Aránzazu Hernández grita al mundo en su poemario "Asfáltica"
Aránzazu Hernández grita al mundo en su poemario “Asfáltica”

Conocía a Aránzazu Hernández a través el poemario Asfáltica, publicado por Luhu Editores y que supone una provocación a todo el mundo y lo que consideramos políticamente correcto. Sus versos son intransigentes, al igual que se define ella, quien también nos habla de su personalidad única, que no encaja en estereotipos. Podéis comprobar todo esto y más en esta entrevista.

Pregunta (P): Vemos en tu biografía que eres una tuitera empedernida y que viertes palabras en dos blogs, ¿define esto tu personalidad o destacarías algo más?

No me define eso, en absoluto. Lo que me define de verdad no lo puedo expresar en unas pocas líneas que acompañan a la sinopsis de un libro, que es de lo que se trataba de hacer. Lo cierto es que lo conté así, a bote pronto, respondiendo más a una voluntad inconsciente de no querer contar qué o quién soy. A nivel literario, Asfáltica es lo único que he publicado. Y quizá lo único. Por otro lado, no me pareció necesario contar mis batallas, ni mis logros o fracasos personales o profesionales. Sencillamente conté de mí lo poco que dejo saber. En el fondo, mi vida no tiene mayor interés, salvo para mí y mis allegados. No tengo un currículum literario público, por así decirlo, aunque lleve casi toda la vida escribiendo.

(P): ¿Por qué te has decantado por el género de la poesía? ¿Tiene algo que ver con circunstancias de índole personal?

La poesía me ha concedido otra expresividad difícilmente alcanzable por otro tipo de escritura. Y no solamente a nivel emocional. El juego de las imágenes y el subconsciente me da mucho más margen para encontrar un lenguaje acorde a los laberintos cruzados de la sensación y la imaginación. Es mucho más viva en continente y contenido.

(P): Tu poemario Asfáltica nos grita contra lo políticamente correcto, ¿tienes afán provocador?

Sin duda alguna. Asfáltica, como personaje, ha hecho posible sacar esa vertiente inconformista por la que respiro también. Me gusta provocar, dar otra perspectiva. Y provocarme a mí misma. Redescubrir ese otro lado.

(P): Tus versos simbolizan caótica locura, e intentas alejarte de tópicos y estereotipos en un mundo que tiende cada vez más a la homogeneización, ¿crees que lo has conseguido?

No sé qué pensará el que me lea. Pero, quien me conoce, sabe que no encajo en ningún estereotipo. Y esa incoherencia de personalidades, a veces tan cruel, es la que me hace apetecible esto de vivir. Si no, me aburriría. Y supongo que de ello se han contagiado los versos. Los tópicos están para romperlos.

(P): La ciudad está aquí muy presente, ese asfalto que parece que influye mucho en el sentir y en el actuar de las personas, ¿te ves como una rata de ciudad en el mundo?

Soy una rata. Y soy un perro callejero. Y también un pajarillo que aún respira pese a los humos que va dejando el tráfico. Hay todo un universo circulando por el subsuelo, pero no dejo de admirar lo heroico que tiene el cielo de las ciudades. Sobre todo cuando se despejan en los inviernos fríos. Más allá de las metáforas, la ciudad y el asfalto simbolizan un modo de vivir que nos ha tocado en suerte y que tiene un lado oscuro asociado a la soledad.  De la soledad manan muchas realidades.

La ciudad, sobre todo por la noche, es una mancha indeleble. Una mancha, a veces, llena de hermosura.

portada-asfaltica(P): No me puedo resistir a preguntarte cuánto hay de ti y de tu mundo en este poemario, ¿es tanto como parece?

Todo el que escribe, aun sin quererlo, deja un poso de sí mismo, aunque sea mínimo, bajo las palabras y los escenarios. No me creo que todo surja de la nada ni de la imaginación. Ahora bien, eso no quiere decir que cada emoción o concepto latente en un verso tenga que ser fruto de una experiencia real y concreta.

No me gusta el desnudo integral porque sí. Eso es lo fácil. El desahogo. Pero no me sirve así la escritura. La poesía, para mí, es algo más que el propio sentimiento. Es otra búsqueda más compleja que va más allá.

(P): La poesía pulula por las redes sociales, la buena y la mala, ¿cómo ves tú el panorama de la lírica a día de hoy?

Afortunadamente, sigo encontrando grandes poetas. Lo que ocurre con las redes sociales es que hay tal exceso de información que es difícil llegar a dar con aquellos escritores que respondan a mis inquietudes. En los que detenerse, sin la inmediatez que nos devora, y perderse un rato. Disfrutar la lectura lentamente.

Pero los hay. Y eso me motiva, me alegra y me enriquece.

(P): Los versos recogidos en Asfáltica tienen voz de mujer, ¿realmente existe una literatura/poesía con voz masculina y otra femenina? Háblanos un poco de cómo concibes el concepto de género en la escritura.

No creo que la literatura tenga género. Pero, si te hablo de Asfáltica, nombre/concepto del personaje, te hablo de una mujer. En su momento así lo expresé —quizá sin explicarlo bien— para situar al lector frente a lo más terrenal del personaje que tenía, por otro lado, un simbolismo etéreo difícil de explicar.

(P): ¿Con tu poesía pretendes quizá oponerte al mundo, gritarle que está siendo injusto con las nuevas generaciones?

Parto de la base de escribir sin pretender. Mi lenguaje suele ser provocativo;me gusta dar un giro en la mirada. En la mía y en la del otro. Pero no toda la poesía va en la línea que comentas. Solamente en algunos pocos poemas he querido conscientemente gritar mi forma de entender la poesía funcional, como motor de revolución.

Generalmente, doy una respuesta, con mi lenguaje, hacia una náusea personal. Es otro modo de ser y sobrevivir. Es un inconformismo pausado, quizá. Pero no soy adalid de nada.

(P): Permíteme que vea en tus poemas un atisbo de la literatura de Hunter S. Thompson o de Charles Bukowsky, en el sentido del asqueo del mundo, ¿cuáles son tus referentes culturales para la creación?

He bebido de muchas fuentes. Tan inconexas entre ellas, que me es difícil acotar el estilo del que me he curtido con los años. Casi siempre en lengua española. Mucha poesía. Y autores que entran en lo humanístico y en la filosofía. Lo que sí me marcó fue el encuentro con el surrealismo en la literatura. Por ahí puedo citar a André Bretón u Oliverio Girondo.

No me olvido de Cortázar ni de Lorca. Ni de Adonis, un gran punto de inflexión para mí.

Tampoco de Luis García Montero. Con este último, me sumergí en el movimiento de la poesía de la experiencia.

Curiosamente, de Bukowski he leído poco. No es de mis referentes, pero algunos poemas sí me gustaron.

(P): ¿Por qué leer poesía en un mundo donde las estadísticas alertan por momentos de que los seres humanos ya no leemos tanto como hace unos años?

La poesía conecta con otra parte de nosotros que transcurre paralela al mundo más tangible y directo. Es contraria a la inmediatez. Eso no lo capta todo el mundo a la primera y no hay que imponerlo.

Sin duda, la poesía nos pone de frente a la realidad de un vínculo invisible que queremos, a veces, obviar. Nos hace escuchar y hablar con otra piel.

No soy abanderada de nada, pero sea poesía o no, lo importante es leer. Cuanto más, mejor. Nos abre.

(P): Hace poco leía un artículo sobre la necesidad o no de justificar hoy en día el acto de leer poesía, ¿a diario justificas tus creaciones poéticas?

Ni justifico lo que escribo ni justifico lo que leo. Es más simple. Uno se acerca  a todo lo que le ayuda, le despierta o le inspira. Sin pensar más. Por mi parte, puedo transmitir esa inclinación personal, pero en sí no es un acto de justificación.

(P): En tu blog Monólogos de un asfalto umbilical vas subiendo poesías pero también pequeños relatos, ¿el verdadero sentimiento está entonces en los textos más condensados?

No tomo la extensión de los textos como modo de concentrar o no los sentimientos. Casi todos los relatos responden más a la necesidad de probar otras formas para contar historias o imágenes que no nacen de ningún sentimiento definido. Por ahí también encontré en la prosa lírica un medio bastante cómodo para acercarme y hablarle directamente al lector.

(P): ¿Estás inmersa en la actualidad en algún proyecto literario del que nos puedas hablar?

Tengo bastantes proyectos en curso.Que vean la luz o no ya es otro cantar. Algunos de ellos solamente están en mi cabeza, de momento. Necesito separar mi realidad de lo que realmente da vida a mi escritura y canalizarlas inquietudes en nuevas direcciones. Sigo con la poesía, que es mi vehículo espiritual. También tengo empezada una novela de corte psicológico bastante difícil.

Lo cierto es que, para todo ello, he de seguir aprendiendo, leer mucho más, observar despacio y, sobre todo, vivir. Sin olvidar el trabajo introspectivo que la inspiración necesita para  sostenerse a diario. Solamente así tiene sentido para mí el ejercicio de escribir.