“El tiempo vivido, sin su fluir”, de Denise Riley

En los últimos años he leído varios libros que hablan de la muerte de un hijo o una hija y del shock repentino que esto crea en los padres. En La hora violeta, de Sergio del Molino, y Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnet, se repite esa idea incesante de que todavía no se ha inventado la palabra que defina la situación tras la muerte de los hijos. Esta idea recorre también el diario que la poeta anglosajona Denise Riley publicó después de unos años de la pérdida de su hijo, titulado El tiempo vivido, sin su fluir, y que nos trae la editorial Alpha Decay en una preciosa traducción de Núria Molines y con prólogo de Max Porter. 

El libro está formado por ese diario íntimo en el que la autora se centra en el tiempo frenado, la vida que se paraliza y la existencia que pierde su sentido; y un poema sacado de su libro Say Something Back, en el que aborda esta amarga pérdida. 

Comienzo leyendo el prólogo de Max Porter en el que nos avisa un poco de lo que vamos a encontrar en el libro, lo que él califica como “un ensayo sobre minutos, horas, días, semanas, meses y años”.  él también expresa que “el rasgo predominante de este ensayo es su brillante exactitud; no encontraremos en ninguna parte manierismos o manipulación autoral, sientes que te están mirando a los ojos y no puedes apartar la vista”. Coincido con él y creo que nadie lo podría expresar mejor.

Riley indaga, pues, en esa literatura que aborde la extraña congelación del tiempo, pero no la encuentra, y así lo deja patente en diversos momentos de este diario necesario y novedoso en ese sentido. Ella sí se atreve a describir esta sensación etérea. Y escribe:

“Lejos de refugiarte en lo más profundo de ti misma, ese interior ya no existe, te has convertido en puro exterior. Como dice una amiga que sobrevivió al suicidio de la persona a la que más quería: Me convertí en poco más que dos ojos ardiendo en mi cráneo. Detrás solo había vacío.

Me afano en enterrarme el corazón”.

“Han pasado treinta y nueve semanas desde que se esfumó, lo que dura un embarazo. Como si un embarazo se hubiera vivido hacia atrás, más allá del punto de su concepción, y se hubiera adentrado en su preexistencia”. 

“Puede que solo al olvidar a los muertos se abra la puerta a dejar que estén muertos”.

No sé, este libro es puro dolor, y no podría hablar de él desde otra perspectiva. Pero necesitamos historias así, que nos (re)abran la herida, que nos la cicatricen, que nos hagan llorar de forma intensa y volver a curarnos. Me cuesta digerir todo lo que leo aquí, porque es real, y eso duele, el saber que todos podríamos vivir una situación similar y no saber cómo salir del bucle, cómo encontrar las fuerzas y la ilusión para levantarse, para erigir otros proyectos en los que ya no se incluye la persona ausente. ¡Qué doloroso! Pero al mismo tiempo, y como defiendo a menudo en este blog, El tiempo vivido, sin su fluir, nos toca hondo y nos enfrenta a la realidad, nos despierta ante ella, que es algo que necesitamos más que nunca. 

Ficha técnica

Título: El tiempo vivido, sin su fluir

Autora: Denise Riley

Traducción: Núria Molines

Editorial: Alpha Decay

Año de publicación: 2020

Número de páginas: 89

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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