El periodista Marco Avilés
El periodista Marco Avilés

Marco Avilés es un periodista que visitó día a día a las mujeres del penal de Santa Mónica, en Perú. Todos los sábados se marchaba a hablar con ellas, y allí entendió que la mayoría de ellas tenían una historia detrás y que estaban faltas de hablar. De esas conversaciones, y de una intensa investigación, nació su libro Día de visita, publicado por Libros del KO, en el que se desvela como un cronista con oficio, que busca ir más allá de los tópicos que abren los informativos en las televisiones para referirse a este penal. Actualmente trabaja en una ONG, y reporta sobre su vida en unos diarios, se descubre a sí mismo. El periodismo lo lleva en las venas, y en septiembre publica su segundo libro de crónicas, aunque es consciente que vivir de hacer periodismo hoy en día es muy difícil, casi imposible.

Es el único chico de su familia y estuvo rodeado durante su infancia de cuatro hermanas que lo echaban de la habitación cuando querían hablar de sus secretillos. Desde esos tiempos sintió curiosidad por el mundo femenino, y cree que “la mujer es ciudadana a medias” debido a la permanencia de un mundo demasiado androcéntrico.

En esta entrevista nos desvela la situación tan complicada de las mujeres de ese penal de Santa Mónica, y de lo mucho que le aportó esta investigación a su vida y a su oficio.

Pregunta (P): Santa Mónica es el penal de mujeres más conocido de Perú y es el que escoges para tu libro Día de visita. ¿Realmente se puede hacer algo desde el periodismo y la información para mejorar la situación de estas mujeres?

Lo que los periodistas pueden hacer para mejorar la situación de las personas que sufren alguna injusticia, o que necesitan ayuda, es contar sus historias. Tan simple y tan difícil como eso. Es simple porque no hay que inventar nada nuevo. Es difícil porque contar una historia efectiva y conmovedora lo es. Las cárceles son espacios que normalmente tienen bastante atención en los medios de comunicación. Sin embargo, se las aborda desde ángulos aburridos e insípidos que no dicen nada nuevo sobre esos lugares. Si ves los noticieros peruanos o lees los diarios verás que Santa Mónica es ese penal de mujeres que cada 23 de septiembre celebra el día de la primavera con un desfile de modas.

(P): ¿Por qué y cómo surge el tema de la investigación sobre el penal de Santa Mónica?

La idea del libro surge a partir de una conversación con los editores de Santillana, quienes estaban interesados en un libro sobre la cárcel de mujeres. Es muy sabido que ese penal está repleto de mujeres extranjeras arrestadas al intentar sacar cocaína del país, y tiene cierta fama entre los caballeros similar a la de una isla llena de sirenas. Con esa idea general y sin compromiso de por medio visité el penal varias veces para conocer cómo era la vida cotidiana de las reclusas. Esas primeras visitas me proporcionaron la idea final del libro. La cárcel es un lugar donde estar encerrado es solo una de las muchas condenas que allí se viven. Las mujeres están condenadas a no tener sexo (a masturbarse y nada más), suelen perder el contacto con sus hijos o esposos y, además, tienen que convivir en un espacio reducido que las devuelve a un estado territorial casi animal. ¿Cómo hacen doscientas chicas para compartir un solo baño?

(P): ¿Qué fue lo que más te ha impactado en esa investigación y en ese conocimiento de tantas historias de la vida de las mujeres presas?

Quizá me quedé con una certeza. Que aquellas personas, muchas de ellas, se morían de ganas de hablar, de compartir sus historias. Y yo no tenía que esforzarme demasiado en convencerlas de conversar conmigo. Todos, en ciertas circunstancias, somos como ellas. Todos queremos hablar de nosotros mismos.

(P): ¿Sigues investigando sobre Santa Mónica?

Ya no. Pero siempre estoy pendiente de las noticias sobre el penal. Es inevitable. Después de un año yendo cada semana, aquel penal se ha convertido en una especie de presencia familiar, como puede ser la escuela donde estudiaste o el trabajo al que acudiste durante mucho tiempo.

Penal de Santa Mónica, Perú, sobre el que trata "Día de visita"
Penal de Santa Mónica, Perú, sobre el que trata “Día de visita”

(P): Perteneces a esa generación que se ha dado en llamar “nuevos cronistas de Indias” que se caracteriza por recuperar el espíritu del Nuevo Periodismo y del periodismo narrativo, ¿es posible practicarlo en este mundo en el que día a día la inmediatez es el criterio que impone y marca esta profesión?

Se habla demasiado de la inmediatez y de la rapidez que agobia la vida de las personas y de cómo esto pone en riesgo la lectura, la escritura, la literatura. Yo prefiero no conversar demasiado con los fatalistas porque esas charlas suelen desembocar en lugares comunes ficticios. Yo no creo que la velocidad o la prisa del mundo moderno amenacen el oficio. Más bien, estoy seguro de que la amenaza principal es que se ha vuelto muy difícil ganarse la vida escribiendo crónicas y reportajes porque los pagos suelen ser miserables. Yo sufrí durante un tiempo esta dificultad de no poder vender mis historias a precios dignos o de sufrir mucho para cobrar las facturas. Trato de ser realista. Tengo un empleo en una ONG que colabora con los agricultores migrantes, en Estados Unidos, y el periodismo para mí se ha vuelto una especie de pasatiempo: una actividad que me da placer y de ninguna manera es mi fuente principal de ingresos.

(P): A lo largo de tu investigación muchas mujeres te han dejado libretas donde vierten día a día sus sueños, ¿cuál es la que guardas con más sentimiento?

En realidad todas las libretas que me dieron las devolví. De las que alguna vez tuve en mis manos me encantaron los cuadernos de una reclusa mexicana que escribía cartas que nunca enviaba. Les escribía a sus hijos y a su esposo misivas de arrepentimiento. Pero la culpa y la vergüenza la torturaban. Así que en lugar de enviarlas a su destino, sus cartas permanecían en su celda y, a veces, sus compañeras las tomaban prestadas. Luego ellas terminaban enviándoselas a sus familiares como si fueran suyas.

(P): ¿Qué has aprendido de ellas, de esas mujeres que sueñan muchas de ellas con estar guapas a pesar de sus circunstancias?

portada-diadevisita_8d1c4cef-1c90-4214-9bd3-67809971f815Supongo que conocerlas y escribir sobre ellas me enseñó mucho sobre muchas cosas, y en diferentes dimensiones. Como periodista, me entrenó a escuchar y no interrumpir. Porque eso fue lo que hice cada día de visita: escucharlas y quedarme callado. Recuerdo que un día una reclusa y yo estuvimos sentados a una mesa durante ocho horas seguidas, hasta que las celadoras tuvieron que echarme porque ya iban a cerrar el penal. Ni siquiera nos acordamos de almorzar. Ella estaba muy concentrada contándome cómo se había hecho traficante, cómo había intentado matar a su esposo, y cómo gracias a las drogas mantenía a sus dos hijas y les pagaba todos sus gustos. Estaba muy orgullosa y se consideraba una buena mamá.

(P): Describir un mundo realista y femenino, ¿no crees que eso es todo un reto en nuestros días?

Lo es. Sabemos muy poco sobre las mujeres porque aún vivimos inmersos en el dominio del hombre. La visión del macho predomina no solo en la literatura sino en el periodismo de diarios y noticieros. Es difícil librarse de esa mirada. La mujer es invisible, ciudadana a medias.

(P): Mientras leía Día de visita fue inevitable acordarme de otros periodistas que practican o practicaron ese periodismo del que hablábamos: Günter Wallraff, Hunter S. Thompson, Roberto Saviano, Ryszard Kapuscinski… ¿A quién más sigues?

En los últimos años me he convertido en un lector poco disciplinado. Leo veinte libros a la vez y los termino en desorden. Es inevitable, además, leer en inglés a autores en inglés, desde que vivo en los Estados Unidos. Estoy leyendo mucho sobre alimentación: Tracie McMillan, Dana Goodyear, Ted Genoways, Ted Conover, Bill Buford. Memorias: Geoff Dyer, Sumi Kim, Emma Brockes, Mary Karr, Lopate. Y entre los cronistas latinoamericanos, me gustan mucho Caparrós, Villoro, Guerriero, Meneses, Salcedo Ramos, Jaime Bedoya. También la gente de mi generación: Daniel Titinger, Juan Manuel Robles, Gabriela Wiener, Alex Ayala. No soy un gran lector de crónicas como otros colegas que conozco.

(P): Está sonando que Día de visita será adaptado al cine, ¿tienes alguna noticia de su avance?

La película es un proyecto del director Josué Méndez, y sé que está postulando a diversos fondos de financiamiento. Estos proyectos tardan muchos años. Pero creo que pronto habrá noticias bonitas.

(P): Eres de los que defienden que el periodismo o es de investigación, o no es. ¿Puede el periodismo cambiar el mundo, o solo se queda en pequeñas partes de este?

Para cambiar el mundo hacen falta más que periodistas. Los periodistas acaso podrían ser los notarios del cambio. Los que podrían dar fe. Los que podrían hacer crónicas del cambio. El mundo suele transformarse desde la política, desde las calles, desde los foros donde se toman grandes decisiones. El periodismo solo es periodismo. Y eso ya es valioso.

(P): Como periodista, colaborador y editor en diferentes periódicos y revistas, ¿qué formato es mejor para las buenas historias y el buen periodismo?

Me dan igual los formatos. Solo pido que los periodistas sepan narrar, que lo hagan con inteligencia, que usen el diccionario, que sean divertidos, que tengan sentido del humor, que sepan ser irónicos y que lean. Ya sea que hagan tele, radio, crónicas o memes, leer hace la diferencia.

(P): ¿Estás inmerso en algún proyecto literario, periodístico o de cualquier tipo que nos puedas contar?

Por ahora, mi único proyecto en curso son mis diarios personales. Dejé el periodismo, dejé mi país, me casé, conseguí un empleo como cocinero, luego como intérprete, y acá estoy: vivo la vida de un inmigrante y sobre todo escribo en mis diarios. aprendiendo a reportar sobre mí mismo. Es divertido porque es lo que muchos grandes periodistas ven con sospecha. El periodista debe hacerse invisible, dicen. El periodista debe concentrarse en los otros y no en sí mismo. Lo mío no es una forma de desobediencia. Se trata solo de un cambio de género. Pasé del periodismo a la memoria como otros pasan del cuento a la novela.

Y claro, a mitad de año sale mi segundo libro de crónicas.