Entrevista Luisgé Martín: “La tecnología puede construir engaños más sofisticados, y eso mejorará nuestra capacidad para ser felices”

Luisgé Martín, autor de "El mundo feliz"

Hablar de la felicidad hoy en día resulta una tarea ardua y, al mismo tiempo, necesaria. Por eso es enriquecedor el libro de Luisgé Martín, El mundo feliz. En él, este licenciado en Filología Hispánica reflexiona sobre este concepto y los engaños que ideamos los seres humanos para sobrevivir. Puedes estar o no de acuerdo con muchas de las aseveraciones aquí esbozadas, pero lo cierto estamos delante de un ensayo ideal para discutir y debatir. Hoy conversamos con él y hablamos de felicidad y de los mecanismos para conquistarla, ¿o no?

Pregunta (P): ¿Por qué decides escribir un ensayo sobre la felicidad?

La felicidad siempre es uno de los tres grandes temas: el amor, la muerte y la felicidad. En todos mis libros ha estado sobrevolando, pero en la ficción hay muchas cosas que no están permitidas. Quería hurgar en las ideas, y encontrarme con algunas de las realidades del mundo en el que vivimos.

(P): Escribes que “para sobrevivir es necesario el engaño”. ¿Cómo se construye este engaño del que hablas?

Pues hay muchas maneras. Hay mucha gente que cree en Dios, en cualquier Dios. Ese es un engaño, el engaño más habitual. Otros tratan de arreglar el mundo. Otros escribimos libros o canciones. Otros crían hijos. Hay una serie de comportamientos que están ligados siempre a una cierta idea de la posteridad (la vida eterna, la inmortalidad artística, la historia) y que nos permiten creer (incluso aunque no lo creamos verdaderamente) en que esto tiene algún sentido. Lo que El mundo feliz plantea es que a partir de ahora puede haber engaños tecnológicamente más sofisticados, y que eso sin duda mejorará nuestra capacidad de ser felices.

(P): El título es una evidente alusión a la reconocida obra de A. Huxley, Un mundo feliz, ¿qué similitudes y diferencias hay con este clásico?

Huxley escribió una novela, y yo escribo un ensayo. El punto de partida es su novela, que yo leí cuando era muy joven, en la universidad, y me pareció que reflejaba un mundo apetecible. Se presentaba como una distopía, pero a mí me pareció que no lo era. Creí entonces que no lo había entendido, que era demasiado joven. Lo releí hace unos años, para ver si había cambiado de opinión, y vi que no: seguía pensando que muchas de las cosas que están en la novela de Huxley no son catástrofes, sino bendiciones. Mi libro repasa algunas de las ideas que estaban allí y el inacabable temor que tenemos al apocalipsis del futuro. A lo mejor el futuro no es malo, sino justo lo contrario.

(P): ¿Qué hacer ante los constantes ‘bombardeos publicitarios’ de la vida feliz?

Yo en esto voy a contracorriente: no creo que queramos ser felices por los bombardeos publicitarios, sino que hay bombardeos publicitarios porque queremos ser felices. Date cuenta de que la mayoría de los bombardeos, ahora, en nuestro tiempo, no vienen de la publicidad convencional, sino de las redes sociales, del cine, de personas normales y corrientes. ¿Qué podemos hacer? Nada. Intentar ser felices.

(P): Tu faceta como escritor se centra sobre todo en la novela. ¿Cómo es el proceso de concepción de un ensayo? ¿Cambia con respecto a la novela?

Muchísimo. En la novela eres absolutamente libre. No solo puedes mentir: puedes dar datos falsos y hacer lo que te venga en gana. En el ensayo, aunque sea un ensayo literario en el más puro sentido clásico, es necesario un rigor y un orden que la novela no exige. En el proceso de escritura uno se encuentra con sus contradicciones y tiene que resolverlas. En la novela esas contradicciones a veces son justamente lo mejor de la propuesta.

(P): La vida es, en su esencia, un sumidero de mierda o un acto ridículo”. Con este comienzo tan impactante entras ya en materia. ¿Qué importancia das a los inicios en un libro?

Intento no ser maximalista, pero les doy mucha importancia. Por dos razones. Una, la obvia: el lector queda atado y sabe de qué va el libro desde el primer momento. La otra es más de trastienda: cuando tienes un comienzo claro, rotundo, has cogido el tono del libro y puedes escribirlo con más seguridad.

(P): Me ha interesado mucho esa comparación que haces del engaño y las novelas y películas. ¿No es una contradicción para una persona que cree en la literatura?

Es una contradicción clarísima, pero yo mismo la confieso. Lo digo en El mundo feliz, que yo mismo he contribuido con mi literatura a crear esa mitológica romántica del ser humano, a dar coartada a las mentiras. Lo que pasa es que yo también tengo que sobrevivir. Una cosa es que me dé cuenta de que lo son y otra cosa distinta es que necesite esos engaños. Los necesito. Por eso la mayor parte del tiempo trato de no pensar mucho.

(P): Hay mucha reflexión y debate, pero impregnados de dosis de humor y sarcasmos. ¿Cómo se consigue el término medio?

Pues te agradezco el comentario, ojalá tengas razón. Pero no sé cómo se consigue. Supongo que hay un aprendizaje de la distancia: el escritor siempre tiene que salirse un poco de su propio cuerpo y mirarse desde fuera. Cuando lo consigue, nada es lo suficientemente grave y solemne como para que no pueda ponerse en solfa. Y esa es paradójicamente la garantía de que sea más serio.

(P): El libro se construye en pocas páginas. ¿Ha sido difícil condensar tanta información?

Soy cada vez más partidario de los libros breves. Estoy cansado de leer libros interminables que podrían haberse hecho en la mitad de páginas y que no sólo no habrían perdido nada, sino que habrían ganado en intensidad y en claridad de conceptos. Cuando esa filosofía se tiene interiorizada, no resulta difícil condensar.

(P): Con un tema tan controvertido, supongo que la acogida está siendo diversa. ¿Hay más adeptos o contrarios al mito de la felicidad entre tus lectores/as?

Hay una cosa que me encanta: muchos de los que han leído el libro me dicen: “No estoy de acuerdo en muchas cosas, pero me ha servido para discutir contigo”. O dicho en otras palabras: “Me resulta intelectualmente estimulante”. De todas formas, yo creo que la mayoría de las personas (yo incluido) quieren no estar de acuerdo con El mundo feliz, pero no tienen más remedio que estarlo en buena medida. No por mis méritos literarios, sino porque la vida, en efecto, es una mierda.

(P): ¿Cuáles son los libros que más te han marcado últimamente?

Esta es una pregunta muy complicada de responder, porque soy muy malo inventariando, pero este año ha habido tres libros que me han sobresaltado: Ordesa, de Manuel Vilas, Lo que te pertenece, de Garth Greenwell, y Kentukis, de Samanta Schweblin. Desgraciadamente, yo creo que a partir de los 40 años ya no te “marca” ningún libro, pero por fortuna sigue habiendo muchos que te hieren.

(P): ¿Tienes en marcha algún proyecto literario del que nos puedas avanzar algo?

He empezado un viejo proyecto para el que llevo años tomando notas: una novela sobre la infidelidad. Está en marcha.

 

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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