O lo que es lo mismo: personas que buscan un sentido a su existencia…

Ante los varapalos de la vida, uno puede tener dos opciones: rendirse o intentar poner cara a todo aquello que intenta frenar nuestra felicidad.  Albert Espinosa tiene claro que la vida tiene dolor, pero tras ese dolor, irrefrenable muchas veces, está el archipiélago de sinceridad y felicidad que cada uno se construye. Porque, ¿qué es l a vida sino una constante búsqueda de aquello que llamamos felicidad? Y así, tras el éxito de Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (2011), este año se embarcó en Brújulas que buscan sonrisas perdidas, acogido con el mismo amor ferviente de su público.

Ayudándose de una estructura que llama la atención, los puntos suspensivos, el escritor y guionista catalán, nos va desgranando unos hechos que le suceden a Ekatz, el protagonista. Un personaje que podríamos ser cada uno de nosotros, de las personas de a pie que en algún momento vemos como la vida se desmorona delante de nuestros ojos avizores sin que seamos capaces de cambiar su rumbo. No crea por tanto un personaje héroe, más bien la cotidianeidad es la única heroicidad.

El amor, la enfermedad, y la conjunción de ambos son los temas principales que el director de Pulseras Rojas trata en este corto, aunque completo, libro. Aunque muchos tachen a Espinosa de ser un escritor mediático, lo cierto es que consigue llegar a la gente con una escritura no enrevesada pero tampoco simple. Detrás de cada frase, uno podría montar otra historia, al igual que ocurre con los títulos de cada capítulo: “Inspirar olores de verano para superar los inviernos” o “puños cerrados llenos de sonrisas abiertas” son dos ejemplos de esa creatividad. Si por llegar a muchas personas, alguien es un mal escritor, la lógica pierde su sentido. Al fin y al cabo, debe haber literatura para todos los gustos y personalidades.

Lo que si se esperaba de este libro es quizás un poco más de ordenamiento, ya que en ocasiones peca de ser un poco caótico, las idas y venidas al pasado y al presente hacen que se pierda el hilo de la historia. No es lo mismo un “flashback” en el cine que en la literatura y ahí Espinosa pierde un poco el contexto. Aún así, creo que la idea del escritor era hacernos sentir que ese texto podrían ser los pensamientos del protagonista que fluyen tal “cálamo currente”, como si así saliesen de su mente sin procesar.

Con sus pros y sus contras, si que recomendaría este libro a esas personas que ven como el dolor aflora en sus vidas sin aparente freno. Algún día llegará la calma, y Brújulas que buscan sonrisas perdidas así lo demuestra.  Es como pensar que “Dios aprieta pero no ahoga”.

Aquí dejo una de las citas que me aportó el libro:

“Jamás nos mentiremos. Escúchame bien, eso implica algo más que ser sincero. En este mundo mucha gente es falsa. Las mentiras te rodean, saber que existe un archipiélago de personas que siempre te dirán la verdad vale mucho… Quiero que formes parte de mi archipiélago de sinceridad.”

Busquemos todos nuestro archipiélago de sinceridad.

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