Edurne Portela, autora de "El eco de los diaparos" y "Mejor la ausencia"
Edurne Portela, autora de “El eco de los diaparos” y “Mejor la ausencia”

Edurne Portela acaba de publicar su primera novela titulada Mejor la ausencia, en la que habla de tres tipos de violencia en Euskadi, aunque como ella misma reconoce no trata solamente de ETA, sino que abarca mucho más. Sobre ese mismo mundo, aunque a nivel ensayístico, sacó a la luz en 2016 El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia, una suerte de reflexión alrededor del conflicto vasco y las representaciones culturales que en él se produjeron.

La autora ha desarrollado su carrera profesional en Estados Unidos, donde realizó un doctorado en Literaturas Hispánicas y en que trabajó también en otros puestos de gestión académica, al tiempo que desarrollaba su labor en el campo de la investigación. Pero es en enero de 2016 cuando decide poner punto y final a esa etapa y regresar a España, donde se dedica por completo a la escritura y a la colaboración con diversos medios.

Pregunta (P): Escribiste un ensayo sobre el conflicto vasco (El eco de los disparos) y ahora una novela sobre el mismo tema (Mejor la ausencia). ¿Qué diferencias hay entre ambos?

En realidad, son dos obras muy relacionadas. Empecé a escribir Mejor la ausencia después de terminar El eco de los disparos, en agosto de 2015. Lo recuerdo perfectamente porque comencé a hacerlo sin saber todavía si iba encontrar un editor para El eco. Pero al finalizar el ensayo me di cuenta de que la pregunta principal que me había guiado a escribirlo no estaba agotada y esa pregunta era qué significa convivir, entendiéndola, con una herencia de violencia. Es decir, cómo la violencia (ya sea política, estructural o íntima/familiar) marca nuestra forma de concebir el mundo en el que vivimos, nuestra relación con él. En El eco lo exploro de forma muy específica en el contexto de la violencia que hemos vivido en Euskadi. En Mejor la ausencia hay una continuación de esta exploración, pero también una ampliación temática. La violencia que se explora en esta novela no es sólo la del “conflicto”, sino también la del desarraigo, la droga, el maltrato en el seno de la familia, el machismo. En ese sentido, Mejor la ausencia no es una novela sobre ETA, o no por lo menos exclusivamente.

(P): En Mejor la ausencia eliges la voz de una niña para ejemplificar la violencia, ¿por qué este enfoque?

La mirada de la niña es como yo quería entrar en toda esa historia. La primera parte de la novela se centra en esa mirada infantil y adolescente que intenta entender, dentro de su progresión vital, el mundo que le rodea. Es un mundo en el que la violencia del conflicto está muy presente, y también es un mundo devastado por la heroína y la crisis económica, un mundo muy hostil, en el que el maltrato de la mujer está aceptado como parte de la cotidianeidad, no se cuestiona.

sobre_mejor-la-ausencia_def(P): El conflicto vasco y ETA están presentes, aunque no son el tema primero de tu novela. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

Al principio le di muchas vueltas a la voz narrativa y al tono. Hubo una primera versión bastante larga en la que el narrador era el clásico omnisciente en tercera persona que se centraba sobre todo en las peripecias del padre de familia, Amadeo. Pero llegó un momento en el que esa voz no me convencía, que no me interesaba. Entonces fue cuando decidí darle más relevancia al personaje de Amaia y pasó a convertirse en la protagonista y narradora. Ahí el planteamiento cambió totalmente y me di cuenta de que lo que realmente me interesaba era explorar, a través de su vida y su mirada, las consecuencias de vivir en un ambiente hostil e incomprensible para ella.

(P): Tu novela ha sido reseñada como un buen ejemplo de lo que debería ser la cultura que cuente la realidad del conflicto, ¿qué más libros, películas, nos recomiendas sobre este tema?

Se lleva escribiendo desde los 70 sobre el tema, empezando con Raúl Guerra Garrido en castellano y Ramón Saizarbitoria en euskera. En El eco de los disparos hablo de muchas novelas, cuentos, películas y otras representaciones artísticas que tratan sobre el tema de ETA y que fueron escritos mientras ETA mataba. Como digo, son muchas, y eso que sólo me centro en las del siglo XXI. Y otros de los que no hablo, pero que fueron importantísimos, como la obra de Ramón Saizarbitoria o la de Luisa Etxenike. Me llevaría páginas hacer todas las recomendaciones, pero recomiendo leer a estos que he citado, también a Jokin Muñoz e Iban Zaldua en literatura, el documental de Amaia y Aitor Merino “Asier eta Biok” o la película “Yoyes” de Helena Taberna, por decir unos pocos.

(P): En toda  novela hay aspectos ficcionales y biográficos. ¿Tus vivencias están aquí recogidas o todo es ‘inventado’?

He volcado en la novela mi conocimiento y mi memoria afectiva de unos años concretos en una geografía concreta: finales de los 70, 80 y principios de los 90 en la margen izquierda.  Pero no es una novela autobiográfica. Amaia no soy yo. Sí tiene, como todos los personajes, alguna anécdota o algún rasgo propio.

(P): He leído en una reseña de El País sobre tu libro, que películas como Ocho apellidos vascos solamente contribuyen a hacer más patentes los tópicos. ¿Cómo actuar para revitalizar el espacio público de todo el País Vasco después de todo lo pasado sin caer en los clichés y la banalización?

Creo que aquí cada autor/a tiene su propia responsabilidad en no caer en esos clichés o la banalización. Por desgracia, cualquier versión maniquea y simplista de la realidad vende más y se acepta mejor que las versiones que cuestionan y que incomodan.

El eco de los disparos- Edurne Portela(P): En Mejor la ausencia, está muy presente esa violencia política pero también la familiar, ¿de qué forma se relacionan ambas?

La violencia familiar a la que te refieres en la novela se trata como violencia machista. Vivíamos (y vivimos) en una sociedad patriarcal en la que se suma el hecho de que la violencia era ejecutada normalmente por hombres. Eran ellos quienes cargaban contra una manifestación de la kale borroka y también eran hombres, en su mayoría, los que tiraban los cócteles molotov y las piedras. La violencia política, estructural y patriarcal ha estado en mis vivencias de esos años en Euskadi y han estado las tres muy ligadas. Y supongo que eso, sumado a una formación y una óptica feminista, ha determinado mi forma de entender esta historia y de escribirla. Por ejemplo, en Mejor la ausencia, yo no pretendía escribir una novela sobre el maltrato, pero acaba apareciendo como modo de relación asumido y como manifestación, en el seno del hogar, de una violencia externa, estructural e histórica.

(P): ¿Cuáles son tus referentes literarios y culturales, y tus influencias a la hora de escribir?

Es difícil saberlo. Creo que todo lo que he leído y me ha conmovido o me ha hecho reflexionar posiblemente me ha influido de alguna manera. No tengo autor/a favorito/a. Yo cambio como persona, como lectora. Y sería demasiado restrictivo: el mundo literario es muy amplio y está surtido de gran cantidad de voces maravillosas. Sí tengo autores de referencia que me han acompañado durante muchos años. Mi amor por la literatura fue consecuencia de leer a los grandes latinoamericanos del Boom: el Vargas Llosa de Conversación en la catedral, Juan Rulfo, García Márquez, Cortázar. Un autor del que ya poca gente se acuerda en España y que para mí fue esencial para vislumbrar el maravilloso potencial del lenguaje literario fue Alejo Carpentier, sobre todo su Consagración de la primavera y el Concierto barroco. También me deslumbró la mexicana Rosario Castellanos, con su feminismo brillante de Mujer que sabe latín o su ironía mordaz de El eterno femenino. Y después he desarrollado nuevas querencias, ya en el mundo anglosajón: Philip Roth, Kurt Vonegut, Don Delillo, Margaret Atwood, Cynthia Ozick, Roddy Doyle, y una autora irlandesa que no creo que está traducida al español: Eimear McBride (su obra A girl is a half formed thing es brutal). Y por supuesto, también tengo mis autores/as favoritos en España: no me pierdo una novedad de Marta Sanz, Sara Mesa, Luisgé Martín, Antonio Orejudo, Iban Zaldua, Sergio del Molino, Ramón Saizarbitoria… la lista es larga. Y latinoamericanos/as que sigo con muchísimo interés: Fernanda Melchor, Gilmer Mesa, Juan Gabriel Vásquez, Juan Carlos Méndez Guédez… Todos lo autores que te cito habrán tenido algún poso en la forma en la que concibo la escritura, pero seguro que hay mucho más. Por ejemplo, toda la literatura testimonial que he leído. Ahí tendría que mencionar todas las obras de Primo Levi, Charlotte Delbo, Jean Améry, Elie Wiesel, Jorge Semprún que narraron su experiencia en campos de concentración nazis. El testimonio latinoamericano de los 70, 80, 90 (Rigoberta Menchú, Domitila Barrios de Chungara, Nora Strejilevich…). Este tipo de literatura también me ha acompañado durante muchos años y estoy segura que de alguna manera está presente en mi escritura, aunque yo no te sepa decir cómo.

(P): ¿Estás inmersa en algún proyecto del que nos puedas adelantar algo?

Sí, he comenzado una novela, pero prefiero no hablar de ella todavía.