En mi hábito como lectora, cada día me vuelvo más exigente y es por ello que me impongo la lectura de ciertos clásicos considerados obligados. Esta tarea ardua nunca culmina ya que a medida que leemos más nos queda por leer aún. ¿Qué os voy a contar que no sepáis? Pero se intenta.

Keira Knightley en el papel de Anna Karenina en la versión de 2013  del director Joe Wright
Keira Knightley en el papel de Anna Karenina en la versión de 2013 del director Joe Wright

Recién terminado Anna Karenina (1877) de León Tolstói y de esas más de 1000 páginas, me quedo con muchas ideas de por qué ciertos libros son clásicos que a pesar de que pasen más de 100 años no caducan y continúan teniendo actualidad. Esta obra de uno de los grandes rusos es antes de nada una fábula sobre la búsqueda incesante de la felicidad que todo ser humano persigue. Anna Karenina vive el hastío y el desgaste de una relación y necesita buscar nuevos aires en la figura de Vronski que se convierte en su amante. También Levin, quien se casa muy enamorado de Kitty termina sintiendo cansancio y abatimiento. Y no olvidemos a Dolly y su marido Stepan que pasan por una crisis matrimonial debido a una aventura del marido y que solamente se resuelve por intercesión de Anna Karenina. En un artículo aparecido en El País titulado “El síndrome de Anna Karenina”, se expresa lo que significa la pasión en una relación y cómo la falta de esta lleva a la desesperanza (lo que le aconteció a nuestra protagonista):

“Aunque a muchas personas les gustaría que la pasión durara toda la vida, lo cierto es que la asiduidad, la convivencia y las tareas domésticas acaban por matar ese deseo que se convierte en angustia cuando no puede ser poseído. Nada asesina tanto el deseo como su consumación. La ilusión queda desvelada cuando se descubre que, en efecto, no solo se puede vivir sin el otro, sino, incluso, mejor. Entonces, el amor debe de ser algo más misterioso que la pasión cuando se prefiere permanecer al lado de alguien”.

Esta obra magna relata la historia de tres familias entrecruzadas por lazos de sangre y se convierte en un relato objetivo donde no hay víctimas, ni verdugos, ni culpables ni inocentes, ya que todo tiene un trasfondo y una moral. Al igual que en Crimen y castigo de su compatriota Fiódor Dovstoievski, los monólogos de la mente del personaje son frecuentes, debatiéndose las personas consigo mismas ante las dudas del mundo que los rodea, en lo que el autor aprovecha para criticar la doble moral y el cinismo de la aristocracia de la época.

Anna Karenina es una obra de arte según ya muchos críticos, un libro que contiene abundantes ideas que lo convierten en todo un testigo de esos candentes años por los que pasaba Rusia a finales del siglo XIX. La obsesión por la muerte, el desgaste de las relaciones de pareja, la oposición ciudad-campo (personificado en el personaje de Levin, el cual odia la ciudad), oposición de la sociedad al capitalismo e indicios de un socialismo que culminaría con la Revolución de los bolcheviques, dualismo entre lo que se quiere y lo que se debe hacer, la educación y los derechos de la mujer… Además de ser literatura, es el puntal de la sociedad rusa anterior a la Revolución.

“La sociedad está organizada de tal modo que, cuanto más trabajan, mayor es el beneficio de comerciantes y terratenientes, mientras ellos seguirán siendo siempre bestias de carga. Hay que cambiar este orden de cosas”.

Con un estilo sencillo y realista, Tolstói no deja de expresar su gran influencia de la cultura europea y, más concretamente, de los franceses de quienes emplea numeroso léxico y expresiones que dotan al texto de riqueza y viveza, aunque abarroten en ciertos fragmentos el texto. Además, esa influencia gala aflora también en las similitudes de Anna Karenina con la Madame Bovary (1856) del maestro Gustave Flaubert. Ambas mujeres gozan de un protagonismo vital en el argumento de un libro, función desempeñada mayormente por hombres, y ambas son también prototipos de mujeres que desafiaron el status quo e intentaron buscar su felicidad y el bienestar propio. Son dos libros maestros que explican muy bien la psicología femenina aunque estén escritos por dos varones.

Todos recordaremos el inicio de Anna Karenina como uno de los más conocidos entre los mejores comienzos novelescos: “Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada uno a su modo”.

Ficha técnica

portada-anna-karenina_medTítulo: Anna Karenina

Autor: León Tolstói

Año de edición: 2013

Editorial: Punto de Lectura

Número de páginas: 1040