Últimamente, quizás por azar, estoy leyendo muchos libros con reflexiones literarias a la memoria y los recuerdos. Ese pasado que actúa como catalizador del presente y de un futuro, ya que todo está encadenado. Si Matute habla desde la voz de la infancia, Modiano lo hace para recordar esos años de la ocupación nazi en París. Por poner dos ejemplos.

Luis Landero
Luis Landero

Siguiendo con la memoria, ayer mismo terminaba El balcón en invierno (2014) de Luis Landero, una historia en la que recordar es un grito al pasado. Cansado ya de tanta ficción y novelas, de las que se burla con ironía, decide poner toda su vida como caldo para esta reciente novela. El resultado no es más que su propia vida pasada por el tamiz de su mente. Landero escribe sobre recuerdos: de la infancia, de su padre autoritario, de sus primeras lecturas, de cómo de la nada se hizo un nombre, del campo y sus virtudes por oposición a la ciudad, de su primo Paco y sus inicios como guitarrista, y de cómo la escritura forjó todo el carácter de quien hoy es. Desde que su madre le decía “eres un mentiroso” por inventar o exagerar los sucesos y las impresiones de lo que veía, hasta ser un novelista que ficciona pero también dice verdades.

“En los libros leídos está la sombra, el rastro de lo que fuimos, los diversos bocetos de nuestro aprendizaje estético y de nuestra evolución vital, los vestigios de ciertos afanes que un día nos conmovieron y que luego, tras ser devastados por el tiempo, con los materiales de sus ruinas construimos nuestro modo de ser y de sentir, y lo más valioso y secreto de nuestro bagaje cultural”.

Landero construye el libro como un diálogo con su madre. A ella le pregunta sobre su pasado, con ella habla de su padre desaparecido cuando él tan sólo contaba dieciséis años, de sus orígenes en una familia de hojalateros, de la Guerra Civil que quiso truncar las vidas de aquellos que la vivieron. Pero Landero escribe esta su historia para frenar el paso del tiempo e impedir que el campo y sus costumbres se pierdan, pero él lo cuenta basándose en sus recuerdos, en las comidas familiares llenas de discusiones y memoria colectiva de cuando era un niño. Porque vivirlo ahora ya no es posible, él mismo escribe que el campo y las aldeas quedarán solamente en los estudios de los etnógrafos.

El balcón en invierno no es un libro de memorias, ni mucho menos, es una historia que nace del propio autor y que relata el fin de una generación, pero también su lucha y la promesa a su padre de ser alguien en la vida. Y es que su progenitor, tan presente en todas sus obras, estaría ahora orgulloso de Luis Landero, ese chico que descubrió la poesía siendo un adolescente, ese que nunca quiso vivir de obligaciones, ese que sigue siendo autoexigente a pesar de la gran literatura que practica… Landero es de esos autores que sin un libro en su infancia y del caos de sus primeras lecturas, llegó a idear una biblioteca en la que Madame Bovary de Flaubert o Rojo y negro de Stendhal son ejemplos de su amor por la buena literatura.

No me resisto a compartir el último párrafo del libro: “En cada instante, en cada frase, en cada suspiro, en cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van  a partes iguales. Eso es todo, y no hay más que contar. Un grano de alegría, un mar de arena.”

De nuevo, música con las palabras.

Ficha técnica

descargaTítulo: El balcón en invierno

Autor: Luis Landero

Año de publicación: 2014

Editorial: Tusquets Editores

Número de páginas: 248