Leía al acabar el año que el libro Ambiciones y reflexiones de Belén Esteban era uno de los más vendidos de nuestro país. Y me sorprendió, me llama la atención que cuanta más posibilidades existen de acceder a verdaderas obras de arte, parece que más se involuciona. Por asuntos como este entiendo la mala prensa que tienen los “bestsellers” entre los críticos de la cultura. Pero, ¿son los bestsellers negativos?

Existe un error de concepto entre las personas comunes y es que se tiende a identificar que el libro más vendido es siempre el mejor. No siempre es así, aunque otro error grave por parte de los “culturetas” (sin ánimo de ofender a nadie) es aplicar rápidamente la teoría de que todo libro muy comercial es de una calidad pésima. Me parece entonces que llevamos las ideas al extremo y confundimos calidad literaria con mercado.

Bien es cierto que desde que los alemanes Theodor Adorno y Max Horkheimer advertían en los años cuarenta de que todos los productos culturales se estaban tratando con los mismos supuestos que en la industria, la cultura pasó a no tener unos valores claros. El mercado es el que impera y lo único que importa es vender la mayor cantidad posible de libros y de películas elaboradas en serie, como en la cadena de montaje de Ford. El capitalismo es un gigante que nos atrapa con sus garras y no es indiferente a la cultura. Es por eso que el dinero parece que quiere comprar hasta los sueños de la gente. En oposición a este mercado dictador de tendencias, están aquellas obras realmente importantes que tienen una gran calidad estética pero de las que nadie habla porque no tienen el “éxito” esperado. Hollywood y sus películas, las grandes editoriales y el mastodonte de Amazon son los que ahora definen cualquier “cosa” como cultura o no cultura. ¿Acaso es cierta esa idea que nos venden de que todo libro publicado o película emitida es cultura? No, la cultura es un concepto difícilmente definible por la cantidad de complejidades que engloba. Así que, a cada cual lo suyo.

Los bestsellers nacen en la época en que Hollywood triunfa, y desde la contracultura se comienza a entender que todo lo comercialmente exitoso no es cultura. Para empezar, los escritores tienen que vender para vivir de ese oficio, algo que no resulta un camino de rosas.  La característica primordial de estos libros triunfantes es que nacen para entretener, para ofrecer a la gente esa desconexión de los problemas, de ahí que casi siempre cuente más el fondo (contenido) que la forma (estilo y narración). La tiranía del argumento es lo que impera y lo que se valora. En los últimos años en España, y en otros países también, se ha descubierto que las historias de guerra funcionan, al igual que la de situaciones cotidianas y se aprovecha esa contingencia para elaborar más historias que son las mismas con distintos nombres y escasas variantes.  Falta ese misterio y sorpresa ante la lectura de un libro porque todo se presupone ya.

best sellerEsto no pretende ser una crítica a los bestsellers, libros que creo que todo el mundo lee en algún momento de su vida. Confieso que cada vez soy más selectiva con los libros e intento aplicar la máxima de que como no se pueden leer todos los libros del mundo por lo menos saborear los mejores. Aunque claro, siempre me pica la curiosidad por conocer los entresijos de triunfo de un bestseller. ¿Nadie leyó “las cincuenta sombras” por una mera curiosidad? Yo si, y confieso que fue la mayor pérdida te tiempo, pero afortunadamente hay bestsellers y bestsellers.

Siendo la situación de este modo, ¿qué podemos esperar de la aportación de los bestsellers al conjunto de nuestra sociedad y cultura? Primeramente, creo que actúan como un revulsivo y dinamizadores del hábito de la lectura, una costumbre que se pierde entre las nuevas tecnologías. Los expertos advierten de que cada vez se lee menos, y “picamos” informaciones variadas. Una pena.

Soy de las que pienso que si no hubiese leído a Jordi Sierra i Fabra cuando era una adolescente, quizás no leyese como ahora lo hago. Y otra idea, ser comercial no siempre es negativo, sólo hay que darle una oportunidad: la lectura y análisis. En este caso, hay una cita de Juan Benet con la que no estoy de acuerdo y que dice así:

 “La calidad literaria suele ser inversamente proporcional al número de lectores”.

Con esas palabras creo que se denigra a aquellos autores que, teniendo una importante cuota de mercado, contribuyen a engrosar la cultura e historia de los ciudadanos. Autores de la talla de Julia Navarro o María Dueñas tienen obras que nos enseñan. La literatura es importante también para adquirir determinados conocimientos de manera amena, y eso no lo logra cualquiera.

Yo leo libros, otros ven películas, otros invierten su tiempo libre en videojuegos, pero lo que sí está claro es que existen momentos de necesidades distintas. Si un día me siento desbordada, está claro que no me pondría a leer Cien años de soledad por ejemplo, y si otro día estoy más sensible me apetece una novela romántica al estilo Jane Austen.  Hay días en los que me interesa aprender y otros en los que la desmotivación me gana la batalla y me pongo a ver vídeos sin ton ni son. La cultura es parte intrínseca de nuestra existencia y, por ello, depende de ella.  Y es ante todo para el disfrute humano, y creo que no merece la pena distinguir entre bestsellers o no bestsellers sino entre buena literatura o mala, lecturas que nos hacen sentir mejor o peor…

Para terminar dejo una cita de Jorge Luis Borges en torno al tema de los bestsellers:

“En mi época no había best sellers y no podíamos prostituirnos. No había quien comprara nuestra prostitución”.