Foto de Chema Madoz
Foto de Chema Madoz

Quería perdurar, ser imprescindible para alguien. Porque sabía que la materia no es imperecedera, pero los cuerpos y el alma pueden romper con ese tópico de lo perecedero. Quería serlo y jugaba con eso, creyendo, ilusa de mí, que lo había conseguido.

Derramaba lágrimas, jugaba con tu pelo, deseaba que el futuro nos perpetuase, que hiciese algo bueno con nosotros. Que nos demostrase que el amor podía ser más fuerte que una muerte, que nos abriese los ojos y nos los cerrase como en las películas.

Quería, quería, quería, pero no fue suficiente ese querer que se nos iba de las manos como una fuerza letal imparable que no éramos capaces de controlar.

Por querer, me aferré a esos elementos con los que comenzamos esta aventura aquel día. Un lápiz de cacao con sabor a limón, un perfume dulce que tú me regalaste, una promesa quizás eterna en aquel momento, y hasta unas bragas que tuvieron durante mucho tiempo ese olor y sabor de lo prohibido.  Me aferré a esos clavos ardiendo, pues estaba claro que mientras ellos durasen el amor estaría ahí, al igual que bajo las sábanas en las que tantas veces nos cobijamos.

Anhelé durante mucho tiempo que el limón no se consumiese en mis labios, ya que te temía (y sigo temiendo) que el amor se escapase con su olor y sabor.