Antonio Basanta, autor de "Leer contra la nada"
Antonio Basanta, autor de “Leer contra la nada”

Antonio Basanta ha escrito un libro a caballo entre la memoria, la reflexión y el ensayo que se titula Leer contra la nada. Sin duda, una propuesta muy necesaria en días como hoy y que vienen de una persona que ha dedicado gran parte de su vida al fomento de la lectura. Doctor en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, ha ejercido labores como docente, editor, gestor de proyectos culturales, conferenciante, articulista o autor de abundantes libros que, dirigidos a la población escolar, siempre han tenido como objetivo la promoción lectora en sus más diversas formas. Por eso, este libro es un alegato a favor del ejercicio de la lectura y de su capacidad para forjar almas libres y críticas.

Pregunta (P): Leer contra la nada es el título de tu último libro, un ensayo sobre lo necesaria que es la lectura, ¿qué pretendes provocar con él?

En primer lugar, un ejercicio de gratitud personal a todo lo que la lectura me ha ido concediendo en la vida. A cuánto, día a día, me sigue revelando…

 Y, al mismo tiempo, una reivindicación de su necesidad, de su valor si realmente queremos construir un modelo personal y social basado en la humanidad, en la capacidad de diálogo y de creciente comprensión, en ese acercamiento al otro y a lo otro que es la única manera de ir labrando nuestra propia identidad.

(P): A lo largo de tu vida te has dedicado a defender la lectura, ¿por qué es necesario hoy más que nunca leer?

Leer es, como respirar, imprescindible para vivir. Somos sapiens en la medida que hemos sido, somos y seamos legens. Primero leímos las señales de nuestro entorno, los gestos de nuestros congéneres, nuestras turbaciones, nuestras alegrías. Luego mágicamente surgió el lenguaje y entonces aprendimos a leer en el reino de las palabras que algún día se fijaron a través del sortilegio de los alfabetos. Y entonces la lectura hizo que los rasgos, fijados para obedecer, cobraran la dimensión de lo personal, de lo íntimo y pudieran volar dentro de nosotros sin más restricciones que las propias de cada cual.

Por todo ello es importante leer. Porque necesitamos seguir sintiendo, seguir imaginando, seguir siendo uno y mil al mismo tiempo, saber que no hay palabra que no nos contenga.

La lectura es capaz de concedernos todas esas dimensiones, si se realiza desde la libertad, el sosiego y la profundidad. Que leer, como amar, requiere de respeto, tacto, de pausa, de entrega sin reservas.

(P): El libro es también un claro homenaje a tantos y tantos autores/as que han defendido a lo largo de la historia el oficio de leer. Supongo que será difícil, pero ¿podrías recomendarnos el libro que más te ha ayudado a ver que era tan necesario leer como vivir?

Es uno y son todos. Al final, en el periplo lector, cada cual va construyendo su propio libro, que no es sino la suma de muchos de los leídos. Pero si tuviera que elegir uno en concreto – y me temo que no voy a ser nada original- escogería el Quijote de Cervantes, el libro que, en cierto modo, comprende todos los libros. Todo nuestro idioma. Donde mora ese Alonso Quijano “enfermo de lectura” y, por ello, soñador, defensor de la justicia y de los valores absolutos, valiente, cortés, imprevisible y sólo muerto cuando enferma de cordura.

Si tuviera que optar por un libro específico para los mediadores – padres o docentes –, no lo dudaría: Gramática de la Fantasía, de Gianni Rodari.

(P): Recomiendas olvidarse de las prisas y leer, ¿cómo lograr esta casi utopía en los tiempos de hoy?

Es una cuestión de disposición. Siempre que uno quiere, encuentra tiempo para leer. Pero más aún: es imprescindible encontrar ese tiempo. Del mismo modo que tratamos de cuidar el estado de salud de nuestro cuerpo, tenemos que atender a nuestra mente, a nuestro corazón. Y para ello, nada mejor que leer. O que conversar, que al final la lectura no es sino una metáfora perfecta de la relación interpersonal, a la que, por otra parte, toda lectura tiene que terminar llevando.

(P): Por tu libro transitan reflexiones alrededor de la función de los libros. ¿Cómo ves tú el panorama literario actual?

Uno de los mayores tesoros de los que podemos disfrutar – no siempre valorado como merece- es la cantidad de obras excelentes que se publican. Y la calidad  de muchos de los catálogos de las editoriales. Es cierto que también se publican muchos libros prescindibles, pero me atrevo a asegurar que, al menos en España, nunca hemos tenido una oferta lectora mejor que la actual.

(P): La lectura debería ser la asignatura transversal de todos los cursos desde la infancia, pero la pregunta vital es ¿cómo lograr que nuestros pequeños/as se interesen por los libros?

Despertando su sentido natural por las historias. Haciéndoles ver que ellas habitan el prodigioso territorio de las palabras. Y que éstas, muchas veces, aguardan en los libros la llegada de esa mirada lectora, que es la nuestra,  para que las despierten.

No perdamos la oportunidad de inculcar en los más pequeños su capacidad de crear, de soñar, de comunicarse. Hagamos que los hogares y las escuelas sean espacios formidables de lectura, y así ésta nacerá en un entorno de afectos, de emociones que permanecerán de por vida. La lectura, o es emoción o no es casi nada…

Leer contra la nada-Antonio Basanta(P): Puedo decir que mis inicios en la lectura fueron con libros tan emocionantes y de aventureros como Los Cinco o Ana de Las Tejas Verdes. ¿Qué más nos recomiendas para estas edades más tempranas?

Yo también fui lector voraz de Enid Blyton. Y de Richmal Crompton. Y de Hergé, Y de Verne. Y de Salgari, Y de Stevenson… Hoy la oferta de libros infantiles y juveniles es tan amplia, y tan rica, que lo mejor que puedo recomendar es que se visite un blog tan estupendo como el que tú has puesto en marcha y diriges. Que no dejen de asomarse a uno de los proyectos de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, http://www.canallector.com, en el que encontrarán infinidad de propuestas permanentemente actualizadas. O, si les es posible y existen en su localidad,  que se acerquen a cualquiera de las magníficas bibliotecas o librerías de la red lectora española, pues en ellas hallarán grandes profesionales que les pueden ayudar en las búsquedas más acertadas.

(P): Hoy en día, con tanto maremágnun de información por todos los frentes se hace necesaria la lectura crítica, atenta y profunda. ¿Cómo podemos conseguir esto?

Con tiempo, instrucción y sentido. Leer es una de las experiencias más gratas, pero también más difíciles de conquistar. Nunca se aprende del todo a  leer. Hay que perseverar en el ejercicio lector. Concederle el tiempo, los medios – ¡¡¡ ay de las bibliotecas escolares!!!-  y el sosiego que le corresponde. Y procurar que siempre la lectura nazca como un deseo de comprender, de entender la realidad que nos rodea, de hacer que la información no sea simplemente un cúmulo de datos más o menos fidedignos, sino que se convierta, primero, en conocimiento y de ahí, en sabiduría, de la que nunca la lectura estará ausente.

(P): “Leer es una forma de emancipación”, escribes. ¿Qué más razones hay para leer?

¿Y qué más razones que las de saberse vivo, las de entender que esta vida corta y fugaz hay que vivirla con la intensidad del descubrimiento, que nada hay más fascinante y satisfactorio que nuestra continua capacidad de aprender, de experimentar nuevas experiencias, de sentir cómo nuestro ser se va alimentando de todo aquello que le conviene?

Al término de cada día, es aconsejable -¿o tal vez obligatorio?  – preguntarse qué es lo nuevo que hemos aprendido y cómo lo hemos acomodado en nuestro interior. Leer sin asimilación, vivir sin asimilación, es todo un desperdicio. La mayor de las traiciones que le podemos hacer a la vida. Y a la lectura.

(P): Hay quien dice que actualmente se lee en múltiples soportes y que eso hace que la lectura sea un ejercicio más mayoritario. ¿Coincides en esta afirmación o eres de los que observa que cada día se lee menos?

Nosotros ya no leemos como otros lo hicieron antes. Tampoco lo hacemos como se hará mañana, Porque la lectura es cambiante y dinámica como lo somos nosotros mismos. Como seres individuales o como parte de la comunidad. Y este hecho de saber que la lectura de muta de continuo es tan fascinante como retador.

Felizmente la lectura evoluciona a lo largo del tiempo, se adapta a cada circunstancia como una segunda piel. Y no sólo en sus aspectos formales – soportes, medios, cómos y porqués del leer – sino en su sentido más profundo.

Sin embargo, leer siempre será deudor de los verbos nucleares que lo significan; atender, escuchar, interpretar, compartir, seleccionar, transformar, asimilar y compartir. Si esos verbos concurren en el ejercicio lector, dará igual el soporte, el medio, el cuánto – que no el cómo contenido en el corazón de esos mismos verbos – la lectura seguirá expandiéndose con toda su imparable  potencia.

(P): ¿Cuáles son tus autores/as de cabecera y las obras a las que siempre vuelves?

Muchas veces, los clásicos, que siguen siendo rabiosamente actuales. Un clásico es el texto que nunca te falla.

Pero también me gusta leer lo publicado en la actualidad. Últimamente leo más ensayo que ficción, aunque cada día me no dejo de tomar la imprescindible ración que le corresponde… Ahora mismo estoy disfrutando de la lectura de un libro que me está gustando mucho: se llama  ¡Viva el latín! Historias de una lengua inútil, del profesor italiano Nicola Gardini. Es un libro bellísimo, cargado de ingenio y amenidad, repleto  de reflexiones de lo más oportunas y sensatas.

(P): El acto de leer se ve, en ocasiones, como una rebelión. ¿Cómo interpretar el mundo que nos rodea con los libros?

La lectura hace de los libros puertas de entrada a la realidad. Leer nos lleva de la persona a las personas. Siempre es un viaje de ida y vuelta. Cada libro es una expedición. Cada lectura, una singladura, que muchas veces sabemos cómo empieza, pero que casi nunca conocemos cómo terminará. O cómo lo haremos nosotros, que tampoco seremos ya aquellos que iniciaron las primeras líneas, transformados, modificados, ojalá que enriquecidos, por cuanto la lectura nos proporciona.

Si la lectura no lleva a la vida, es una lectura a medias. O, por mejor decir: una lectura malograda. Y no es utilidad pragmática la que hay que solicitar a la lectura, sino utilidad vital.