Sarah Orne Jewett
Sarah Orne Jewett

Vivir en un pequeño pueblo tiene múltiples beneficios y otras tantas desventajas, pero cuando hablo de ello siempre se me vienen a la mente dos ideas contrapuestas. El pueblo es tranquilidad y soledad; a partes iguales estas características se oponen y con frecuencia son esgrimidas por los que debaten en torno a vivir o no en el campo.

Este debate se nos plantea en la novela de Sarah Orne Jewett, La tierra de los abetos puntiagudos, una obra traducida al español y publicada por la editorial Dos Bigotes,  un clásico aparecido en 1896 por una autora que mantuvo una estrecha relación con la también escritora Annie Fields, esposa del editor James Fields, y que ya con 19 años publicó su primer relato en la revista Atlantic Monthly, llegando a ser en las décadas siguientes una autora reputada. Esta obra es la más conocida, y fue considerada por Willa Cather como un libro “con una larga, larga vida”, y no se equivocó, ya que hoy no pierde su actualidad.

¿Qué nos plantea entonces La tierra de los abetos puntiagudos? Un cante a un mundo que se acaba, y la tranquilidad de los pueblos pequeños. En un verano, una escritora decide refugiarse en un lugar tranquilo y llega a la localidad costera de Dunnet Landing, villa ficticia al este de Maine, y allí vive  momentos inolvidables, conoce de la mano de una experta botánica a las personas de la región, que no son muchas, pero constituyen una pequeña comunidad. Casualmente, a partir de ahí se refleja también esa idea de la soledad, ya que se nos van presentando tipos que intentan luchar en un mundo que parece marginarlos por momentos. He aquí la dualidad entre soledad y tranquilidad.

Se describen paisajes que rozan lo bucólico, y que nos enamoran, al igual que el primer amor, como se nos cuenta en el siguiente fragmento:

“Cuando uno conoce un pueblo como este y su entorno, es como si conociera a una persona. El amor a primera vista es tan repentino como rotundo, pero construir una verdadera amistad puede ser labor de toda una vida”.

Este libro es una historia de defensa de la vida simple, lenta, sin más quehaceres que los de disfrutar de la existencia, lejos del ajetreo, esos momentos que todos necesitamos en determinados momentos. Por ello, aun escrita hace un siglo, conserva hoy toda su actualidad. Y es que sumergidos en medio de ordenadores, móviles por las calles, y ondas por todos lados, ¿por qué no trasladarnos a este pueblito de Sarah Orne Jewett?

Me recuerda esta novela en su fondo a La vida simple, obra escrita por el francés Sylvain Tesson hace dos años y que defiende justamente eso, el alejarse de lo material, para irse a un mundo más simple.

“El aire era puro y una no podía desear otra cosa que convertirse en ciudadana de un continente tan diminuto pero completo como aquella tierra de pescadores”.

Ficha técnica

abetos-215x312Título: La tierra de los abetos puntiagudos

Autora: Sarah Orne Jewett

Año de publicación: 1896

Año de edición: 2015

Editorial: Dos Bigotes

Número de páginas: 166