Entrevista Enrique Llamas: “La brutalidad es algo inherente a la condición animal de ser humano y muchas personas la ejercen sin reparos”

Enrique Llamas se inicia en la novela con Los Caín

Un homenaje a Ana María Matute y a todos los escritores y escritoras de posguerra. De esa admiración hacia una “generación genialmente brillante” nace Los Caín, la primera novela del periodista zamorano Enrique Llamas, que está impactando fuerte en el panorama literario español. A caballo entre la novela negra y la costumbrista, Los Caín reflexiona sobre la brutalidad en el mundo rural y sobre la maldad del ser humano. Héctor Cruz es un profesor que llega al pueblo de Somino para comenzar su experiencia laboral, y ahí descubrirá que ocurren sucesos de lo más extraños.

Pregunta (P): ¿En qué se parece tu novela Los Caín a Los Abel de Ana María Matute y por qué decidiste titularla así?

Titular así la novela es un homenaje a Matute, que fue una de las más grandes voces de la literatura española. Yo soy muy consciente de lo poderoso de su obra, también de Los Abel y pensé que adaptar su título sería una muestra de lo que el lector se iba a encontrar: un lugar aislado donde con frecuencia las malas intenciones son las protagonistas. Además, una de las citas que encabeza el libro es precisamente de Los Abel, así que este título de pronto encajó.

(P): Sitúas la acción en el rural, quizás porque allí se puede ver la cara menos amable de las personas. Pero, ¿de dónde nace el pueblo de Somino?

Somino es un trasunto urbanístico de mi pueblo: La Hiniesta, en Zamora, y de la meseta castellana. Afortunadamente, en La Hiniesta nunca han ocurrido sucesos tan escabrosos, pero necesitaba una geografía en la que me sintiera cómodo. El nombre de Somino lo tomé prestado de una localidad rusa, lo que es otro homenaje a Ana María Matute, que cogía nombres rusos para los lugares de sus novelas. Ella los sacaba de Atlas y yo de Google Maps.

(P): ¿Crees que la brutalidad del pasado que describes sigue presente hoy en día?

Creo que es más fácil percibirla en un lugar rural, porque todo el mundo conoce a todo el mundo y no hay lugar para la fachada, para las máscaras. La brutalidad refinada de los lugares urbanos da más miedo, por lo menos a mí, aunque en un primer momento pueda parecer menos violenta: la ejercemos a través de otros mecanismos que no tienen por qué incluir la fuerza física. La brutalidad, por desgracia, es algo inherente a la condición animal del ser humano y muchas personas la ejercen sin reparos.

(P): ¿Te consta que haya diferentes interpretaciones según las personas lectoras vivan en un ambiente rural o urbano?

Absolutamente. No es lo mismo ver algo con los ojos de quién lo ha vivido a verlo con los ojos de aquel a quien se lo han contado. Pero eso es lo bonito de la literatura, de la ficción en general: que todas las interpretaciones son válidas. Eso mismo es lo que le pasa al protagonista, Héctor Cruz, que no sabe cómo enfrentarse al mundo rural cuando le toca vivirlo. Eso le da una visión diferente a la de aquellos que van a ser sus vecinos.

(P): Tu novela tiene ecos muy evidentes de los narradores/as de posguerra como Ana María Matute, Miguel Delibes, Camilo José Cela o Carmen Martín Gaite. ¿Qué te han enseñado todos ellos?

Fueron una generación genialmente brillante de novelistas. Creo que lo fueron, además de por su formación, porque la censura les obligó a callar. Tuvieron que buscar formas poco evidentes para hablar de los problemas de la sociedad. El problema al que se enfrentaron, que fue la dictadura, agudizó su ingenio.

(P): Aunque al principio parece que estamos delante de un thriller rural, lo cierto es que pronto Los Caín se torna en una trama compleja. ¿Cuál era tu objetivo al escribirla y cómo la están tomando los lectores/as?

Yo quería contar una historia sobre cómo el ser humano es un peligro para su propia especie. El género negro da los hilos y la estructura para hablar de esto y atrapar al lector. Todo se puede conseguir desde otros géneros, por supuesto, pero encontrarme con éste fue algo natural en la escritura. Hay lectores que piensan que es pura novela negra, otros que piensan que no es para nada una novela negra. Yo siempre la he visto como costumbrista debido a las descripciones del paisaje, al habla de los personajes… pero en esa fusión creo que reside la propia personalidad de Los Caín. Todo esto para decir que mi objetivo, llanamente, era entretener al lector con una prosa bien hilada. Lo negro es solo un anzuelo.

(P): ¿En qué momento decides ser escritor?

Creo que es un proceso natural en alguien que lee mucho y que tiene cierta personalidad creativa. Supongo que hay un punto importante cuando lees novelas como El Camino o, por poner un ejemplo distinto, Tiempo de Silencio y piensas que son libros que te hubiera gustado escribir. Pero claro, esas novelas ya están escritas, y tienes que escribir algo propio.

(P): ¿Cómo fue el proceso de búsqueda de una editorial para publicar la obra?

Lo fundamental en ese proceso de búsqueda es haber escrito lo que querías, después siempre hay un momento y un lugar. Un autor primerizo (y utilizo este adjetivo a conciencia) tiene que tener paciencia y estar atento a las posibilidades.

(P): Sabemos de tu predilección por la narrativa de posguerra, pero ¿qué piensas del estado de la literatura actual en nuestro país?

Se publica mucho. Eso es un dato objetivo: la clave está en que cada lector conoce su personalidad y sabe qué es lo que le interesa, por lo tanto no todo lo que se publica es del interés de todo el mundo. Esto parece una perogrullada pero no lo es. Tampoco, desgraciadamente, hay tiempo para leer todo lo que a uno le interesa. Y esos son los grandes problemas de la literatura: junto con los fondos de las librerías que en muchas ocasiones les llevan a la quiebra. Es un problema urgente que el Ministerio de Cultura tienen que tratar como tal.

(P): Además de escritor desempeñas tu vida profesional en el periodismo. ¿Cómo concibes su ejercicio y de qué forma de ha influido esta profesión en el proceso de escritura?

Escribo colaboraciones para prensa y trabajo en comunicación, que es la parte del periodismo que no se ve. La profesión me he servido para escribir alguna parte breve de la novela, en la que aparece una noticia en prensa local. Por cierto, y esto es fundamental, de la prensa local es de la que más se aprende. Los Caín, por ejemplo, se nutre de un suceso grave que tuvo lugar en la Sierra de la Culebra, en Zamora, en verano de 2010: la muerte masiva de los ciervos, algo que amenazaba el trabajo de los trabajadores de la zona. ¿Lo trató la prensa nacional? Apenas. El eco que se tuvo fue gracias a la prensa local.

(P): ¿Estás inmerso en algún proyecto literario del que nos puedas avanzar algo?

Yo continuo escribiendo. El resultado final es el que hablará, o no, por mí. Las novelas, si se tiene coherencia escribiéndolas, al final toman sus propios derroteros.

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

Si te ha gustado este artículo y quieres dejar tu opinión, encantada de leerte!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .