El río que se secaba los jueves

Un pequeño pueblo de pescadores era nómada: allá adonde iba se llevaba el mar”.

Escribir sobre las cosas más surrealistas supone inventar un presente que, ¿quién sabe? Igual se convierte en futuro. Así definiría el libro de Víctor González titulado El río que se secaba los jueves, editado por Kalandraka y con unas ilustraciones de Pablo Amargo que nos hacen creer que volver a creer en la humanidad es posible. Y es que cada uno de los cuentos y microcuentos aquí recogidos poseen un alma propia y, a través de sucesos inventados e inimaginables, nos hacen repensar muchas ideas preconcebidas y reflexionar sobre la vida cotidiana. No se le puede pedir más a un libro, la verdad.

El río que se secaba los jueves, y otros cuentos imposibles (como reza en el subtítulo) se erige como una propuesta de lo más interesante tanto para pequeños como mayores, pues en él convive la inocencia más pura y la capacidad reflexiva que se le presupone a un adulto. Animales que hablan, princesas que se enamoran de cocineros, el niño que cambiaba de nombre o el río que siempre se secaba los jueves, son solo una pequeña demostración de la inmensidad que se encuentra en este libro, en donde se homenajea al cuento tradicional pero desde una óptica rompedora y adaptada a nuestros días: no en vano, se le da una vuelta de tuerca a las ideas transmitidas durante tanto tiempo en ellos, buscando con ello crear espejos tanto para los niños como para las niñas, y huyendo de tópicos de género.

En buena parte de los textos relatados por Víctor González se puede ver el amor hacia las historias, el arte y la infancia como gran espacio y tiempo para que todo ello crezca y madure. De ello hablan “la máquina de cuentos”, “los dos artistas”, “la niña inventora” o “el prólogo más largo del mundo”. Y es que está claro, aunque la novela sea el formato que más prospera en la actualidad, la verdadera maestría de un autor o autora se demuestra en los pequeños formatos donde la intensidad, como ocurre en este caso, se condensa en pocas líneas y permite llegar a un número mayor de personas.

Jugando con la idea de lo nunca visto, el autor posee la capacidad de llevarnos a lo más cotidiano y plantearnos la posibilidad de que lo narrado acontezca en realidad. Y, aunque nos advierta, a través de una cita de Luciano de Samosata, que no debemos dar credibilidad a lo que cuenta, lo cierto es que resulta una tarea difícil por la maestría que desprenden estas letras. Por cierto, destáquese también el afán reivindicativo y de concienciación al respecto de determinados temas como los animales, la naturaleza, el arte, la infancia, la sabiduría popular… En definitiva, una lectura para disfrutar con calma, para leer en alto y recuperar esa hoguera en la que los abuelos contaban antiguamente los cuentos. Porque, está claro, el ser humano necesita del arte y de lo abstracto para hacer su vida menos monótona y rutinaria.

Ficha técnica

Título: El río que se secaba los jueves

Autor: Víctor González

Ilustraciones: Pablo Amargo

Editorial: Kalandraka

Año de publicación: 2018

Número de páginas: 207

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

Un comentario sobre “El río que se secaba los jueves

  1. Muchas gracias chicos/as. Por suerte no podéis verme, porque en este momento estoy colorado como un tomate. Un súper abrazo, Víctor González. Y gracias otra vez.

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