Crítica a dos voces de ‘Elijo a Elena’, de Lucía Osborne- Crowley

Visión de Tensi Gesteira

Mi amiga y escritora Miriam Beizana y yo adoramos a Elena Ferrante, y no es un secreto que ambas padecimos la llama #fiebreferrante. Por eso nos pareció casi mágico encontrarnos con una de las recientes publicaciones de la editorial Alpha Decay, en la que Lucía Osborne- Crowley explica su trauma y se sumerge en los libros de la Ferrante. Elijo a Elena es el título de este librito corto en extensión pero profundo en digestión, pues en él se nos habla de violación, de trauma, de suicidio, de depresión, y de lo que cuesta continuar la vida cuando a una persona le ocurren cosas tan duras.

Quizás porque ya éramos conscientes de la dureza de lo que nos íbamos a encontrar, Miriam y una servidora nos decidimos a leer el libro juntas, en la distancia pero comentándolo diariamente a través de audios de Whatsapp intensos en los que ambas confesábamos lo que nos provocaba este libro, que dolía, que escocía, pero que veíamos como imprescindible porque esta es la literatura que valoramos, quizás porque es capaz de traspasar la piel e ir más allá, explicándonos incluso a nosotras mismas.

Elijo a Elena cuenta el suceso que truncó la carrera como gimnasta de Osborne – Crowley, cuando la violan. Ella, que había sido sometida desde bien pequeña a una disciplina férrea de entrenamiento y de alimentación, se exigía mucho y luchaba por ser la mejor, hasta que ocurrió eso y le trauma se gestó, llevándola a un profundo dolor y a secuelas físicas que todavía perviven a día de hoy. Todo esto lo cuenta en este libro, que huye de eufemismos y cuenta la realidad sin matices, quizás por eso se debe leer sosegadamente, pues el dolor se puede palpar muy adentro. Creo que la autora, que actualmente ejerce como periodista, explica a la perfección cómo funcionan los traumas infantiles y cómo marcan nuestra vida para siempre, aunque también habla del miedo, de la debilidad, de las inseguridades, y del profundo estado de depresión y de impotencia al ver que el cuerpo se escapa de tu control.

“No se lo dije a nadie. Mis amigas sabían que había pasado algo terrible esa noche, pero cuando vieron que no respondía a sus preguntas, dejaron de hablarme del asunto. Tenía demasiado miedo para permitirme revivir esa noche. Todas teníamos miedo. Éramos unas niñas. Tenía quince años”.

Me parece un libro impresionante, pero muy muy doloroso, y que leí en un momento también difícil para mí. Y fue justamente por eso que entendí que en la vida todo tiene relación con el pasado y que, tarde o temprano, un suceso que creías ya superado te puede atormentar en el futuro, impidiéndote incluso avanzar y seguir. Eso sí, a pesar de que el libro resulta literatura necesaria porque le pone palabras a la violación y a lo que esto supone para las mujeres, me pareció muy artificiosa la técnica de la autora de relacionar lo que contaba con Elena Ferrante, pues existen muy pocas referencias a ella.

Visión de Miriam Beizana

“Lo peor de todo es que me fue arrebatada la capacidad de contar lo ocurrido, y con ella la posibilidad de pedir ayuda. Nunca me recuperaré de ese robo”.

Tensi Gesteira, del portal Lecturafilia, y yo acordamos leer este libro juntas. Primero porque vivimos tiempos de delicado equilibrio emocional y, segundo, quizás porque ya no nos apetece leer en soledad. Como ya tenemos experiencia lectora, nos conocemos, conocemos a las muchachas de Alpha Decay, teníamos una vaga idea de lo que nos podíamos encontrar en Elijo a Elena.Sin embargo, creo que nuestros pensamientos se quedaron pequeños. Al menos en mi caso.

La idea era dividir la lectura y compartirla a través de audios por el móvil o llamadas, una práctica habitual durante el confinamiento y que, a día de hoy, seguimos manteniendo. Para mí es mejor que los ansiolíticos, y para ella espero que también. Y perdonadme esta pastelosa introducción sobre leer y la amistad, pero es lo que ha venido a salvarme a mí. Y a salvar a Lucía, y a Elena. Al fin y al cabo, le ha dedicado su título a Elena Ferrante (o a Elena Greco, en su caso).

Lo primero que comentamos fue la identificación de nosotras mismas en el texto. Arrancan las páginas de este peculiar ensayo biográfico enfocadas en el deporte y en el perfecto dominio del cuerpo que tenía Lucia Osborne-Crowley en su juventud y que le fue arrebatado en un terrible episodio de agresión sexual. A partir de ahí las páginas se oscurecen, es cuando conocemos la realidad que vino después. 

“Unos años unos 2 años después de la violación, me sobrevinieron unos triples dolores abdominales. El dolor era tan intenso que me provocaba vómitos. Empecé a sangrar haya donde iba; la sangre se deslizaba por mis piernas y quedaba charcos a mis pies. Me desmayaba. Empecé a tener un pensamiento recurrente intrusivo en el que un cuchillo se me clavaba en la vagina”.

Y aunque la obra es breve, la lectura es profunda y compleja. Mi ejemplar está marcado en prácticamente todas las páginas y, me temo, se quedará en mi mesita durante un tiempo porque quiero trabajar con él. Trabajar en mí, quiero decir. El dolor se convierte en el cuerpo de Lucía en la endometriosis y la enfermedad de Crohn. Aunque no está completamente demostrado que estas dolencias la aquejasen por la agresión y el dolor reprimido en su interior físico y psicológico, es bastante probable.

“El problema no era la medicina en sí; la respuesta estaba en esas mismas páginas. El problema era que nadie buscaba el problema”.

La autora aporta datos constantemente. Pruebas. Incluso en esta posición de ser un ‘monólogo’ (a ella no le podemos contestar mientras leemos, es su versión, en su hueco tan merecido) parece querer excusarse. Lleva toda una vida sumida en su silencio, en sus ataduras. El ejercicio de valentía es tan inmenso que quiebra también. Me preguntó cómo ha podido sobrevivir. Y ella misma responde a esa pregunta.

La obra nos aporta pruebas. En su posición claramente feminista, expresa la denuncia de su silencio. También el maltrato médico sistemático al que fue sometida ante sus constantes visitas a urgencias por enfermedades que se diagnosticaron tarde, provocándole un sufrimiento atroz e insoportable. Cuesta imaginar esos días, cuesta imaginar estar en su piel. Y, sin embargo, no cuesta nada. Lucía nos invita, con mucho terror, a ser ella. 

“Todo lo que aprendí sobre la conciencia, la memoria muscular y la sabiduría del cuerpo me fue arrebatado y quedó recluido en un oscuro y polvoriento rincón de mi mente, donde no tendría el valor de entrar hasta una década después”.

En cuanto a la alusión a Elena Ferrante, he de decir que es mínima. Apenas se menciona en dos ocasiones, de manera superflua. Sin embargo, si hemos leído la tetralogía de las Dos Amigas, sabremos interpretar a la perfección qué ha podido ayudar y unir tanto a la autora de este ensayo con la novelista napolitana.

Yo elijo a Lucía. Ella me ha liberado. Me ha ayudado a encontrarme. Creo que tendré que hacer con este libro la parte que me toca.

“Cualquiera que se haya movido por el mundo en el cuerpo de una mujer sabes lo que significa desear ser invisible. Al final, Lila no se libra de esa sensación y encuentra la manera de desaparecer”.

Ficha técnica

Título: Elijo a Elena

Autora: Lucía Osborne – Crowley

Traducción: Victoria Malet

Editorial: Alpha Decay

Año de publicación: 2020

Número de páginas: 136

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

2 comentarios sobre “Crítica a dos voces de ‘Elijo a Elena’, de Lucía Osborne- Crowley

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