Un libro es una terapia. Y para mí siempre lo es. Puedo estar más o menos triste, anhelar ver o no a alguien, tener hambre o asquear cualquier alimento pero la lectura actúa a modo de calmante de todos los días, y sobre todo aquellos malos. Esta idea aparece en el libro La ridícula idea de no volver a verte de la escritora y periodista Rosa Montero.  Porque todos encontramos en el momento adecuado esas palabras que son capaces de identificarse con nosotros y con nuestro dolor.

Ya al inicio, la escritora madrileña, nos recuerda con bonitas palabras que “los libros nacen de un germen ínfimo, un huevecillo minúsculo, una frase, una imagen, una intuición; y crecen como zigotos, orgánicamente, célula a célula diferenciándose en tejidos y estructuras cada vez más complejas, hasta llegar a convertirse en una criatura completa y a menudo inesperada”. Una idea inesperada que su reciente libro cumple a la perfección. Desde la más absoluta tristeza tras la pérdida de su marido, el también periodista Pablo Lizcano, la autora esboza una perfecta síntesis de la vida de la excelente Marie Curie, con la que se identifica al pasar ambas mujeres por la muerte de sus respectivas parejas. Rosa Montero encuentra en el diario de esta ganadora de dos premios Nobel (el de física y el de química) una solución a su sufrimiento, una manera de ver la vida. Y es por ello que este libro nace a la manera de una confesión interna funcionando como hace muchas veces nuestro cerebro, de manera aparentemente desordenada y fluida a la vez. Con este libro llegamos a conocer a Madema Curie de una forme más personal, más humana, ya que siempre se destaca su parte científica. Marie Curie era una mujer, con sus rarezas, sus sentimientos y también sus tantos problemas y este libro es su homenaje tan merecido.

Imagen

También aprovecha para ofrecernos una visión de la lucha a la que tuvieron que someterse muchas mujeres para llegar a ocupar la misma posición que los hombres. Y eso no fue en vano. Rosa Montero es consciente de que el género femenino se tuvo que olvidar muchas veces de su condición sexual para envolverse con capas masculinas y triunfar. Aunque por el contrario, siempre hubo otras tantas que prefirieron dejarse estar en casa y que otras lucharan por ellas.  Se ve de nuevo identificada con Marie Curie. No fueron nunca buenos tiempos para las mujeres y aunque se lleva conquistado mucho, aún hoy se resienten ciertos derechos.

El libro es ante todo una reflexión al final de una vida, en la que la autora busca un sentido a su existencia y a la del mundo. Y esa búsqueda de un sentido lo hace a raíz de la muerte de su marido. Cualquier momento es válido. “Para vivir tenemos que narrarnos, somos un producto de nuestra imaginación. Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día”. Y llegado un momento, anhelaremos hacernos preguntas, saber qué sentido tienen los hechos vividos, y el porqué de conocer a unas personas y no a otras. El tiempo lo dice todo.

Por eso, a lo largo de toda la vida de la literatura, que no es poca, los escritores se fueron dando cuenta de que a veces un buen libro es el mejor calmante, la mejor manera de llevar una vida con sus idas y venidas. Y Fernando Pessoa decía que “la literatura, como el arte el general, es una demostración de que la vida por sí sola no basta”.

Imagen