Entrevista Remedios Zafra: “Los trabajos creativos pueden ser hoy liberadores y precarios al mismo tiempo”

Remedios Zafra, autora de "El entusiasmo, precariedad y trabajo en la era digital"

Ganadora del Premio Anagrama de Ensayo 2018 con El entusiasmo, Remedios Zafra ha puesto el foco en un tema que sin duda está muy en boga y que nos araña la piel: la precariedad en el mundo creativo digital y ese pago simbólico a través de “likes”. Con esta base, la escritora, crítica y profesora sevillana reflexiona sobre lo que es un problema social y nos impulsa a la acción.

Con unos cuantos libros ya a sus espaldas, actualmente es profesora de Arte, Estudios Visuales, Estudios de Género y Cultura Digital en la Universidad de Sevilla. Además imparte clases de Antropología Social y Cultural en la UNED, orientando su trabajo ensayístico a la investigación de la cultura contemporánea, la antropología, la creación y las políticas de identidad en las redes.

Pregunta (P): ¿Qué te ha llevado a escribir El entusiasmo?

Escribo para ayudarme a pensar la época en que vivimos. Creo que la  escritura ensayística nos permite comprender mejor las zonas complejas y de contradicción que son las que mejor describen nuestro mundo, pero también a profundizar en un tiempo en que los titulares que simplifican las cosas o las estadísticas que hoy lo inundan todo no pueden ayudarnos a enfrentar sensaciones complejas que nos están interpelando. Una de esas sensaciones movilizadoras de este libro ha sido que los trabajos creativos pueden ser hoy liberadores y precarios al mismo tiempo, pero también la necesidad de comprender de qué maneras contribuimos a nuestra propia subordinación en nuestros trabajos y vidas cuando resulta difícil diferenciarlos.

(P): En tu libro, ganador del Premio Anagrama de Ensayo, hablas del incremento de la precariedad en la era creativa y digital. ¿Qué nos ha llevado a esta situación? ¿Cuál sería la solución, si es que la hay?

Creo que la demanda de soluciones es característica de la época ansiosa que vivimos. Cada vez somos menos tolerantes con lo que causa conflicto, acostumbrados a tener una pastilla o un botón que nos ayuden rápidamente a sentirnos mejor. La realidad de la que hablo en el libro no es una realidad que pueda mejorar con un listado artificial de medidas que nos tranquilicen. No hay recetas para ello, o de haberlas serían sesgadas y solo promoverían una falsa autoayuda o meramente autoengaño. No creo que un ensayo deba decirnos qué hacer, sino en algo ayudar a pensar por nosotros mismos. Vernos identificados y en el gesto zarandeados por personajes y escenas que nos igualan y hacen de espejo, favorece salir de la impostura en la que tiende a convertirse nuestra vida.

(P): La búsqueda de experiencia es muchas veces la causa que alimenta la precariedad. Y es que a menudo existen miles de ‘ofertas’ que se basan en el cero pago económico y el pago con ‘me gustas’ en las redes sociales. ¿Qué hacer cuando a una persona le ofrezcan trabajar ‘por amor al arte’?

El pago simbólico es importante pero es también una fábula. Nunca puede ser descontextualizado pues tras su luminosidad puede ser engañoso y muy perverso cuando se normaliza, como pasa en determinados trabajos como los creativos. Porque no es lo mismo trabajar por amor al arte cuando eres rico que cuando eres pobre. En un caso se convierte en un pago con prestigio y en otro, en frustración por necesidad de abandonar ese trabajo por otro que proporcione recursos y un suelo sobre el que vivir. Claramente el capitalismo contemporáneo se beneficia de quien está dispuesto a trabajar gratis por reconocimiento, prestigio, visibilidad, certificados o incluso like, restando valor a esas prácticas. Contribuir a ello puede perjudicar a toda la sociedad, en tanto legitima que haya personas cuyo trabajo merece ser pagado y otras que no.

(P): ¿Cómo afecta esta realidad al individuo?

Observar que una gran mayoría de personas vive esa situación de precariedad donde están dispuestos a cobrar poco, a no cobrar o incluso a pagar ellos es un triste triunfo para quienes valoran el mundo atendiendo a sus beneficios, porque habitúa y normaliza que si la mayoría lo hacen no hay otra alternativa. El fluir cotidiano tiende a que muchos piensen que alguien “estará pensando la cosas” y que si son así es porque no pueden ser de otra manera. Esto neutraliza a las personas. ¿Cómo afecta esto al individuo? La mayoría de las veces se sigue la inercia y se evita la incomodidad de pensar, entre otras cosas porque esa libertad da miedo. De otro lado, caer en la autoexplotación propia de esta precariedad de la que hablo es molesto, pero todavía está dentro de lo vivible. Y me parece que esa precariedad “vivible” es un umbral que evita el conflicto de tomar decisiones o de hacer una revolución.

(P): Las mujeres son la otra cara de la moneda, ya que esta precariedad se incrementa por la permanencia del sistema patriarcal. ¿Eres positiva o negativa con respecto a la consecución de la igualdad en todos los campos?

Creo que son parte de la misma cara y que hay una lectura que nos permite igualar la feminización de muchos trabajos precarios de ahora con la clásica feminización de los trabajos domésticos. Ambos coinciden en que se han apoyado en formas de pago con capital simbólico. Respecto a tu pregunta, no creo que se trate de posicionarnos a un lado u otro, ser positiva o negativa. Hablaría más bien de la necesidad de ser personas críticas y darnos por aludidas en los avances que en igualdad se han logrado, valorando que son muy recientes y frágiles, que nos preceden siglos de desigualdad. Me inquieta que los cambios se limiten a algo epidérmico o a cambiar el eslogan de la camiseta sin  abordar la forma de construirnos y educarnos de formas más libres, justas e igualitarias.

(P): Hablas de la soledad como la consecuencia inmediata de esta precariedad. ¿Nos podrías definir las formas de vida de las personas relacionadas con la creatividad?

Son escenarios cargados de motivación, con herencias y mitos aún vigentes sobre el genio solitario y sufriente. Escenarios hoy transformados por un liberalismo tecnológico y en red que acentúa el individualismo. Aquí los lazos entre iguales se ven rotos cuando se identifica a los amigos y compañeros como rivales que optan a los mismos y escasos trabajos creativos remunerados, a menudo trabajos precarios que se vislumbran como premio en contextos siempre competitivos. El contexto ya de por sí tiende al aislamiento al habituarnos a una vida detrás de nuestras pantallas, allí donde estar permanentemente conectados y entretenidos es algo que nos define hoy.

(P): Entonces, las tecnologías no son tan buenas como nos han hecho creer, ¿no?

No se trata de oscilar entre esas ideas que en un momento sitúan las tecnologías como salvadoras y al siguiente como fuente de todos los males. Las visiones extremas tienden a simplificar y a generar resignación sobre un modelo de sociedad que parece inevitable, obviando lo más importante, que la tecnología es sólo la parte mediada de lo que no vemos, el poder que rige hoy el horizonte tecnológico tras un disfraz de pacífico capitalismo.

(P): “Es visible cómo el mundo cultural es mantenido por colaboradores a tiempo parcial, entusiastas becarios y figuras diversas para la gestión de redes (nombradas, a ser posible, en inglés y pagadas con audiencia y renglones de currículum).” Una cita dura de tu libro, pero muy muy real. ¿Has pasado por esto a lo largo de tu vida?

Desde que en los años noventa comencé a colaborar en trabajos académicos y culturales el pago con renglones de currículum y certificados ha sido algo habitual. Pero la situación se agrava en los últimos tiempos cuando ese sistema, ya perverso, ha sido hackeado. Ahora, dado que lo que prima en muchos contextos es el mérito (y su bonito nombre en inglés) muchas personas sólo buscan eso, les da igual lo que publican, siempre que publiquen con certificado, de forma que la producción cultural se hace peligrosamente “precaria” y corre el riesgo de convertirse en algo insustancial, falto de sentido y valor. Es el problema al que apunto al hablar de “entusiasmo inducido” o de “hombres fotocopiados” como personas dispuestas a exagerar su entusiasmo y aparentar por conseguir trabajos, reforzando un sistema ya precario y haciendo derivar la cultura y la academia hacia algo “impostado”, empujando fuera a quienes no ceden a ese fingimiento.

(P): Necesitamos libros que nos hagan pensar, que nos abran conciencia. ¿Qué nos recomiendas?

Recomiendo que no evitemos las lecturas que nos incomodan. Si lo que leemos no es capaz de punzarnos debiéramos preguntarnos para qué estamos leyendo.

(P): ¿Estás preparando nuevos libros o publicaciones de los que nos puedas adelantar algo?

Preparo una publicación sobre intimidad y tecnología y esbozo algunas ideas derivadas de los meses de debate sobre El entusiasmo. Pero en los dos casos se trata todavía más de proyecto que de escritura. Después de tanto “hablar” en el último año, lo que estoy preparando es el tiempo para pensar y escribir más en silencio.

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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