Cuadro 'La lectora' de Edward Hopper
Cuadro ‘La lectora’ de Edward Hopper

Siempre escuchamos que la música es el principal catalizador de recuerdos. Podemos escuchar una canción y viajar inmediatamente a nuestra infancia, o bailar una música y pasear por los albores de la nostalgia, queramos o no queramos.

La música, las canciones, funcionan como bandas sonoras de nuestras vidas, como evocadoras de recuerdos, y como garantías de que el pensamiento es mágico ya que activa los recuerdos de la forma más inesperada.

Pero se me ocurre que también el libro, la literatura, es otra fuente de recuerdos importante. Me debato constantemente alrededor de esta idea, porque ahora cuento mis años en función de lo que me han aportado  ciertos libros en momentos concretos de mi vida. 

Un día estaba triste y recorrí a ese libro que me dio la paz que necesitaba, otro día leí una historia sobre un personaje que era tal cual yo, al siguiente caí en la tentación de buscar mis sentimientos en una poesía, y al otro descubrí por casualidad una de las historias que más me han cambiado la vida. En este último punto, os quería contar cómo llegué a leer El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez: al poco de la muerte del escritor y periodista colombiano quería leer algo más suyo como homenaje (lo hago muchas veces) y quería una obra que hablase de amor. La casualidad quiso que llegase a conocer la que es a día de hoy la mejor historia de amor que he leído nunca jamás. Y, casi dos años después, recuerdo con ternura ese momento y lo enmarco como un acontecimiento importante en mi vida.

El momento en el que conoces cada libro es clave, si este te ha llegado realmente a calar, claro.  Por eso, me gustaría que me contaseis si a vosotr@s os ocurre lo mismo con los libros, y cuál recordáis con más cariño.