Chimamanda Ngozi Adichie se define como una autora africana y feminista
Chimamanda Ngozi Adichie se define como una autora africana y feminista

Chimamanda Ngozi Adichie es africana y feminista. Y también lleva tacones y se pone guapa. Y todo esto no es contradictorio, aunque algunos se empeñen en transmitir diariamente que las mujeres feministas son todas unas amargadas y feas, que no se preocupan de su físico. A esta autora la he descubierto con su novela total Americanah, en la que narra la vida de una chica nigeriana en Estados Unidos y los conflictos raciales a los que se tiene que enfrontar a diario. También ha escrito otras dos novelas en las que se demuestra que la experiencia es casi siempre la mejor inspiración posible a la hora de escribir: La flor púrpura y Medio sol amarillo. Pues bien, hace muy poco descubrí sus dos ensayos sobre el feminismo.

En Todos deberíamos ser feministas, cuyo origen se encuentra en una conferencia que la escritora impartió en diciembre de 2012 en TEDxEuston, en un simposio centrado en África. En él nos muestra un singular discurso sobre lo que significa ser feminista en el siglo XXI, partiendo de situaciones injustas a las que se ve sometida una mujer en nuestros días. Aquí encontramos experiencias propias, como esta:

“No hace mucho entré en un vestíbulo de uno de los mejores hoteles de Nigeria y un portero me paró y se puso a hacerme una serie de preguntas bastante molestas: ¿cuál era el nombre y el número de habitación de la persona a la que yo estaba visitando?, ¿Podía demostrar que era clienta del hotel enseñándole mi llave electrónica? Y es que todo el mundo supone automáticamente que una mujer nigeriana que entra sola en un hotel es una trabajadora sexual”.

Pero también hay reflexiones más directas y necesarias, que bien debieran tenerse en cuenta en todos los aspectos de nuestras vidas. Por ejemplo:

“De forma que, en un sentido literal, los hombres dominan el mundo. Eso tenía sentido hace mil años. Por entonces los seres humanos vivían en un mundo en el que el atributo más importante para la supervivencia era la fuerza física ; cuanto más fuerza física tenía una persona, más números tenía para ser líder (…) Hoy en día vivimos en un mundo radicalmente distinto. La persona más cualificada para ser líder ya no es la persona con más fuerza física. Es la más inteligente, la que tiene más conocimientos, la más creativa o la más innovadora. Y para estos atributos no hay hormonas. Una mujer puede ser igual de inteligente, innovadora y creativa que un hombre”.

El siguiente libro, publicado en formato pequeño en nuestro país por Random House, se titula Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo, y en él la autora escribe una carta a su amiga para darle claves sobre cómo educar en igualdad, y huyendo de comportamientos machistas. Es una propuesta muy original, en la que la autora parte de experiencias propias para analizar el futuro e inculcarlo a las nuevas generaciones. Es un libro de continuos aprendizajes, pero sobre todo, te obliga a hacer un ejercicio de retrospección, de ver más allá y pensar sobre tus propias experiencias. Es un manifiesto mucho más atrevido que el anterior, en el que se desechan miles de estereotipos y se propone una educación que valore la propia identidad y la cultura. Partiendo de quince sugerencias o consejos, este librito es mucho más personal que el anterior, pero igual de necesario.

De entre todas las sugerencias recogidas, me quedo con las siguientes:

  • “Sé una persona plena. La maternidad es un don maravilloso, pero no te definas únicamente por ella”.
  • “Saber cocinar no es un conocimiento preinstalado en la vagina”
  • “Los juguetes para niños -trenes, coches- suelen ser activos y requieren hacer algo y los juguetes para niñas suelen ser pasivos y en su gran mayoría muñecas”.
  • “El bienestar de una mujer debe basarse en algo más que la benevolencia masculina”
  • “Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones”
  • “Enséñale a rechazar la obligación de gustar”
  • “No creas que criar a una feminista consiste en obligara a rechazar la feminidad. Feminismo y feminidad no se excluyen mutuamente. Es misógino sugerir lo contrario”