas Llosa, a autores anteriores como Rulfo, Carpentier, Borges. Pero dime, ¿quién puede no tener como referente a Dostoievski o Proust? Hemingway, Whitman, muchos norteamericanos grandes en la novela y el cuento. Llevo siempre en algún espacio sagrado a José Martí.