Vita Martínez Vérez
Vita Martínez Vérez

Siento que esta entrevista no es nada convencional. No podría serlo porque las palabras de Vita Martínez van más allá, buscan un cambio, son poesía. Desde el mismo momento en el que confiesa que su vida se define leyendo mucho (muchísimo), sin ver la televisión y pasando las mejores tardes con su hija Clara en un sofá con el tiempo de lectura compartido, sé que tenemos algo en común. Su forma de entender la vida, y la educación, es desde la palabra, desde la magia que provocan en nosotros/as el poder de expresarnos.  Vita cuenta con una amplia experiencia en el tratamiento de colectivos vulnerables, y es doctora en Sociología por la Universidad de A Coruña, Diplomada en Trabajo Social y Licenciada en Sociología por las Universidades de Santiago de Compostela y Pontificia de Salamanca. Con ella coincidí en un Foro de Educación, en el que ella expuso que la escuela, como motor de aprendizaje, debería de centrarse más en las personas, en sus sueños y sentimientos.

Por eso, por todo lo que me evocan sus palabras, y con el afán de que sigan cambiando el mundo, comparto esta entrevista.

Pregunta (P): ¿Qué es “Somos palabra soñada”?

Somos palabra soñada es una intervención artística centrada en la idea de la alteridad, es decir, del yo que construimos gracias a esos otros que nos habitan. La acción comenzó con una investigación personal acerca del propio nombre, entendido como la proyección de los miedos, los sueños, los deseos, las frustraciones y los anhelos de los padres hacia la hija o hijo que esperan. La primera palabra, la creadora, es la imposición del nombre. Antes, no existía nada, éramos apenas un conjunto de células, pero al decirnos cobramos vida en el otro, empezamos a ser palabra soñada.

Es importante tomar conciencia de que somos historia relacional, narración precisa y que nuestro cuento nos acompaña haciéndonos diferentes. Así, reflexionar y reconstruir nuestra propia biografía no sólo nos acerca a nosotros mismos, sino que también nos permite comprender todo aquello que al diferenciarnos nos iguala, como el hecho de ser nombrado, gestado y acogido.

La escuela, a menudo, iguala, y no tiene en cuenta la historia personal del niño, de la maestra, de la madre, del padre, perdiendo en esa ignorancia la parte subjetiva del conocimiento humano que es, precisamente, la que pro-mueve los diferentes aprendizajes que realizamos.

En este sentido, nos pusimos a investigar nuestra propia historia de vida, cada uno la suya, a partir del nombre como palabra soñada, y las compartimos en una red de palabras tejida en la arena de la playa de Las Lapas (A Coruña).

(P): ¿Cómo involucrar a los alumnos/as en un proyecto así y cómo se lo explicas a la dirección?

Mostrando ante ellos mi propia humanidad, con-mocionandome sin miedo a ser o a parecer frágil, dándome.

Ellos saben que existo como ser humano, conocen mis carencias, mi fragilidad, pero también habitan mi permanencia. Yo pienso que ante un ser humano que se muestra tal y como es sólo podemos con-movernos y es lo que sucede.

Por otra parte, las metáforas las construimos en clase, habitualmente en la playa, las simbolizamos y las representamos para nosotros mismos, no nos importa que haya otros que consideren que, de otra forma, pudieran tener más o menos sentido artístico, plástico, visual, defendemos nuestra propia representación, ya que es importante y plena para nosotros mismos.

Existe un horizonte común de ellos y mío.

Proyecto Somos palabra soñada
Proyecto Somos palabra soñada

Después, si tenemos que documentar las acciones, lo hacemos, de hecho, investigamos sobre ellas, publicamos los resultados en las revistas de educación, y mostramos sin miedo, no la verdad, (que no existe), sino la idea y la metáfora construida. Todas y cada una de estas acciones son importantes para reafirmar el deseo y domesticar el miedo.

La dirección, tanto del Instituto como de la UNED, sabe de la filosofía que apoya cada idea, escucha a los estudiantes, y conoce mi compromiso, por lo que suelen apoyar las propuestas con cariño, aunque no siempre las entiendan.

Por mi parte, procuro cumplir con todos los requisitos formales para no generar dificultades a los centros, sin olvidar que mi prioridad son las personas, sus ideas, sus sueños y sus emociones.

(P): Tus proyectos tienen una clara función de fomento de la creatividad y la imaginación, ¿qué más objetivos persigues con ellos?

Los seres humanos somos en-sueño, imaginación pura. No podemos evitar ser creativos. La creatividad no es para genios, ni para artistas, es parte de nosotros mismos, sino la ahogamos, emerge. Para ello es importante asegurar un clima emocional de seguridad, donde las personas puedan ser libres, libres, hasta de nombre. En este contexto, las ideas surgen y se plasman en metáforas que representamos entre todos, por placer…

No representamos porque tengamos algo que afirmar, sino porque tenemos algo que expresar. Y esa expresión nos llena por entero. No existe objetivo, si lo hubiera, el deseo desaparecería.

Proyecto Somos palabra soñada
Proyecto Somos palabra soñada

(P): Conseguir que la palabra y el sentimiento sean los protagonistas del aprendizaje resulta hoy en día una revolución. Cada día nos anulan más como personas y nos ven más como máquinas. ¿Cómo frenar esa tendencia negativa y abordar el cambio?

Aunque la inteligencia emocional, está integrada (más que nunca) en todas las leyes educativas, en la práctica no se atiende, pertenece al arte de lo inesperado y no de lo programado.

En las escuelas, tanto lo artístico como lo emocional, queda inmerso es el espacio transversal e intangible de los aprendizajes que sólo pueden ser vividos y experienzados. Identificar las caritas tristes, contentas, enfadadas e intermedias, no con-mueve al niño. Elige siempre la opción correcta, pero no sabe cómo gestionar lo que siente.

La expresión y las emociones no se transmiten, se sienten en la piel, a través del encuentro sensible con el cuerpo del otro, y la escuela no sabe o no se atreve a atenderlas.

Para mí la primera arquitectura humana es la sensible. Somos animales que sienten y que además de moverse, se con-mueven. Todos amamos, sufrimos, lloramos, gritamos, nacemos y morimos… pero habitualmente constreñimos las emociones, y potenciamos lo cognitivo, la lógica, porque resulta más cómodo, especialmente en el aula.

Las palabras tienen poder.

Dicen.

Y al decir, las cosas suceden.

El cambio está en uno mismo, es personal e intransferible. Podemos pasar horas hablando de él, pero al ser una actitud exige la implicación de la propia persona.

Sólo hay que atreverse a salir de la zona de confort y experimentar otras formas de sentir, vivir, soñar, impulsar y crear el aula. Posiblemente existan personas que crean que esto es una locura y que carece de sentido, no hay que esforzarse contradecir su opinión, “cada uno, cada uno”, lo único que importa en la vida es ser consecuente .

(P): En la actualidad el arte se tiende a ver como un todo, sin división entre disciplinas, ¿qué aporta el arte a nuestras vidas?

La posibilidad de expresar lo que somos y sentimos, es un medio para generar comunidad, encuentro, no un fin en sí mismo.

Somos folio en blanco y cuerpo de escritura…

(P): ¿Es posible cambiar el mundo a través del arte?

El arte no cambia nada, es un facilitador, ya que los cambios han de experimentarse, vivirse, expresarse…, somos las personas las que, al transformarnos, cambiamos el entorno.

Es importante escapar del arte como producción (sobre todo como producción individual) ya que eso exige un estándar de calidad que es innecesario en el día a día, para centrarnos en la necesidad humana de expresar, de comunicar, de vivir… si decimos, si expresamos, nos permitimos sentir en plenitud y sólo ese sentir es ya un gran cambio.

El cambio en la educación debe fomentar más los sentimientos y sueños de las personas
El cambio en la educación debe fomentar más los sentimientos y sueños de las personas

(P): Tienes una amplia experiencia tanto en talleres formativos como en actividades de todo tipo, que se parecen en tu apuesta por la palabra y el arte. ¿De dónde y cómo surge esta forma de trabajar?

De la vida que me vive por dentro. No pensé nunca en ser profesora, elegí ser trabajadora social, y durante años trabajé en entornos desfavorecidos con personas vulnerables, cuando aprobé las oposiciones de educación, esa parte de mi vida llenó el aula de experiencias. Nadie puede dejar de ser…

(P): ¿Cuáles son los resultados más grandiosos que hayas tenido con algún curso o actividad?

La mirada recíproca de un estudiante. Sus ojos en mis pupilas, mi mirada en su iris… Eso es lo más grande.

(P): Se ha demostrado que la palabra tiene efectos terapéuticos en personas que han sufrido alguna experiencia traumática o triste. ¿Qué lugar ocupan en tu vida las palabras y, por ende, la literatura?

Somos verbo y silencio…

Eso creo, al menos.

Sin palabras no sabría ser.

El lenguaje es la arquitectura humana más sensible ya que nos acerca al otro.

Contemplo.

Escribo versos.

Soy metáfora.

Y represento.

Como todos…

Por lo demás, leo mucho (muchísimo…) no veo la televisión, y la mejor tarde es con mi hija, Clara, compartiendo sofá, siesta y tiempo de lectura. Cada una su libro, mi cuerpo en su abrazo, y el silencio.

A veces, nos miramos, y nos contamos la historia que leemos, o compartimos un verso.

Es la plenitud.

(P): ¿Nos puedes hablar de otras personas que trabajen en el mismo ámbito que tú y con el arte como método básico?

Infinitas…

Tú misma.

Tantas y tantas…

La mayor parte son invisibles, A menudo, te sientes sola y extraña, pero el camino que nos recorre a todos se encarga de encontrarnos.

Hoy por hoy, comparto el trabajo con Dulima Hernández, somos una en dos, tanto en esta orilla del océano como en la otra. Nos gusta “pensar pensamientos” y caminar hasta encontrarlos. Dulima (Montaña, en quechua) es habitante de mi piel infinita…

(P): Una parte de tu experiencia laboral se ha centrado en ámbitos tan complejos como el alzhéimer, el alcohol, la adolescencia, la violencia machista… ¿cómo has abordado cada uno de ellos y qué te han enseñado para llegar a lo que eres hoy en día?

Mis dos abuelas, Matilde y María, padecieron la enfermedad de Alzheimer, mi familia las cuidó.

El cuidado como rol femenino invisible es el hilo que enhebra todo lo humano, cuidar y ser cuidado es un acto universal, sin embargo, no se valora, parece que no existe la misma magia en los verbos curar y cuidar, pero ambos son necesarios, digamos que mi tesis doctoral y la elección de mi profesión fue fruto de toda esa reflexión interior que implosionó.

Como trabajadora social, me tocó vivir una época muy intensa, el boom de los servicios sociales, la creación y puesta en marcha de diferentes servicios y la atención de diferentes necesidades que hasta entonces no estaban reconocidas como problemas sociales. Ese día a día, con su sufrimiento y su alegría, ha tejido mi personalidad y me ha hecho ser yo y no otra distinta.

(P): ¿En qué proyectos estás actualmente inmersa y cuáles son los futuros?

Ahora mismo soy silencio…

Pienso y reflexiono.

Escribo, versos y artículos.

Contemplo, desde el marco de mi ventana el paso de las horas delgadas.

Sueño ideas.

En breve, Dulima Hernández y yo, pondremos en marcha, en Cali, un Congreso Internacional de Educación Artística. Necesitamos fuerzas y aliento para habitar juntas la esperanza.

Proyecto "Somos palabra soñada"
Proyecto “Somos palabra soñada”