La autora Elisa Sánchez Prieto firmando ejemplares de "Arena en los ojos"
La autora Elisa Sánchez Prieto firmando ejemplares de “Arena en los ojos”

Elisa Sánchez Prieto es profesora y pertenece a una familia de maestros. Recientemente se acaba de publicar su primera novela, Arena en los ojos, una historia intensa que se erige como un homenaje al oficio de enseñar, aunque es mucho más que eso. El papel de la mujer es predominante, y en ella encontramos referencias a esa intensidad con la que escriben autoras como Elvira Lindo o Almudena Grandes.  Aunque ya trabaja en una segunda novela (Versiones), que profundiza en el gran trabajo que hicieron personas anónimas por llevar la educación a los pueblos y el papel de la Escuela de Vallecas, hace un parón para reflexionar con nosotros sobre el sentido de la literatura, la revolución necesaria de la educación y su forma de sentir y vivir intensamente. Reconoce ella que “no existe una buena historia sin una banda sonora”, y lo corroboramos, y sino comprobadlo en esta entrevista.

Pregunta (P): Tu primera novela trata diversas historias de mujeres, y un hombre, que sienten intensamente y para los que los sentimientos influyen en el discurrir de su vida. ¿De dónde sale esta intensidad?

No lo sé. Creo que es una manera de escribir, de describir, de contar las cosas desde mi óptica. Soy intensa, dicen, y este es mi parto, por lo tanto intenso.

Es la manera que tengo de ver y vivir la vida y es la manera que tengo de mostrarla. No tengo un protagonista, ni una sola historia, son vivencias cooperativas, pero contadas por mí, y se muestran con los cinco sentidos. Aunque por otro lado, la intensidad, a veces, duele, molesta o intimida.

Me encantaría escribir con letras grandes, pequeñas, borrosas, a medias palabras…, en distintos soportes, con distintas texturas, diferentes colores… con música… con olor… con frio… con …. Yo que sé … usar todo lo que abra los sentidos, las sensaciones y los sentimientos. 

(P): ¿Te consideras una persona sentimental, romántica, intensa?

Intensa, ya hemos comentado que sí, romántica, creo que no, aunque certezas tengo pocas o ninguna y sentimental…ufffff, tampoco y también.

(P): ¿Qué simboliza la arena en los ojos?

Todo y nada, en principio es una situación que describo en la mitad del libro y que da título a toda la novela. El título inicial era La mirada lejos porque todas y todos miran lejos de su realidad inmediata, pero no nos terminó de convencer, así que se quedó con Arena en los ojos, que cuando la tienes, percibes la realidad con dificultad y sobre todo con un humor de perros.

(P): Presentas un estilo que parte de espacios comunes y de la oralidad, ¿cuánto hay de realidad y ficción en las historias?

Muchísimo de ficción y de realidad. Sobre todo la realidad se muestra en todo lo referente al magisterio. Vengo de familia de maestras y llevo el magisterio en vena. La única idea preconcebida cuando empecé a escribir Arena en los ojos fue que tenía que ser un homenaje a las maestras. Lo demás fue llegando y encajando.  

(P): En Arena en los ojos se atisba una evolución de la vida de las mujeres maestras que creyeron en el poder de la educación para cambiar el mundo, aun cuando esto parecía una utopía, ¿cómo ves en la actualidad los planes de educación y qué mejoras se han conseguido tras la lucha?

9788416107384Hablar de educación me cuesta muchísimo. No sé por dónde empezar. Ha sido y es mi vida… es como si me dijeras “háblame de tu vida”. La educación para “el mundo” es todo, hay que darlo todo, hay que hacer de todo, es donde se mete todo y a la que se le culpabiliza de todo. Unido, esto, a que es una de las profesiones peor pagadas y de mayor implicación emocional. Lo que realmente le falta a la educación son recursos humanos y materiales y dejarnos de absurdos. Educar es acompañar en el aprendizaje desde la tranquilidad, desde el tener tiempo para preparar las clases, desde el tener apoyos para atender a la individualidad, desde el saber que los niños y niñas pueden aprender de formas muy diferentes y es tu obligación preparar actividades y proyectos diferentes. Educar es comprender que los niños y niñas traen mochilas cargadas de sentimientos, e intereses diferentes.  Educar también es apagar fuegos cotidianos, detectar los ojos de sueño.

Por último creo que la educación necesita una revolución. Y ya.

(P): ¿Tiene la literatura pegada de mujer o es la literatura femenina una etiqueta denigrante?

No sé de géneros, no me gustan las etiquetas. En todo caso hablaría de literatura feminista, esa que pueden escribir hombre y mujeres. Aquella que intenta mostrar la vida con otros códigos, llevamos muchos años escribiendo tanto hombres, como mujeres en masculino. Me interesan mucho más las tripas, que la forma. No me hago pajas mentales con la retórica y menos con la morfosintaxis.

(P): Arena en los ojos es una bonita metáfora de esos tiempos oscuros por los que pasaron nuestros antepasados, de esa represión que está presente, y de los tiempos en que enseñar estaba al alcance de unos valientes, ¿tienen estas circunstancias base en tu realidad, en tu pasado?

Lamentablemente para  todos, y sobre todo para todas las que nacieron antes, las que nacimos en medio y las que habéis nacido después, la educación y la igualdad siguen siendo una lucha diaria. En los años veinte y treinta un grupo de intelectuales punteros (incluidas mujeres) intentaron llevar la cultura y la educación en Misiones Pedagógicas… o en teatrillos como la Barraca, comenzaron a formar parte del gobierno y de instituciones importantes. Todo eso con el golpe de estado franquista fue arrasado y pasaron a primer plano los valores más repugnantes, cargados de desigualdad, machismo y catolicismo. Los cuarenta años de dictadura nos han dejado una terrible herencia, pero ahora llevamos otros tantos de democracia y desgraciadamente ni la educación, ni la igualdad de género, son asuntos prioritarios de ningún gobierno.

(P): “Me contó que el arte es como el amor, que no es cuestión de verlo, sino que hay que hacerlo”, ¿qué significa esta cita incluida en tu novela?

Hacer las cosas, vivirlas, significa no perderte nada. Solamente existe un límite, intentar no herir ni ir por la vida de sobrado o hijo de puta.

(P): El libro rememora mucho la infancia, ¿qué recuerdos tienes de la tuya?

Era profundamente creativa e imaginativa, para lo bueno y para lo malo, y eso no encajaba demasiado bien en el currículum escolar, así que obtenía regulares resultados académicos. Me aburría profundamente en clase. Los fines de semana me los pasaba con los scouts y el verano en Llastres (Asturias). La pesca en las pozas, las bicis, la construcción de aquella cabaña, en aquel “prao” desde donde se veía el infinito,  el primer amor… Momentos en los que nos importaba un cuerno el tiempo de fuera… Todo el día en la calle, en el puerto, en la playa, en los” praos” y si llovía a casa de alguno a jugar al Monopolli.  Y cada uno de esos momentos acompañados de alguna o varias canciones.  No existe una buena historia sin una buena banda sonora.

(P): En el personaje de la cuidadora de las dos primas de la novela, la vieja Maruja, incluyes palabras y expresiones del gallego, ¿a qué se debe el guiño a esta lengua?

Simplemente Maruja es una mujer gallega que viene “a servir” a Madrid habla en galego, porque es su lengua materna, lo mezcla con castellano para que la entiendan. Durante toda la época franquista se consideraban idiomas “paletos” todos los diferentes al castellano. Como se vivieron muchísimas de las personas que tuvieron que salir de sus pueblos o aldeas y buscarse la vida en Madrid, trabajando en el servicio, la construcción o en los  polígonos industriales, la mayoría viviendo en infraviviendas y que trabajaron como cabrones para dar estudios a los hijos/as.

(P): ¿Cuáles son tus referentes culturales: en arte, literatura, cine…?

Depende de la etapa de mi vida y del momento. No tengo referentes inamovibles. Me ocurre con casi todo, descubro un autor o autora de literatura, música, cine, pintura… lo devoro y paso a otra cosa. No tengo principios, puedo pasarlo genial cantando en un karaoke a Pimpinela y ponérseme “piel de gallina” con el Canon en D de Pachelbel.

En literatura con lo último que me he emocionado ha sido con una biografía que escribió un niño de mi clase a su abuelo (acabamos llorando, abrazados el abuelo y yo ante la mirada atónita y a la vez satisfecha del autor de 12 años). Ahora estoy leyendo  un libro de relatos de Djuna Barnes, El vertedero, que me está sorprendiendo muchísimo. Últimamente me gusta Alberto Olmos, Elvira Navarro, Fhilip Clodel , Martín Kohan, Alice Monrou, Michel Houellebecq

En arte ando disfrutando con las pintoras Maruja Mallo y Ángeles Santos y con el escultor  Alberto Sánchez.  En mi nuevo proyecto estoy liada con la Escuela de Vallecas, un movimiento artístico anterior a la guerra.

(P): ¿Cómo fue el proceso de publicación de tu primera novela? ¿Tuviste que soportar muchas negativas?

Realmente todo ha sido un poco atípico. Cogí un año de excedencia (2004) y nació Arena, tal y como, la envíe a diferentes editoriales y no interesó a ninguna. Después me olvidé de ella y me embarqué en uno de los proyectos más importantes de mi vida: la adopción de mi hijo. Años después la desempolvé y se la di a Julián Moreiro (profesor de lengua y literatura, escritor y amigo), él vio en la novela un potencial increíble, a la vez que una necesidad imperiosa de corrección. Me puse en contacto con Laura Gastaldi y juntas trabajamos y la corregimos durante más de un año. Una vez finalizado se la regalamos a diez personas de diferentes perfiles y las críticas, en general, fueron buenísimas. A partir de ahí la movimos por diferentes editoriales y elegimos a Irreverentes e Irreverentes nos eligió a nosotras. Tan felices.

(P): ¿Cómo ves el panorama literario actual y la industria del libro?

Si la educación necesita una revolución, esta industria necesita dos. Es un mundo del que no entiendo demasiado, por eso me da cierto pudor hablar de él, si sé que mi novela se está moviendo mucho por el boca a boca, que está gustando mucho y que se pide, pero que le faltan lugares en las estanterías porque no pertenece a los grandes grupos editoriales.