madame-bovary-1949-06-gMadame Bovary hace gala a la clasificación de pertenecer al realismo del XIX ya que las         descripciones son minuciosas y detalladas y el lector avanza en esa época y en esos lugares dónde se desarrolla la acción como si fuese el suyo propio. Llega a conocer los escenarios como si él estuviese allí.

La considerada como la “opera magna” del francés Gustave Flaubert redacta las contradicciones de una mujer de esa época, nos adentra en la oposición entre la cotidianeidad y los sueños en los que vive atrapada la protagonista, unos sueños imbuidos por la literatura romántica de la que es adicta. Así, Emma Bovary vivirá casada con Charles pero en su mente tendrá ese amor idealizado característico de los libros y que la llevará a vivir dos aventuras amorosas finalmente fracasadas.

Si algo está claro es que el amor es el sueño por el que todo ser humano espera ser conquistado y Flaubert así lo deja claro en esta obra, la que además está repleta de críticas mordaces contra la Iglesia y eses repuntes del progreso de la medicina y sus problemas. Por esto y mucho más, Madame Bovary nos ofrece un paseo por todos los recovecos de una sociedad que vivió en una época histórica dónde aún existía esa vergüenza y recato por el “qué dirán”.

Una segunda lectura es que Flaubert hace aquí un alegato a favor de los sueños, de la ensoñación a través de mundos idealizados que pueden darse en la vida real además de en los libros. Aunque existan unas rutinas que envuelven toda vida humana, la posibilidad de querer vivir nuevas experiencias está presente también en nosotros, todos queremos sentir la felicidad suprema en todo momento y a nadie le gusta el sabor de la rutina. Madame Bovary vendría a representar a toda persona que tiene deseos de hacer su existencia un poquitín menos rutinaria.

Quizás hace falta recordar que muchos consideran esta novela como el relato de la tragedia personal de Emma Bovary. A mi manera de ver, la tragedia  sólo aparece al final cuando ella se muere, rematando así con todos sus sueños y la esperanza de una vida mejor. El resto del libro transmite el deseo de un tiempo todavía por vivir,  un anhelo de que ella logre vivir la vida real con alguno de esos amantes con los que sólo se llega a ver a escondidas. Con su muerte se produce el derrumbamiento del mundo que ella había creado y hasta puede entreverse la moraleja de que al final los sueños quedan pisados y atropellados por la más que evidente realidad.

Pero lo que no se le puede discutir es que la novela rompe con el papel de encasillamiento al que la mujer de la época estaba sometida, por lo que se da un cambio de visión en la literatura de entonces. Aunque sólo sea en los libros podemos ser libres y hacer cosas que la vida, por querer ser demasiado perfecta o por pegada a sus moldes, no nos permitiría. Y termino mi reflexión  acordándome de Calderón de la Barca que, aún unos siglos antes, había escrito algo que a esta novela le viene que ni pintado:

“¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

Una sombra, una ficción,

Y el mayor bien es pequeño;

Que toda la vida es sueño,

Y los sueños, sueños son.”

No hay que negar que Madame Bovary es una novela muy importante del realismo, pero podemos añadir, aunque esto sea un tópico, que  ante todo es un libro para soñar e imaginar una existencia donde el sufrimiento no exista y sólo haya paz. Quizás por esto, el sueño el siempre utópico.