Hugo Argüelles, autor de "Cuentos grises"
Hugo Argüelles, autor de “Cuentos grises”

En medio de la era del positivismo y de todo el mercado surgido alrededor de las frases bonitas y motivadoras, existen escritores como Hugo Argüelles que defienden que también tenemos derecho a expresar que estamos tristes o que el día no ha sido como esperábamos. De la cotidianeidad más pura, como la vida misma, nacen los relatos de Cuentos grises, un libro publicado por Boria Ediciones en el que se recogen historias muy variadas, cuyo hilo conductor es, en palabras del autor, “la búsqueda del afecto, la necesidad de sentirte querido, incluso protegido en un mundo amenazante y hostil”.

Pregunta (P): Te has iniciado en la literatura con Cuentos grises, un compendio de relatos sin final feliz, ¿escribes como la vida misma?

He intentado que los relatos no tuvieran un final sino que transitaran. Efectivamente,                 como la propia vida, donde el final es algo que nadie desea y que sin duda es lo que menos importancia tiene.

(P): ¿De dónde nace la inspiración?

Creo que del sentimiento. Es una sacudida que necesita ser explicada, o al menos contada. Cuando he tratado de escribir apriorísticamente no me he quedado contento con el resultado

(P): Tu experiencia profesional estuvo siempre entre libros y documentación. ¿Qué te aporta trabajar en bibliotecas y centros de documentación? ¿Ayuda a la hora de escribir?

Afortunadamente he pasado parte de mi vida laboral cambiando de un trabajo a otro y en sectores que nada tienen que ver con los libros o las bibliotecas. Eran trabajos precarios en los que te explotaban pero tenían dos cosas buenas: que no duraban para siempre y que podías encontrar gente divertida. Trabajar rodeado de libros no me ayuda a la hora de escribir, en todo caso me podría incitar a leer, aunque tampoco es el caso.

(P): Los finales de tus cuentos no son felices ni mucho menos amables. ¿Eres una persona que no cree en la esperanza ni en la felicidad o esto es solo parte del juego ficcional?

Depende del día. En cualquier caso lo que queda escrito es ficción, de eso no cabe duda. Y lo demás, ¿será ficción o no? Tener esperanza o fe, pensar que eres feliz o empezar la jornada implica altas dosis de ficción. Creo que la ficción es consustancial al ser humano.

(P): Tus cuentos parten de hechos insólitos, casuales… ¿Qué quieres transmitir a los lectores y lectoras?

He querido transmitir que a algunas personas nos cuesta alegrarnos más que a otras, porque somos tristonas, qué le vamos a hacer, pero que también nos reímos cuando encontramos la ocasión adecuada. Y que tiene que haber gente alicaída porque un mundo lleno de seres felices, no sé, no me cuadra del todo. Sería agobiante ir por la calle repartiendo abrazos y sonrisas.

(P): Los relatos nos hablan de la nostalgia, la soledad, y hasta hay varios que reflexionan sobre la cara menos amable de la literatura. En el fondo hay mucha variedad en este centenar de páginas. ¿Cuál es el hilo conductor?

Me alegro mucho de que reconozcas esa variedad en el texto porque existe de verdad. Para mí un cuento es rico cuando se despliega y las reflexiones se van sucediendo. Unas ideas llevan a otras y se plantean diferentes cuestiones en pocas páginas. El hilo conductor diría que es la búsqueda del afecto, la necesidad de sentirte querido, incluso protegido en un mundo amenazante y hostil.

(P): ¿Cuáles son tus referentes culturales, tanto en la pintura, como en el cine y la literatura?

Para mí un referente cultural es Joseph Roth, y por encima de él, una frase que leí en un libro suyo y que decía más o menos: “la gente va al cine cuando no tiene nada mejor que hacer”. Y hablando de cine, me gusta mucho Tarantino, no me ha defraudado ninguna película suya. En cuanto a la pintura, si atendemos a cómo pinto y dibujo, mi referente es el Ecce Homo de Borja.

(P): ¿Por qué estos Cuentos grises y no de otro color?

Con el objeto de revalorizar lo gris, lo grisáceo y lo plúmbeo. Por el derecho a ser pesado, un tostón. El derecho a estar triste y abatido. Con la intención de hacer frente a los coaching y el blanqueamiento dental.

(P): En varios de estos cuentos aparecen reflexiones sobre la literatura y los libros, ¿te consideras un letraherido?

Supongo que sí. Antes de terminar una lectura inicio otra, aunque cada vez es más frecuente que abandone los libros hacia la mitad. Quizás mi tiempo de letraherido esté terminando y me convierta sólo en letra. O en herido.

(P): Se alerta de que se leen pocos libros. ¿Cómo ves tú el panorama en la actualidad?

Me parece que la gente lee pero no compra libros, en general. Es normal teniendo en cuenta los salarios que percibimos. Algunas jornadas laborales no predisponen a disfrutar de la lectura, porque no hay tiempo y sí cansancio. Si no tienes trabajo la inquietud no te acerca a la placidez de disfrutar de un libro. Lo mejor para leer es ser estudiante, funcionario o jubilado.

(P): ¿Estás inmerso en algún proyecto literario del que nos puedas hablar?

Estoy leyendo y oteando el horizonte. Transcribo unos poemas y hay una historia de amor tóxico que me llama la atención pero no sé si cristalizará o se convertirá en otro de esos libros soñados o imaginados.