Nina Peña, autora de "Las sufragistas"
Nina Peña, autora de “Las sufragistas”

“Se ha conseguido mucho, sin duda, pero todavía queda mucho más”. De esta forma analiza Nina Peña Pitarch la situación de las mujeres y sus derechos en la actualidad, a raíz de la publicación de su libro Las sufragistas. En él recupera la voz de las conocidas como “sufragettes”, unas mujeres británicas que en el siglo XX lucharon por la consecución del sufragio femenino.

Nacida a orillas del Mediterráneo, esta mujer escribe sobre todo libros con protagonistas femeninas, quizás porque lo tiene más a mano aunque también con el objetivo de dar mayor visibilidad a una causa que sigue siendo prioritaria.

Con cuatro novelas ya a sus cuestas, está actualmente inmersa en la escritura de la quinta, que estará protagonizada por Clara, una maestra depurada en la época franquista. Como le está costando un poco, aprovechamos esta entrevista para infundirle ánimos.

Pregunta (P): ¿Cuándo decides que quieres escribir y dedicarte a la literatura?

Es complicado aventurarse a escribir y publicar en estos tiempos, la verdad. Creo que esa inquietud la he llevado dentro desde niña porque siempre he soñado con ello, pero pensar, tal como está esto, en dedicarse a la literatura de lleno es algo improbable. Yo, como casi todos los autores independientes, tengo que conjugar la escritura con un trabajo que nos permita pagar las facturas lo que hace que, por más vocación que se tenga o por más que uno escriba, dedicarse a ello en exclusiva es prácticamente imposible.

(P): Las sufragistas es una historia muy feminista que se basa en la vida de las conocidas como “sufragettes”, ¿qué papel tuvieron estas mujeres en la historia y de dónde sale la idea de homenajearlas en una novela?

Este libro nació de una forma un tanto peculiar; en principio pensé en subirme al carro de la novela erótico-festiva que está tan en boga, pero supongo que una no puede huir de lo que es y la verdad, no tengo el alma tan “romántica”, así que de ahí, de mi pasión por la época victoriana y por mis ideales, al final resultó ser esta enorme búsqueda de Grace, el personaje principal. Cuando lo escribí, hace ya varios años, ni siquiera existían las redes sociales y creo que no era consciente, en aquel momento, de las carencias pedagógicas sobre feminismo que tiene la sociedad. Ahora, me alegro muchísimo de que el libro tomara el camino que tomó porque precisamente es una forma de explicar todas aquellas batallas, aquel momento histórico concreto que sembró muchas bases de la sociedad actual. Estas mujeres tuvieron un papel tan importante en la historia que nada es igual desde entonces y casi todos los derechos que las mujeres tenemos actualmente y que muchos confunden con la igualdad, vienen dados por su lucha; el feminismo es, a mi parecer, el mayor movimiento social y filosófico no de ahora o de entonces, sino de la historia, que realmente está cambiando el mundo, muy poco a poco, sin grandes revoluciones a estilo político, pero de forma firme. 

(P): Escribes una novela con muchas reflexiones sobre la lucha por los derechos de la mujer, ¿qué se ha conseguido y qué queda por conseguir en este terreno?

Se ha conseguido mucho, sin duda, pero todavía queda mucho más. Se han conseguido derechos, que no dejan de ser derechos universales del ser humano, pero todavía falta una ardua labor de igualdad que la sociedad no asume o que lo hace muy poco a poco. Actualmente, entre hombres y mujeres, existe la peregrina idea de que somos iguales, de que el feminismo está obsoleto, que todo se consiguió ya hace tiempo pero lo cierto es que hay una brecha enorme todavía entre la igualdad. Nos queda la parte más incomprensible; el denunciar el machismo desde nuestra privacidad, desde el día a día. Llevamos 37 asesinatos machistas este año y estas cifras no son las reales, siguen existiendo las brechas salariales, los techos de cristal, seguimos viendo a las mujeres como objetos de consumo, hasta las niñas están hipersexualizadas… sin duda queda mucho, muchísimo por hacer.

(P): Escribes: “Una mujer no puede ser libre totalmente hasta que se deshaga también de toda la carga moral que le ha sido impuesta. La liberación de la mujer debería comenzar por sí misma y por su propio cuerpo, así como por su mente”. ¿Qué cargas morales tenemos aún las mujeres?

Muchas, sin duda. Venimos de un pensamiento patriarcal que lleva siglos diciéndonos qué debemos hacer y qué no debemos hacer. Seguro que cualquier persona que lea esto podrá asegurar que las mujeres estamos sometidas a reglas no escritas que nos dictan nuestro comportamiento y que no somos ni capaces de detectar, además, existe una doble vara de medir en el momento de juzgar a hombres y mujeres. La imagen dada de la mujer, en que o somos todas vírgenes o somos todas putas, la manipulación de algo tan increíble como la maternidad, que se legisle sobre nuestro cuerpo en temas como aborto, prostitución o gestación subrogada, o el simple hecho de que todavía existan trabajos no aptos para mujeres son, además de cargas morales, unos estereotipos que nos coartan. Creo que debemos buscar nuestra verdadera forma de ser, de sentir y obrar en consecuencia, sin caer en ellos, algo bastante complicado porque tenemos en frente a toda una sociedad que pelea porque las cosas no cambien, que nos sigue utilizando como “pilar” de la familia y nos dicta las normas.

(P): ¿Se puede decir que la gran precursora de los derechos de las mujeres fue Virginia Woolf cuando nos habló de la necesidad de “una habitación propia”?

Doy fe de que todas las mujeres necesitamos esa habitación propia. Woolf lo dijo en el contexto de un lugar donde poder sentarse a pensar y escribir, donde liberarse, pero también se puede entender como un lugar en donde ser una misma, un lugar donde encontrarse, donde ser mujer en esencia. Sin duda fue un gran pensamiento el de Woolf.

(P): En la actualidad están surgiendo muchas iniciativas alrededor de la recuperación de la actividad femenina en el terreno literario. ¿Cuál es para ti la mejor escritora de la historia?

Qué pregunta más complicada… La mejor escritora de la historia, uff, yo tengo muchas escritoras favoritas y muy distintas entre sí, no me aventuro a decir solo una. Entre otras cosas porque, en el mundo de la literatura, aún tenemos que descubrir a muchas escritoras. Creo que es una labor de las feministas actuales recuperar la memoria de las mujeres que nos precedieron y que lo tuvieron mucho más difícil que nosotras. Por ponerte un ejemplo clarificador voy a nombrarte a María de Zayas, una dramaturga del siglo de Oro, coetánea de Góngora y Quevedo cuyos escritos fueron condenados por la inquisición y que cultivó la picaresca y la crítica social. Nadie la conoce, nadie ha oído hablar de ella, en el colegio cuando dan El siglo de Oro ni se la nombra y sin embargo en su momento fue tan importante como los otros. Es una necesidad vital recuperar a esas mujeres, no solo en la literatura sino en todos los ámbitos y sacarlas del ostracismo al que han sido enviadas durante siglos.

(P): Hoy en día, el peor peligro para esta causa es la creencia en el amor romántico mal entendido, el que esclaviza y nos hace dependientes de la otra persona. ¿Cómo cambiar la concepción del amor?

Hay conceptos que están tan arraigados en la memoria colectiva que vamos a tardar mucho en desterrarlos. En principio creo que ha de ser una labor de pedagogía y sin duda de educación. Educar en igualdad desde niños es básico. Enfocar las relaciones no como la claudicación al amor o como la lucha de poder que siempre ha sido, sino como un proyecto de vida en común, sin caer en los estereotipos y en las normas no escritas. Como antes te decía es complicado porque tenemos a toda una sociedad en frente que no avanza al mismo tiempo y que tiene distintos modos de pensar y actuar. Una mujer puede educar a su hija para ser libre, para ser independiente, para que el amor no sea una especie de “trampa” y luego, cualquier película para adolescentes que se ponga de moda, puede tirar por el suelo años de educación. En nuestra contra juega el que las mujeres siempre somos más emocionales y no se entiende que muchas cosas las hacemos por amor, no porque tengamos la obligación de hacerlas. Es una labor constante pero lenta que algún día creo que lograremos.

(P): ¿Qué papel debería cumplir la escuela y las familias en la lucha por la igualdad entre sexos?

Básico. La educación es el pilar fundamental de toda sociedad. Los niños hasta los cuatro años no tienen asumido ningún rol de género, lo van aprendiendo poco a poco, a medida que crecen y lo ven día a día. Educar el igualdad cuando su mente es una esponja que lo absorbe todo es fundamental, recuperar por tanto el papel de la mujer y hacerla visible en los libros de texto o no segregarlos por sexo es primordial, pero lo que más puede es el ejemplo, de nada vale que en clase traten de hacerlo cuando en el seno familiar ve esa desigualdad. Es una labor conjunta en la misma dirección.

(P): Dado que el debate alrededor del sexo y el amor está muy presente en las sufragistas, ¿qué opinas del fenómeno de Cincuenta sombras de Grey y las sagas de literatura erótica que están tan de moda?

El sexo es sin duda algo primordial porque a través del sexo y del cuerpo nos aceptamos como seres, como personas, nos comunicamos con el otro. Grace, la protagonista de Las sufragistas, se libera en el momento en que reconoce el placer y se reconcilia con su cuerpo y con el cuerpo de un hombre. Enfocar el sexo de esa manera es lo que hizo que el libro tomara el camino que tomó. Cuando lo escribí, todavía no se habían publicado las Cincuenta sombras de Grey, por ejemplo, ya había un gran número de libros eróticos y se veía venir que era un subgénero que iba a explotar. Yo creo que en sexo, como en literatura erótica, todo está bien mientras ambas partes estén de acuerdo, jajaja. A mí personalmente no me gusta que en muchos de esos libros se recurra al cliché fácil, al estereotipo en las relaciones en donde se repita de fondo la misma heteronormativa de siempre o se caiga en el polvo fácil y explícito sin razón de ser. Pero imagino que cada cuál es libre de leer y escribir lo que le plazca. Es más, prefiero que la gente lea esos libros a que no lea ninguno.

(P): Cuentas ya con cuatro libros en tu currículum literario, ¿de cuál estás más orgullosa?

Ni idea jajaja, cada uno es como un hijo. Sé que es un ejemplo muy manido, pero es cierto. Todos me han aportado mucho en lo personal, con algunos he aprendido tanto que no ha sido escribir lo más importante, sino crecer personalmente. Creo que Las sufragistas y Rosa de los vientos son los que más me han ayudado en ese aspecto.

(P): Además de expresar tus inquietudes en libros, escribes habitualmente en un blog. ¿Qué te aporta esta herramienta en tu vida personal y profesional? ¿Y las redes sociales?

Lo cierto es que es una herramienta de comunicación brutal. Tengo el blog dividido por temas y voy haciendo distintas entradas según la inspiración del momento, puedo hablar de libros, compartir escritos de compañeros y compañeras, hablar de política, de poesía, relatos, de estudios feministas, de cualquier cosa, y eso es sencillamente magnifico. Las redes sociales son básicas para un autor independiente, de hecho, es casi la única forma en que puedes publicitar los libros, pero sobre todo, es la forma en que te comunicas con los lectores y puedes entablar amistades realmente enriquecedoras con ellos y con otros compañeros.

(P): No podría faltar la pregunta… ¿cuáles son tus lecturas de cabecera?

En este momento estoy leyendo Doris Lessing y deseando leer lo nuevo de Almudena Grandes y Víctor del árbol. Reconozco que últimamente leo a muchas mujeres, tal vez para compensar una gran etapa en que apenas las leía porque había menos escritoras y porque yo me dejaba levar bastante en mis lecturas.

(P): ¿Estás inmersa en algún proyecto literario del que nos puedas hablar?

En estos momentos estoy terminando una nueva novela que, la verdad, se me está resistiendo bastante. La protagonista es Clara, una maestra depurada en la época del franquismo, aunque el libro habla de ella en tono intimista, no político, y meterme en su piel, tratar de saber qué podía sentir es algo doloroso y que me está costando un esfuerzo brutal hasta el punto de que me faltarán más o menos unos cinco capítulos para terminarlo y estoy varada en esa orilla… veremos cómo puedo terminarlo.