Olga Mínguez Pastor escribe teatro
Olga Mínguez Pastor escribe teatro

Hablar de Olga Mínguez Pastor es hablar de teatro comprometido, de historias que dejan poso, que invitan a reflexionar. Con obras como Pasajes a Orán, Solos en la cumbre o Victoria viene a cenar, una vuelve a creer en la fuerza de la dramaturgia, en los diálogos cuidados y profundos, de las palabras que crean literatura.

A Olga Mínguez la conocí por casualidad, cuando un día Ediciones Irreverentes compartió una oferta de un pack formado por tres de sus libros, además de una taza y una bolsita de té de frutos rojos. Resultó, por tanto, una tentación de la que no pude escapar, y gracias a eso descubrí a una autora que viene para quedarse. En esta entrevista, Olga me comentó reflexiones muy interesantes, por ejemplo en lo que atañe al papel del arte en las sociedades y el papel del artista comprometido. Y vosotr@s, ¿creéis que el teatro es útil?

Pregunta (P): En estos tiempos en los que se alerta continuamente de que los españoles no leemos, ¿asusta ser escritora de teatro?

El teatro es, posiblemente, el género menos leído de este país. No sé si es por desconocimiento, o porque en la sociedad está muy arraigada la idea de que el teatro existe únicamente para ser representado. Pero el teatro también se lee, y su lectura nos puede adentrar en mundos dinámicos, apasionantes, donde la primera persona da juego al escritor para mostrarnos el alma de cada personaje en toda su plenitud. Da vértigo escribir teatro, sin duda, pero es un género que me enamora y del que nunca quisiera prescindir.

(P): ¿Qué nos puede aportar el teatro como disciplina artística?

Siempre he defendido que el teatro es un arte vivo. El texto siempre cambia, cada actor, cada director, cada representación, aportan matices que lo harán estar en continuo movimiento. Además, es un arte que se enfrenta al público directamente, cara a cara, provocando muchas veces sensaciones e imágenes que se nos quedan en la retina por mucho tiempo. Estoy convencida de que el teatro es capaz de mover sentimientos y conciencias.

pasajes_oran(P): Escribe en Pasajes a Orán, “que cada cual haga de su arte un arma contra el olvido y la desesperanza”, ¿crees en el papel del arte para cambiar el mundo o ayudar a no olvidar?

Por supuesto. El arte, sea la disciplina que sea, siempre termina por removernos, por golpearnos, por abrirnos los ojos hacia realidades que hemos ignorado (o nos han tratado hacer ignorar). Y es un gran antídoto contra el olvido. Olvidar los errores del pasado nos condena a repetirlos, y las manifestaciones artísticas tienen suficiente poder y perdurabilidad como para ayudarnos en esa tarea de recuerdo que, al final, siempre nos llevará a construir un mundo mejor.

(P): En tus obras también haces referencias muy explícitas a las desigualdades de sexos, ¿cómo ves la literatura? ¿Piensas que hablar de literatura de mujeres es una etiqueta denigrante?

Solo hay que ver las estadísticas. Por desgracia, el porcentaje de escritoras publicadas en España es muy inferior al de los hombres. Y no por falta de ganas o talento. Esto es, a mi entender, un reflejo de la sociedad en la que vivimos, donde las mujeres todavía tenemos que pelear para hacernos un hueco, para ser valoradas sin que nuestro sexo sea una traba. Por ello, entiendo que exista una llamada literatura de mujeres, que no me parece denigrante, para nada. Es un paso lógico, una reivindicación, que espero y deseo, con el tiempo, sea algo totalmente prescindible. Cuando hombres y mujeres nos encontremos en un mismo estadio, sin ningún tipo de discriminación, podremos hablar entonces de que hemos alcanzado la tan ansiada igualdad.

solos en la cumbre(P): Solos en la cumbre es una obra de teatro que habla de la soledad en un mundo en el que los personajes parecen tenerlo todo, ¿es ello un reflejo de nuestra sociedad?

Yo creo que en parte sí. Nos encontramos en un mundo donde se nos valora más por lo que tenemos que por lo que somos. Y a veces nos perdemos entre necesidades que la publicidad, por ejemplo, nos genera y nos impone. Álex y Quiroga, los protagonistas de Solos en la cumbre, son el sueño de muchos niños y adolescentes de hoy día: futbolistas de élite, ricos, guapos, jóvenes y famosos. Pero, en realidad, son dos hombres muy pobres, porque tienen que ocultar su verdadera esencia, a sabiendas de que esa sociedad que los encumbra, no dudará en destruirlos si su verdad llega a salir a luz.

(P): El pasado 2016 ganaste el XI Premio El Espectáculo Teatral de la Editorial Irreverentes por Victoria viene a cenar, ¿te ayudan los premios a seguir creciendo?

Es el primer premio que recibo, y la verdad es que supuso una alegría enorme. Un premio te está diciendo que vas por el buen camino. Los escritores siempre tenemos muchas dudas. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Gustará al lector? Y el premio es ese aliciente que te ayuda a continuar. Agradezco enormemente a Ediciones Irreverentes por este sueño cumplido.

descarga(P): Me han llamado la atención las similitudes que hay entre tu última obra y aquella que escribió el asturiano Fernando Alonso Barahona y que se titula precisamente Tres poemas de mujer. Y es que ambos abordáis unos episodios ficticios sobre la vida de mujeres comprometidas, ¿qué pretendías tú creando este diálogo entre Clara Campoamor y Victoria Kent?

Lo primero de todo, dar a conocer al público las figuras de estas dos grandes mujeres. Me sorprende mucho ver lo desconocidas que son, incluso para muchos historiadores. Clara Campoamor defendió el voto femenino a ultranza, y a ella, a sus discursos, y a que supo estar a la altura, le debemos muchos de los avances en materia femenina de los que hoy día disfrutamos. Victoria Kent, por su parte, aunque a mi humilde juicio se equivocó en el famoso debate posicionándose en contra del voto femenino, realizó una labor inmensa durante la posguerra española. Salvó a miles de niños de la guerra, creó una red de solidaridad femenina desde el exilio, modernizó el sistema carcelario español…Un sinfín de logros que no entiendo cómo hoy día pasan desapercibidos.

(P): Ya sé que un libro propio es como un hijo pero, ¿podrías elegir tu favorito de todo lo que has escrito?

La verdad es que es algo muy difícil, porque todos los libros tienen un poco de mí. Tal vez, uno de los que más sentimientos me hizo volcar, es Lo que el tiempo nunca curó, mi segundo texto teatral publicado. En Pasajes a Orán tuve que documentarme con testimonios de primera mano, de esos que te acaban por estremecer. Por eso, también guardo un gran cariño y respeto a este libro.

(P): ¿Cuáles son tus referentes en el campo de la literatura, el cine, la pintura…?

Soy una persona que lee muchísimo, y siempre trato de sacar algún tipo de enseñanza de todo libro que cae entre mis manos. Siento especial admiración por Oscar Wilde, por Federico García Lorca o por el teatro de Eurípides y de Shakespeare. También me interesan los escritores actuales como Fernando J. López, Juan Carlos Rubio, Miguel Ángel de Rus o Juan García Larrondo. Y muchísimos otros que ando descubriendo día a día, y que tantas sorpresas gratas me proporcionan.

En el resto de artes, soy una persona que se mueve mucho por sensaciones. En pintura, Caravaggio siempre ha conseguido sacar emociones que me pueden llevar a contemplar sus cuadros durante mucho tiempo. En cine, me decanto por el cine de autor, el que realmente tenga algo que decir, por encima de esas superproducciones con guion tipo y final más que esperable. Y en cuanto a la música, me parece un elemento indispensable en mi vida. Siempre que escribo me pongo música de fondo, alguna pieza que puede ir desde la clásica al heavy metal, pasando por los sonidos celta o el rock japonés. Música que me provoque, que haga aflorar en mí esa electricidad necesaria para poder escribir desde el alma.

(P): ¿Estás preparando una nueva obra de teatro o cambiarás de registro en tu próximo proyecto?

Tengo varias ideas para próximas obras de teatro, pero por ahora están aparcadas. Ahora mismo estoy escribiendo mi primera novela, que me está resultando un viaje apasionante. Confío que en los próximos meses estará lista y ojalá pueda ver la luz.

(P): Resulta inevitable preguntarte si tienes alguna oferta para que tus obras pasen del papel a la escena…

A excepción de la última, todas mis obras han sido representadas por la compañía Melpómene Dacria. La primera, El atardecer de cristal, fue puesta en escena por la ESAD de Vigo, en un proyecto que me pareció precioso. Y algunos de los cortos también han sido elegidos por la Asociación de Autores de Teatro para sus lecturas dramatizadas. Además, a lo largo de este año, se seguirá representando Pasajes a Orán. Solo falta que alguien se atreva con Victoria viene a cenar, lo cual sería una auténtica maravilla, porque ver tus textos en escena no tiene precio.