descarga (2)Los libros que son capaces de conjugar la historia real con la ficticia, son esos que merecen la pena. Porque en toda novela hay ensoñación y aprendizaje, y la capacidad del escritor se mide así. En mi experiencia personal, las historias que enganchan y me enseñan algo son de agradecer, tendencia que supongo se dará en más gente.  Porque la literatura de poco vale si no nos enseña algo, a vivir mejor y a aprender de los errores pasados. Toda esta filosofía sirve como presentación de La esperanza del Tíbet (2013) de José Vicente Alfaro, una de las obras autopublicadas en Amazon, que tanto éxito está teniendo en estos tiempos (estuvo entre los más vendidos de Amazon durante varias temporadas).

La esperanza del Tíbet es un libro para soñar y en el que se aprende mucho. En él se narran dos historias en un comienzo independientes que se van a encontrar al final: el camino que siguen los hermanos Chögyam y Thupten tras la muerte de sus padres en el Kham (una región tibetana), y las rabias entre monjes budistas en ese territorio para intentar salvar una religión frente al Imperio mongol (el tema central). Alrededor del año 1270 y con mucho vocabulario específico del budismo: la elección del Karmapa será el tema que una las historias y la que será el triunfo de la religión budista en el Tíbet frente al cristianismo y al mongol.  La intriga está muy bien fraccionada y la estructura ayuda mucho en ello.

La novela tiene unas descripciones sobre esas montañas del Tíbet que son hermosas, y se puede calificar de temática histórica similar a Los Pilares de la tierra o Un mundo sin fin, las obras sobre la Edad Media de Ken Follet en lo que a las rencillas entre los monjes se refiere. Parece que en temas religiosos, las envidias dan lugar para miles de historias, independientemente del tiempo histórico y del lugar. Simplemente, es el poder que corrompe, y las ansias por ser alguien en la vida.

También encuentro en la novela del onubense influencias del Lazarillo, en concreto cuando Thupten es acogido por un proscrito que lo obliga a pedir limosna en la calle, incluso disfrazándolo de monje. Un detalle que tiene reminiscencias con el primer dueño que tuvo nuestro pequeño Lázaro.

Todo esto para decir que es una novela que se disfruta mucho, y que me ha enseñado que a los autores noveles hay que darles una oportunidad, porque todo buen escritor tiene un principio, y en el caso de Alfaro entra pisando fuerte. Y para hacer soñar, porque la buena literatura es sueño.