Entrevista Selva Almada: “Me parece importante dar cuenta del nombre de cada mujer maltratada porque si no parece una estadística”

Selva Almada, autora de "Chicas muertas". Fuente: Vale Fiorini
Selva Almada, autora de “Chicas muertas”. Fuente: Vale Fiorini

Selva Almada (Entre Ríos, 1973) ya había publicado algunos libros como El viento que arrasa, Una chica de provincia, Niños, Mal de muñecas, o Ladrilleros, pero fue con Chicas muertas que se atrevió a crear una crónica sobre la desaparición de tres jóvenes argentinas cuyo nombre e historia habían caído en el olvido. Selva nos habla en este libro sobre las raíces del machismo, sobre la problemática mundial de la misoginia y del femicidio. A raíz de este libro sigo su camino en su perfil de Facebook, donde comparte a diario las historias y nombres de chicas y mujeres desaparecidas o muertas a manos de hombres. El objetivo no es otro que alejarlas del olvido en el que caen, convirtiéndose casi siempre en meras estadísticas.

En esta entrevista nos habla de su labor en este terreno y de cómo es necesario implicar a todos los sectores de las sociedades para erradicar esta lacra.

Pregunta (P): “No sabía que una mujer podían matarla por el solo hecho de ser mujer, pero había escuchado historias que, con el tiempo, fui hilvanando. Anécdotas que no habían terminado en la muerte de la mujer, pero sí habían hecho de ella objeto de la misoginia, del abuso, del desprecio”. Duras palabras que se leen en tu libro Chicas muertas, y con la que muestras que la violencia a la mujer se manifiesta más allá de la física, ¿en qué ámbitos se nota la desigualdad?

La sociedad argentina es una sociedad machista aunque a veces pueda dar una imagen distinta a la de otros países latinoamericanos. La violencia, la desigualdad de oportunidades para las mujeres, estuvieron invisibilizadas, naturalizadas durante muchos años, quizá los 200 años que tenemos como país independiente. Pero que no se visibilizaran no quiere decir que no existieran. Lamentablemente las estadísticas de femicidio son de unos pocos años a esta parte, pero cada 30 horas muere una mujer a manos de un varón que ella conoce. Es más que elocuente, porque la mayoría de las veces esa mujer antes de ser asesinada fue probablemente violentada psicológicamente, económicamente, amenazada, golpeada… en muchos de estos casos hubo denuncias previas. Así y todo el final fue el peor: otro femicidio.

(P): Muchas veces al tratar el tema de la violencia a las mujeres se abusa del morbo y el amarillismo, ¿cuál es la fórmula para informar sobre estos hechos?

Es cierto. El periodismo la mayoría de las veces trata estos temas desde un lugar irrespetuoso, en vez de reflexionar y hacer reflexionar a la sociedad saca lo peor de ella, se hace eco de los prejuicios… es moneda corriente que desde los medios mismos se ponga en duda la conducta de la víctima, que se busquen excusas o argumentos que justifiquen el femicidio. Es espantoso. Yo no sé cuál es la fórmula porque no soy periodista, no trabajo en medios de comunicación. Desde mi facebook yo doy cuenta de los femicidios, pero sin replicar fotos ni artículos de diarios: escribo el nombre, la edad de la víctima y del victimario, en qué lugar del país vivían, y la forma en que esa mujer fue asesinada. Me parece importante dar cuenta del nombre de esa mujer porque si no parece que simplemente es un número en una estadística, la muerta cada 30 horas y nada más. Pero esa mujer tiene una historia, tenía una vida, tenía hijos o no, tenía amigos, un trabajo… yo necesito no perder eso de vista: que esa mujer estaba viva y alguien decidió borrarla del mapa.

(P): Los sucesos que presentas en tu libro acontecen en el interior de Buenos Aires, ¿se da la violencia en determinadas edades, sociedades y sectores, o eso no influye?

No, la misoginia es un problema que atraviesa las geografías, las edades, las clases sociales. Yo tomo tres historias que ocurrieron en el interior del país porque esa es la zona que yo trabajo en mis cuentos y novelas, porque nací y crecí allí, pero no porque esto ocurra sólo en las clases medias bajas o en los suburbios.

images(P): Las medidas de apoyo a las mujeres continúan siendo insuficientes, ¿desde dónde tenemos que llevar a cabo esa revolución total de la que se habla?

Creo que el único camino es la reflexión constante, denunciar, no tener miedo, no aislarse… hay que fomentar la solidaridad entre las mujeres. Y por supuesto la educación en la familia, en la escuela, desde que los niños son pequeños… un niño que crece en una casa donde la mujer es ninguneada, maltratada, quizá crezca pensando que así son las cosas, que eso es normal.

(P): Uno de los objetivos de tu labor es el rescate del olvido de las víctimas a manos del machismo, ¿qué más has conseguido en estos años?

Escribí el libro porque sentía que tenía cosas para decir sobre un tema que me ocupa constantemente desde hace muchos años y como una manera de recuperar la memoria de Andrea, Sarita y María Luisa, de sus vidas arrancadas de cuajo por personas que nunca pagaron por sus crímenes. Me parecía que primero las había matado su asesino, que luego había vuelto a matarlas la justicia cuando dejó impunes sus muertes, y volvía a matarlas el olvido. El libro era un intento modesto de que al menos sus historias no se perdieran en el tiempo. Después sí me pasa que algunas profesoras leen el libro en las escuelas con sus alumnos y luego me invitan a charlar… y es muy emocionante lo que sucede, chicos jovencísimos y chicas que empiezan a darse cuenta de que pueden vestirse como quieran y ningún varón tiene por qué decirles nada, por ejemplo. Que se dan cuenta de que si tu novio te obliga a tener relaciones sexuales, eso es una violación aunque sea tu novio y lo quieras mucho.

(P): Tu libro está a caballo entre la literatura y la crónica periodística y ha tenido una gran acogida, tanto que ya se habla de una posible adaptación, ¿qué nos puedes adelantar de eso?

No, por ahora no hay nada firme en ese sentido. Sí con las dos novelas, de las dos se harán películas y una obra de teatro. Pero con Chicas muertas todavía no.

(P): ¿Concibes la literatura como un método con una labor eminentemente social?

No, para nada. No creo en la literatura didáctica, no le pido a la literatura que me enseñe nada ni que venga a revelarme ninguna cosa. No me interesa ese tipo de literatura. Chicas muertas es una no ficción, en ese sentido me sirvió a mí para hablar de una preocupación mía, pero después que le sirva o no a alguien es algo muy particular, algo ya entre el libro y el lector, con lo que yo no tengo nada que ver.

(P): ¿Cuáles fueron tus referentes literarios y periodísticos a la hora de escribir este libro?

Bueno, la cronista más brillante de la Argentina para mí es María Moreno, así que cuando tuve una primera versión del libro, se lo pasé y charlamos sobre algunas zonas del libro, fue muy importante para mí poder tener esa charla porque la admiro muchísimo. Y fui varias veces a releer algunos fragmentos de A sangre fría, de Truman Capote.

(P): ¿Qué estás escribiendo actualmente o qué proyecto nos puedes avanzar?

Estoy escribiendo otro libro de crónicas, esta vez a partir del rodaje de una película, de Zama, de Lucrecia Martel. Y tengo empezada una novela que espero retomar en lo que resta del año.

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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