Delphine de Vigan
Delphine de Vigan

Ficción y realidad conviven continuamente, y en algunas ocasiones ambas se relacionan tanto que semeja que no pudiesen separarse nunca. La anhelada objetividad no existe, porque escribamos, opinemos, cantemos o simplemente hablemos, lo vamos a hace desde un tamiz personal, en el que se encuentra el umbral que diferencia a una persona de otra.

“La escritura es impotente. Como mucho permite plantear preguntas e interrogar a la memoria”.

Delphine de Vigan, la autora francesa reconocida en el mundo entero por su obra Días sin hambre donde cuenta sus vivencias con la anorexia, intentó, a raíz del suicidio de su madre en 2008, interrogar a la memoria, y construir la historia de su madre, para llegar a entender su vida y los porqués del fin de la misma. Nada se opone a la noche arranca bien, nos cuenta su infancia, la historia de sus padres, de cómo Lucile se convierte en una mujer fatigada, sin un lugar en el mundo. En medio de esa aparente ficción en tercera persona, Delphine de Vigan, nos plantea muchas dudas a la hora de hablar de Lucile, su madre, y es en la segunda parte cuando huye de la pretendida objetividad, para involucrar su voz como parte implicada de la historia.

Y es que, como esta es la historia de la madre y la familia, de Vigan se interroga sobre su relación con ella, su separación, y su infancia trastocada por la difícil personalidad de Lucile. Nos encontramos ante el relato de una búsqueda, a veces infructuosa, a menudo periodística, ya que la autora habla con los hermanos y hermanas de su madre para que le ofrezcan los recuerdos que tienen de ella, palabras que sirven de documentación a la novela. A través de los testimonios de ellos, Lucile va tomando forma, y la vamos viendo como una persona que no vivió su momento, y que siempre se sintió en un mundo aparte. De hecho, el recuerdo que más empaña la mente de Delphine es  el de una madre distante y colocándose de droga todas las noches.

La familia es ese ente donde se gesta parte de la personalidad futura de una persona, y ahí es donde hay que buscar precisamente los porqués del hastío de Lucile. Con una madre sin voz ni voto, un padre abusador, y un ambiente con el suicidio como fantasma (tres de sus hermanos se suicidan el diferentes momentos), se forja un carácter que roza la locura, que se cuestiona a menudo su pertenencia al mundo.

En esta obra, la escritora francesa se confiesa, y nos desvela ser la autora de Días sin hambre, que había escrito bajo seudónimo en 2001, y de la que habla en estos términos: “cuenta el frío que la invade, la alimentación por sonda lateral, el encuentro con otros pacientes, el regreso progresivo de las sensaciones, los sentimientos, la cura”.

A pesar de que la novela es dura, la autora nos describe los hechos de forma poética, con un lenguaje que te hace ver que aun en momentos duros, las palabras pueden sonar bonitas, suenan como música, empezando ya por el propio título, ese Nada se opone a la noche que está tomando de la canción Osez Josephine, escrita por Alain Banhung y Jean Fauque, y que tanto acompañó a la autora en esta búsqueda de la realidad de su madre. Entre la fábula y la verdad, y entre la reconstrucción y el abandono, Nada se opone a la noche es una novela sobre lo que queda tras la muerte de una madre, tema que había tratado de forma magistral Albert Cohen en El libro de mi madre.

Ficha técnica

9788433978424Título: Nada se opone a la noche

Autora: Delphine de Vigan

Editorial: Anagrama

Año de publicación: 2012

Número de páginas: 376