Paula Peralta Pozanco, autora de "Café"
Paula Peralta Pozanco, autora de “Café”

Tiene 19 años y ya escrita una de las mejores novelas que he leído este año. Paula Peralta ha publicado Café después de pasar una campaña de crowdfunding con la editorial Libros.com. Esta historia de héroes, de pérdidas y de cómo nos afectan los cambios, todo ello narrado con una madurez literaria que llama especialmente la atención dada la juventud de la autora catalana. De su experiencia en la escritura, de sus proyectos y de su concepción de la vida nos habla en esta entrevista. Pasen y lean.

Pregunta (P): Tu primera novela se titula Café y mientras una lo lee está buscando durante todo el rato ese café y su relación con la historia. ¿Nos puedes revelar el porqué de este título?

Bueno, es sencillo. Ir a tomarse un café es una actividad muy social, muy cercana. Vamos a tomar café con nuestros amigos, con nuestros padres, con cualquiera. Muchas veces decimos que vamos a ir a hacer un café y ni siquiera bebemos café, como es mi caso. El café es algo muy natural, muy presente en nuestra vida, que para mí invita a la reflexión y el diálogo, a la introspección. No tanto en sí como en su contexto. En la novela, el café es casi un símbolo de la relación de los dos principales protagonistas: Red y Jules. Se transforma en una especie de nexo entre ellos.

De alguna forma, creí que era una bonita forma de sintetizar el espíritu de la novela.

(P): ¿Cómo ha resultado la experiencia de la edición mediante crowdfunding?

El proyecto que plantea la editorial es una interesante forma de plantearse el panorama editorial. Así que diría que sí, ha sido interesante. Es una experiencia que me pidió dejar de un lado la vergüenza. Hablé con contactos que tenía algo más perdidos, llegué a saber de gente con la que jamás había hablado directamente y que parecían encantados con la idea. Me he sentido conectada con un círculo de personas que no necesariamente conocía pero que decidieron apostar por mí. Ha sido una experiencia que me ha dado el empuje que esperaba.

(P): Café nos habla de pérdidas y de cómo las afrontamos para seguir adelante, ¿cómo nace esta historia? ¿Se inspira en algo real?

Por supuesto. Mis experiencias son el esqueleto de todos mis trabajos y construyo a partir de ellos. Todo lo que escribo tiene una raíz de experiencia propia. Quiero creer que escribo desde el estómago, desde el corazón y desde las manos. Intento plasmar aquellas cosas que he sentido y que creo que otra persona podría haber sentido.

A diferencia de Jules o de Red, yo no he tenido pérdidas tan significativas (me siento afortunada de poder decir que no ha habido ningún familiar extremadamente cercano que me haya dejado, aunque sí que han estado enfermos). Sin embargo, supongo que es un sentimiento universal y con el que todos nos identificamos alguna vez. La muerte está muy presente en nuestras vidas. Mucho más de lo que parece. Y nos puede tocar a todos. Pero esa no es la única pérdida que existe y también quería hablar de eso.

(P): Los héroes también están muy presentes, ¿qué son y qué simbolizan?

Héroes. Para mí simbolizan un ideal inalcanzable. Creo que esa es la idea principal de la novela, de hecho. Buscamos en la gente aquello que solo podemos hacer por nosotros mismos. Supongo que los héroes no son más que una construcción, parte de la ficción que existe en la vida real. Crees en ellos o no. Lo demás está en ti. Escribí esta novela con la idea de que yo estaba buscando a mis héroes pero que todos ellos era yo. Por eso mismo, no creo en los héroes de una forma fácil. Es algo más parecido a la fe ciega. Espero haber conseguido sembrar esa semilla con Café y sus héroes.

descarga(P): ¿El tránsito de la juventud a la madurez es tan duro como pintas en la novela?

¿Lo es? Supongo que es interesante verlo así. Me siento distante con el episodio de mi vida que ocasionó Café. Es como si pudiera disociarme, en parte, de aquella muchacha que lo escribía. Como si pudiera verme desde fuera. Ahora bien, ¿duro? No creo que sea una forma dura de verlo. Crecer te pide tiempo y te pide espacio y te pide paciencia. Creo que parte de la problemática de pasar de la juventud a la madurez es la consciencia de que seguirás siendo igual de inexperto frente a las cosas nuevas, que tendrás que labrarte el camino. Si se ha plasmado como algo duro, supongo que poco puedo decir ante eso. Lo cierto es que para mí es una visión de crecer que habla de los obstáculos y las frustraciones a las que cada uno se enfrenta.

(P): La historia la has escrito con 17 años, ¿cambiarías algo de ella?

Obviamente, hay cosas que cambiaría. Supongo que nunca dejaría de escribir una historia. Podría repasarla doscientas veces y jamás estaría perfecta. Pero es precisamente por esa distancia que he ganado con ella que he conseguido no hacerlo. Esa es la historia que ocurrió. Es, en muchos sentidos, una novela de aprendizaje. Igual que Jules aprende a lo largo de la novela, yo descubrí muchas cosas escribiéndola y creo que eso es algo que el lector puede descubrir también.

Así que no, puesta delante del teclado, no cambiaría ni una palabra. Hacerlo sería una traición a mí misma, una especie de auto sabotaje inútil.

(P): Aunque hay dos personajes principales, tenemos a una serie de personas que están en el espacio de Woodsville y que crean un ambiente concreto, ¿qué pretendías con ello?

Creo que lo que realmente quería era hablar sobre cómo las cosas nos afectan a cada uno de distintas formas. Hay personajes muy diversos: jóvenes, adultos, niños, hombres, mujeres. Quería buscar todos los puntos de vista posibles y todas las personas que pudieran habitar en ese espacio. Woodsville, después de todo, ese pueblo cualquiera, no es sino un lugar creado por y para sus personajes. No es diferente a un Olimpo, como me ayudó a ver Benítez Reyes con su poema. Woodsville es también un espacio de leyenda, que se toma sus licencias para señalar la historia de cada uno de sus habitantes.

También quería hablar desde la realidad de las historias: buscar esa dilatación del tiempo, esa compañía entre los personajes; una rutina y un acomodamiento que todos tenemos. Las historias que se entrelazan y aparecen, episodios en la vida de los demás personajes, no son más que eso. Son capítulos en los que solo aparecen esporádicamente otros personajes, sus ideas, sus mismas preocupaciones. Todo lo que ocurre en el universo está conectado inexplicablemente, sin que necesariamente tenga una relación de causa/consecuencia. Cada personaje sirve a una idea sin que sea necesariamente de forma constante, desde su nivel, desde su experiencia, como cada uno hace.        

(P): ¿Cómo te están tratando los lectores/as?

¡Uf! De momento, genial. Estoy recibiendo mucho feedback. Aún es pronto para poder decir mucho, pero me siento muy contenta de poder compartir la historia con todos ellos. Algunos sienten más lejanos a unos personajes que otros y otros es completamente lo contrario. Creo que lo que más me llena es saber que de alguna forma, cada uno está apropiándose de él, tal y como quería.

(P): Defines Café como “joven, cercano y un tanto macarra”, ¿nos lo puedes explicar?

Café es muchas cosas. Y cuando alguien me lo pregunta aún me cuesta encontrar las palabras. Pero sí. Mantengo que es joven, muy joven. Es una novela que bebe de una persona de 16 años (que es cuando empecé a escribirla) y que, por tanto, creo que plasma muchas inquietudes que no necesariamente resuelve. Es distraída, dando rodeos. Es inquieta y algo cortante. Pero también busca una empatía con su lector, creando un espacio en el que le deja jugar. Por eso yo creo que es una niña muy gamberra (mi hija, la novela): tiene profundidad emocional y extraños sabotajes entre los personajes y sus visiones y el lector. A veces busca hacerte sentirte bien y otras veces incomodarte. No busca, por necesidad, hacer la lectura agradable o fluida.

Los personajes no tienen la razón universal ni lo que les ocurre es exactamente lo que ellos sienten al respecto. Como muchas otras historias, hay cosas que ocurren en sus cabezas y esa es una visión que Café busca a través de esa tensión entre el cinismo más gamberro y la delicadeza empática, arrojando al lector información sin necesariamente querer hacer de su propio juicio una verdad.

(P): ¿Crees que hay diferencias entre las novelas para jóvenes y para adultos?

La comprensión es un animal salvaje y la lectura es una actividad valiente. La literatura está para hablar de todas esas convenciones y esos tabús, para crecer y para aprender. Yo no entendí El Principito con seis años como lo que es hoy para mí, catorce años más tarde. Existen diferencias, sí. Pero no son tan importantes como se han hecho en estos últimos años.Cuando la gente se me escabulle, desmereciendo a la novela considerada juvenil, se me cae el alma al suelo. Existe una estigmatización pobre de espíritu contra lo que es la novela juvenil que me pone los pelos de punta. Es obvio que hay un problema en esa separación que no necesariamente es inútil pero que me desagrada por cómo se enfoca.

Creo que hay diferencias. Lo que no creo es que sean tan considerablemente importantes como para que eso afecte a la actitud de que una desmerezca a la otra.


(P): Como estudiante de Comunicación Audiovisual, ¿cómo ves la relación entre la literatura y la comunicación/ periodismo?

Soy una loca desesperada de la ficción. De hecho, entré en la carrera con la intención de poder encontrarla más allá de los libros. La estoy buscando siempre en todos los espacios, sin importarme cómo. Creo que cualquier tipo de comunicación es, de cualquier forma, literatura como la entendemos. Tan solo hay que buscar lo suficiente.

El mundo está ahora atrapado en un montón de redes comunicativas, incluso más de las que ya tenía antes. Me muero de ganas de poder descubrir un nuevo elemento que haga converger o divergir todos esos medios e idiomas que van apareciendo, algo nuevo sobre cómo el ser humano interactúa con su entorno. La literatura escribe en imágenes, construye espacios, dibuja personajes y el cine, la televisión o la radio hacen exactamente pero con otras herramientas.

(P): Esperanza y luz al final del túnel a pesar de todo lo malo. Esa es la sensación que me ha inspirado tu libro. ¿Estoy equivocada o era tu principal objetivo?

Ese era exactamente el objetivo. No te equivocas, no. Precisamente esa era la razón última por la que decidí terminar la novela tal y como termina, dejando claro que la vida continúa, y vuelve a empezar si crees que se ha detenido. No puedo darles eso a mis lectores. No puedo darles la eternidad porque no la tengo. Pero puedo ofrecerles un sorbito de esperanza, una promesa, y decirles que, pese a que todo, como Café, termina, si estás ahí es porque se puede volver a empezar. Las cosas malas, como las buenas, se terminan. La vida son etapas que no siempre van en línea recta. Vas a fracasar y vas a triunfar sin mérito y van a ocurrirte cosas, pero lo importante es que ocurran.

De hecho, he dejado un secreto escondido en la novela para todo aquel que quiera encontrarlo. Te animo a leer el prólogo y a encontrarlo.

(P): La ilustración de la portada es preciosa, ¿eres de las que crees en el libro como un todo del que se debe cuidar cada detalle?

Ricard (Ricardilus en Instagram, echadle un vistazo) es un ilustrador impresionante y un artista increíble. Aun sumergido de cabeza en su proyecto, “La Folie”, encontró todo el tiempo posible para dedicárselo a Café y su portada.

Y sí, soy de esas. Creo que todo lo que hay en un libro es comunicación, todo en él explica la novela y creo que, de hecho, es esa portada lo que realmente crea también esa tensión entre lo que promete su portada y lo que promete su contraportada, dejando el texto entre medio, acercándola más a su dimensión Young adult. Estoy muy contenta con la portada porque, además de ser diegética (representa que forma parte de la novela, como bien sabrás si la has leído), es exactamente lo que esperaba de ella. Ha sido un placer trabajar con Ricard.

(P): ¿Cuáles son tus gustos literarios, cinematográficos y artísticos?

Increíble. Como para resumirlo. Supongo que en gustos literarios estoy siempre cambiando. He pasado unos últimos años leyendo clásicos o los considerados clásicos. Luciérnagas, de Matute, es una de mis novelas favoritas y me sentí muy identificada con ella y con su propia historia, más allá de la novela, a través de la misma. El Principito, de A. de Saint-Exupéry, me enternece y me llega al alma con las frases más cortas. Me parece un trabajo de síntesis y condensación visual alucinante. Soy una gran fan del trabajo de Suzanne Collins con Los Juegos del Hambre o de Maggie Stieffvater con Los Chicos del Cuervo. Últimamente estoy enamorada del trabajo de Iria G. Parente y Selene M. Pascual (Sueños de Piedra, Títeres de la Magia) y su forma de adentrarse de cabeza en lo más valiente de su propia escritura.

En cine ya hablamos de otra cosa. Cualquier tipo de película que sea capaz de atraparme en la silla, generalmente que me empodere, que me haga sentir capaz y que me llene con su historia o su narración, sin importar su género (aunque de preferencia, terror). Algunas de mis películas favoritas han sido GoneGirl, Stoker, Expediente Warren, Scream (de WesCraven, un clásico), Orgullo, Prejuicio y Zombies, The Final Girls, Frozen, Rec3, Song of the Sea…

Y en el panorama artístico, el eterno Van Gogh y su figura idolatrada. Después de todo, Red está basado en Van Gogh y la transformación de su personaje a lo largo de los años. Monet, Renoir, Kandinsky. La escultura Elsprimersfreds de Miquel Blay. Hay muchísimos artistas digitales que sigo por redes sociales, con un talento casi impensable. Tchaikovsky y Taylor Swift. Hay muchísimos, no acabaríamos jamás.

(P): ¿Cómo está el mundo editorial para las personas jóvenes que empiezan y anhelan conseguir un pequeño espacio en la literatura?

No está mal. Tienes que saber abrirte camino al principio pero, de momento, está siendo acogedor. Tienes que ponderar si quieres una editorial, si no, si ellos consideran que tu manuscrito se adapta a lo que buscan, si no… Mi consejo es ir exactamente a por lo que quieras y no dejar que nadie te siente en una silla si quieres estar de pie o que te dejen de pie si quieres una silla.

El paso más difícil es el de valorarse a uno mismo y el de ser capaz de conocer tus propios límites para poder expresarlos sin ningún tipo de excusa. Es una aventura pero conozco a muchos escritores jóvenes y sé que ninguno de nosotros se va a frenar a sí mismo o a los demás.

(P): ¿Estás embarcada en algún proyecto literario del que nos puedas hablar?

Ahora misma estoy embarcada en una trilogía. Se trata de una trilogía fantástica/mitológica que quizá podría encajar en el marco Young adult, protagonizada por tres chicas. Escribí la primera parte este año pasado y ahora, gracias al #NaNoWriM02016 he conseguido terminar el borrador de lo que sería la segunda parte. Pero hasta ahí puedo leer, porque todavía son monstruitos sin formar.

Tengo más proyectos, por eso, aunque no todos literarios.