Iolanda Batallé, editora y fundadora de la Editorial Rata
Iolanda Batallé, editora y fundadora de la Editorial Rata

Si os habéis pasado por una librería y os han llamado la atención unos libros con portadas de letras, supongo que sabréis que se trata de propuestas literarias de la recién creada Rata Books. Una editorial que, bajo la batuta de Iolanda Batallé, publica ante todo trozos de vida, porque un libro debe conmover, cambiarnos algo por dentro, no dejarnos indemnes. Con una función tan difícil y a menudo incomprendida como es la de editora, Iolanda Batallé nos habla de una pasión, y nos confiesa que “editar es intentar ver el texto desde otro ángulo, a veces desde lo alto, otras desde debajo”. Esta barcelonesa, que ha pasado temporadas de su vida en otros países,  es además escritora y periodista, y ha publicado Haré todo lo que tú quieras, La memoria de las hormigas o El límite exacto de nuestros cuerpos.

Pregunta (P): ¿Por qué crear una nueva editorial y por qué llamarla :Rata_?

La larga y durísima crisis económica que a duras penas vamos superando transformó muchas cosas, a menudo de forma dolorosa. El mundo de la edición, como los demás sectores, se vio sacudido y eso siempre te acaba abocando a hacerte algunas preguntas: ¿por qué haces lo que estás haciendo? ¿Hay otras maneras de hacerlo? ¿A qué vale y a qué no vale la pena dedicar tu vida? Curiosamente, en estos años tan difíciles, han surgido nuevas editoriales independientes que vuelven a lo esencial, a un sentido radical de la calidad literaria, a una vivencia más personal del texto, editoriales que buscan una relación más directa entre lector y autor. :Rata_ pretende algo así y su nombre es reflejo de esa actitud de resistencia, de complicidad subterránea, de terquedad. ¿Cómo es posible que una editorial pretenda llamarse Rata? Pues precisamente por eso, para demostrar, entre otras cosas, que es posible. Además, ¿verdad que es un nombre que no se te olvida?

(P): ¿Cuál es la característica más importante que tienes en cuenta a la hora de editar un libro?

Que me conmueva. O, como mínimo, que me inquiete y me emocione. Pero publico pocos títulos al cabo del año, así que el proceso de selección es severo.

(P): La labor de un editor es difícil pues consiste en ver lo que puede gustar y en presentar a autores/s que tengan algo nuevo que contarnos. Esa es la teoría, pero, ¿cómo resulta la práctica día a día?

No hay teoría, hay vida. Establecer una relación con un autor, vivo o muerto, es tan fácil o difícil como encontrar un buen amigo: no hay una manera de hacerlo. Todo puede ser muy sencillo o muy difícil. Siempre me dejo guiar por algo que no termino de comprender pero que definitivamente está ahí. Hay algo que te empuja a vivir la vida y ese deseo te lleva a experiencias o a lugares, del mismo modo que te une a personas o a autores.

(P): En este año y medio de vida habéis conseguido un catálogo muy interesante en el que destaca la traducción al español de obras tan impresionantes como La vegetariana de Han Kang o Los diarios del Sáhara de Sanmao. ¿Qué te impulsó a querer editarlos?

Cada libro es una historia de amor. Para hacerlo posible, debes sumar mucho esfuerzo y entusiasmo por parte de gente muy diversa. Los astros deben alinearse. En el caso de Sanmao no fue fácil, tuve que persistir ante lo que parecía una empresa imposible. El solo hecho de ponerme en contacto con sus herederos me llevó meses. Y todo eso lo hice habiendo leído muy poco de Sanmao, pero guiada por una poderosa intuición, una extraña comunión con la escritora taiwanesa, a la que considero, de alguna manera, una hermana mayor. A Han Kang la pude leer en una traducción inglesa y en pocas páginas supe que era un texto Rata, que deseaba intensamente convertirlo en parte de mi vida.

(P): He leído que :Rata_ tiene como objetivo editar “trozos de vida”. ¿Nos puedes explicar este concepto?

Para que un texto signifique algo especial e íntimo para un lector, antes ha debido significar algo especial e íntimo para quien lo ha escrito. Yo deseo encontrar la vida en los textos. Hay cosas de las que puedo prescindir cuando leo. Puedo prescindir de los argumentos, de las tramas, de los mecanismos para crear expectativa. Pero no puedo prescindir en cada momento de la sensación de que esa página que estoy leyendo fue un trozo de vida. Como todos los conceptos que me inspiran, tampoco este deseo que sea muy claro. Yo me entiendo y yo siento con claridad cuando encuentro esa vida en un texto.

(P): Mucho antes de editora, también eres escritora. ¿Cómo confluyen estas dos disciplinas en tu vida?

Editar es escribir porque cuando escribes estás editándote, en el sentido que tú, como escritor, debes ser el principal y más feroz crítico de lo que escribes. Editar es intentar ver el texto desde otro ángulo, a veces desde lo alto, otras desde debajo. Creo que, de alguna manera, solo edito textos que desearía haber escrito. Quizás si me parara a analizar mi literatura, descubriría que tiendo a editar textos que, de alguna manera u otra, tienen alguna conexión con algo que escribí. Pero no lo sé. No tengo tiempo ni me parece una buena idea pretender escribir una tesis sobre mi misma.

(P): Y una curiosidad, ¿qué hace Iolanda Batallé cuando no está sumergida entre libros?

Cuando no estoy con libros estoy con libreros, o con editores, o con los autores que mimo. Y por las noches me tumbo en el sofá. Y cada día cuido mi jardín y las personas con las que vivo. Y ellos saben que me gusta reír y viajar tanto como me gusta y necesito el silencio.

(P): Rata apuesta fuerte por el fondo de las historias, pero también por la forma, lo que se observa ya en la portada de los libros. ¿Qué sentido tiene una capa con una cita del libro en cuestión? ¿Eres de las que crees que el futuro del libro en papel pasa por el cuidado en las ediciones?

Confiamos en la palabra. Lo debemos todo a la palabra y por eso me parece coherente que la carta de presentación de un libro sea un párrafo o dos que, en el caso de autores vivos, siempre es un texto que el autor escribe en exclusiva para nuestra edición. Por tanto, en el diseño de los libros de :Rata_ quise dar mucha importancia a la palabra. En los libros hay imágenes, pero no son nunca lo primero que descubre quien sostiene un :Rata_. Hay muchas formas de entrar en un texto y procuramos que el lector pueda escoger entre diferentes vías. Te puede seducir la imagen de su autor o la del lugar donde escribe, o su caligrafía, o el motivo que te proponemos para leerlo. Hemos querido pensar desde cero la manera como debe ser un libro y eso nos ha permitido definir una manera de ser de los Rata. Creo que son una mezcla de dulzura y carácter.

(P): Ante la afluencia de nuevos soportes de lecturas, ¿tenéis pensado apostar por la edición digital?

Un libro Rata es un mundo en si mismo, una pequeña constelación de bolsillo, un objeto que deseas tener en las manos, o llevarlo contigo a alguna parte, o tenerlo junto a la cama, o prestarlo a alguien. Y todo eso solo resulta posible hacerlo cuando es un objeto de papel. De momento no he sentido la necesidad de que los :Rata_ existan de otra manera al margen del papel.

(P): Se alerta de que cada vez se lee menos en nuestro país. ¿ A qué crees que se debe?

¿Y cuando no se ha leído menos? Creo que siempre se lee diferente. Cada época tiene su manera de leer, no sé si mejor o peor. La lectura se hace libro a libro. Tu no lees de igual manera cada libro que lees. Ni lo lees igual cuando lo empiezas o cuando lo terminas. Los datos cuantitativos sobre índices de lectura me parecen dignos de ser tenidos en cuenta, pero no pueden explicarnos la manera como la gente lee realmente, sencillamente porque eso es algo tan íntimo y sutil como sentir la vida. ¿Se vive con más intensidad hoy que hace diez, veinte o treinta años? Es tan difícil e inútil responderse a eso como preguntarse sobre la lectura. Las cifras no son suficientemente significativas y no sirven de nada cuando te preguntas para qué estás editando. Hay tantas formas de leer como de vivir.

(P): ¿Cuáles serán las próximas apuestas literarias que nos descubrirá :Rata_?

De manera inminente, una autora de nuestro país llamada Aurora Bertrana que, en los años veinte del siglo pasado, lo dejó todo para irse a una isla perdida en medio del Pacífico. Allí escribió Paraísos oceánicos. Y otro escritor, este contemporáneo, llamado j.l. badal, escrito así, en minúscula, del que publicamos una intensa evocación de sus años de juventud. Son libros muy diferentes, el primero dulce, el segundo amargo, pero los dos son dos enormes trozos de vida que vale la pena volver a vivir.