Carmen Quinteiro en el Museo de Pontevedra
Carmen Quinteiro en el Museo de Pontevedra

Coincido con Carmen Quinteiro, mi autora adoptada, en un fin de semana diferente, de esos que me llevan a creer en la esperanza, en un cambio que es posible gracias a las personas que día a día trabajan en él. Carmen es profesora de infantil, una profesión que es también una vocación muy intensa, que le sirve a ella para poner los límites a su mundo. Porque está claro que los niños y niñas tienen muchísimo que contarnos y, lejos de lo que se pueda pensar, no son minucias.

En medio de este foro de reflexión sobre la cultura, el arte y la educación, Carmen y yo nos reunimos en los descansos para hablar de lo que nos atañe, concretamente de la relación entre el arte y la poesía, y el buen ensamblaje que de ellos hace en sus poesías, cuentos y microcuentos.

El espacio en el que nos situamos es el Sexto Edificio del Museo de Pontevedra, por el que ella reconoce que pasea a menudo y donde se le ocurren esas letras que forman sus versos y sentimientos. Vemos las salas, ocupadas en estos momentos por una exposición preciosa de Luis Caruncho, en la que observamos la evolución del artista y de sus pinturas a lo largo del tiempo, y ella me cuenta cómo a menudo trae a sus pequeños/as a jugar con el arte. Y, en confianza, ella se suelta y me habla de la interacción del arte y de la poesía, así en general. Y me acuerdo de la presentación que incluyó en la solapa de su primer Caleidoscopio, en la que se definía así: “Y que sigo tapando huecos con lo que me traje de infancia en los bolsillos. Así, a sonrisa y media del suelo, no me busques en ninguna otra parte”. Y ahí la veo, escondida, pero siempre atenta al mundo para atraparlo con sus letras.

La mirada atenta

El fotógrafo Henri Cartier Bresson no perdía el mundo ni por un instante, vivía con un ojo avizor, pendiente de cualquier detalle que le llevase a tomar una buena foto, y de ahí nació su profesión y reconocimiento. De forma pareja funciona Carmen Quinteiro, que siempre observa la vida y cada uno de sus recovecos con una mirada muy atenta, y son esos detalles los que le hacen “disparar” sus letras como si fuese el interruptor de una cámara. ¿Existe entonces un proceso en la forma de ver el mundo?

Ella reconoce que “es un proceso aleatorio, porque no tengo un método, más bien veo un cuadro, una escultura, unos objetos que llevan la historia con ellos. Es una sensación muy rara, como que yo soy testigo de algo y necesito contarlo. La clave es estar atenta. Cualquier acción que ha hecho alguien, a mí me llama”. Es como si todos los elementos de la naturaleza y de lo humano le hablasen y ella los recogiese, como una especie de crónica periodística continua.

“Todo es muy improvisado, soy incapaz de dejar de escribir”.

El arte en sus presentaciones

“Normalmente busco algo a mayores de un poema, el proceso no va en una sola dirección. Creo que si una persona asiste a una presentación acompañando a otra, aunque no le guste la poesía, pero llega y la música le envuelve, para mí ya mereció la pena”. Al fin y al cabo, lo que necesitamos es emocionarnos, sentir”, repite Carmen, “no importa con qué tipo de arte”. En el fondo, es la sensación de que la gente sienta cosas para que sepamos también que estamos vivos.

Los que hemos leído Caleidoscopio y Desde esta orilla, pronto encontramos sinergías entre ambos libros, y es que en los dos la pintura está muy presente. Eso le viene a Carmen por su conciencia de que “el arte es un todo”. Por ello, “si tengo un día malo, busco refugio en un museo o en el mar, y siempre va a haber algo que siempre sea bálsamo. Entonces, siempre me digo que tenemos que aprender a que el arte, en sus distintas formas de transmitirlo, nos va a ayudar”.

La nueva poesía aumenta en las redes

Carmen se inspira en cada detalle de la vida diaria para crear poesía
Carmen se inspira en cada detalle de la vida diaria para crear poesía

Ante la afluencia de la nueva poesía, y de esa interacción entre los versos y la fotografía y la música que se está dando en las redes sociales, Carmen se muestra muy a favor, pues dice que “somos seres incapaces de sentir en una única dirección”. Y continúa explicándome que “todo es un complemento. Y es que, al igual que no nos podríamos alimentar solamente de agua, tampoco el arte se cierra en una sola vertiente. Me alegro de que esté creciendo un movimiento en el que se junten letras y otras disciplinas”.

Hasta ahora eran departamentos estancos, pero algo se está moviendo, y se están produciendo actos diferentes. Y es que en sus libros siempre hay una mezcla de pintura y letras, y en el próximo me revela que seguramente haya algo más.

“La poesía ha estado demasiado encriptada y es muy difícil llegar al público y no te identificas”.

El arte en la infancia

Seguimos en este foro, en el que se debaten conceptos muy interesantes y que deberían estar a la orden del día en la educación desde las primeras edades. Se defiende el juego como concepto de aprendizaje, se aboga por la creación de almas y no de productos tecnológicos y se descartan los métodos repetitivos. Carmen sonríe y se muestra esperanzada, pues ella es de esas profes revolucionarias, valientes, que descartan las fichas como método, y se basa más en el fomento de la creatividad y de dejar que los niños/as exploren sus límites. Ella los valora, porque cada día le enseñan algo nuevo, le hablan, le hacen sentir arte y la remueven por dentro. Y a quién no, después de escucharla hablar. “Yo recupero mi epicentro todos los días en el cole”. Así habla esta autora de sus niños, de esa recuperación de la infancia. En cualquier dibujo, acción, risas, palabras, ella recoge arte y versos en forma de salvación.

El Museo es una parte vital de la inspiración de la autora pontevedresa
El Museo es una parte vital de la inspiración de la autora pontevedresa

Carmen es una mujer sencilla, se nota en cada detalle, en cada palabra que proclama. Y es ante todo emocional. “A mí me han hecho sentir frases infantiles tantas emociones, que me han llevado a ver que no importa quién está detrás”.

Y como boche final pronuncia la que es su máxima día a día:

“No esperes encontrarme curioseando la vida de los demás, trato pasar el tiempo dentro de la mía, tratando de apuntalarla”. Una forma de tratar de encontrar la paz y la seguridad de la vida misma a través de los pequeños detalles que nos rodean. De ver que el arte está en cada uno de los recovecos más inimaginables.

“En la playa

Luciendo sus cuatro años

Y una pequeña tabla.

Ella dice que es surf

Luciendo sus cuatro años

Y dispuesta a bailar sobre las olas,

No entiende de alturas.

De distancias

Ni de miedos.

Aún no.

Aún es pronto

Para haberlo escuchado las veces suficientes.

Dispuesta a bailar sobre las olas

Y a besarle toda la plenitud

A la palabra infancia”.