Es difícil capturar la esencia de las buenas palabras de un buen libro, valga la redundancia. Es la tarea más ardua de todo lo que pretenda ser una crítica literaria, o una reflexión sobre un libro, y el poso que éste deja en nuestras vidas.

El estilo es lo que mejor define una novela, y si a ello se le añade una historia emocionante, pues cuanto más grata resulta la experiencia lectora. Y si a ello se le suma un aprendizaje por parte del lector pues ya se superan todos los límites.

Imaginemos eso, lo que sería el ideal al que tiende toda novela. Pues eso mismo es El Capitán Alatriste (1996), el primer libro de Arturo Pérez Reverte de los siete que componen esta saga de las aventuras de un tal Diego Alatriste y Tenorio, un soldado que vive la guerra de los tercios de Flandes y que está inspirado en los versos del gran Francisco de Quevedo.

imagesReverte nos sumerge en una historia llena de reyertas políticas pero dónde se tenían en cuenta los valores como el honor y la dignidad. En base a ese ideal se construye la mítica figura de Alatriste, historia del cual es redactada por su paje Íñigo Balboa, que siente un agradecimiento por su compañero, al igual que éste lo había sentido por su padre, Lope de Balboa. El autor nos quiere destacar las ansias de agradecimiento que tenía la sociedad del Siglo de Oro.

En medio de esas aventuras que continuarán en los siguientes libros, acudimos a una serie de versos de Quevedo o Lope de Vega que magnifican la ocurrencia de unos hechos en un tiempo histórico que no dista mucho del de hoy, excepto por los valores venerados.

El Capitán Alatriste viene a ser de esos libros a los que no les sobra ni les falta nada, pero que dejan unas palabras clavadas en la mente, y un estilo que imita casi a la perfección lo que fue el vocabulario de una época gloriosa para unos, maldita para otros. “Pardiez”, “vive Dios”, “escaramuzas” o “arcabuces” nos hacen ver que el idioma es cambiante y que unas palabras importantes en un momento, pueden ser insignificantes en otro. Este dominio de la lengua lo tiene Reverte quizás por esa inmensa biblioteca que tiene sobre el Siglo de Oro español, como el otro día escuchaba de boca de un madrileño en una mesa redonda sobre bibliofilia.

El amor hacia la historia se nota, y el manejo de la lengua también. A partir de ahí, la creación de una historia que emocione nace con esfuerzo. Y el lector, aún el menos avezado, logra valorar la recreación de unos espacios inmensamente reales, y de un tiempo muy mítico y desconocido a la vez. Un libro para soñar, para amar la figura de un Alatriste maldito.

Y vosotros, ¿sabéis quién era el Capitán Alatriste?

“Era fatalista el capitán Alatriste. Tal vez su condición de viejo soldado- había peleado en Flandes y el Mediterráneo tras escapar de la escuela para alistarse como paje y tambor a los trece años- dejó impresa en él aquella manera tan suya de encajar el riesgo, los malos tragos, las incertidumbres y sinsabores de una vida bronca, difícil, con el estoicismo de quien se acostumbra a no esperar otra cosa”.