Mis mejores libros de 2019 (y algo más)

Si sois como yo, seguramente estaréis ya pensando impacientes qué lecturas os acompañarán el próximo año. El calendario de una persona que siente los libros como la propia vida siempre se divide entre lo que se ha leído y lo que falta por leer, y en esa operación, siempre quedamos a deber libros. Supongo que me entenderéis. Somos letraheridas, yonquis de las letras, devoradoras de historias y, en cierto modo, nostálgicas.

En esta época, siempre llega el momento de hacer balance y de ver hacia atrás para analizar si se cumplieron nuestras expectativas, tanto vitales como literarias. Para mí este 2019 ha sido brutalmente intenso, y he descubierto lecturas que me han impactado de lleno, con autoras que marcaron un antes y un después y con editoriales que se tornan de pronto imprescindibles. Por eso, la entrada de hoy pretende recoger las que fueron mis mejores lecturas del 2019, tanto en castellano como en gallego (las dos lenguas en las que habitualmente leo), y recordar una serie de hitos literarios que para mí son importantes.

Ahí va mi selección (personalísima) de los mejores libros que he leído este año:

En castellano:

  • Versos con faldas, edición de Fran Garcerá y Marta Porpetta: La historia de la tertulia de ‘Versos con faldas’ es muy apasionante, y se recogió en un libro del que ahora se acaba de publicar una edición revisada por Fran Garcerá y Marta Porpetta en la editorial Torremozas. En él se reconstruye la experiencia de este Grupo Cultural Feminista, en palabras de Fuertes, además de una breve biografía y un par de poemas de cada una de las mujeres que pasaron por ahí. Por lo tanto, el libro constituye un manual de literatura de aquellos años y se añade a la nómina de títulos que en la actualidad recuperan voces de mujeres.
  • Los amores prohibidos de la muerte, de Gabriela Guerra Rey: contiene relatos que nos llevan a esa parte más oscura del ser humano pero también a la más lúcida, y por eso encontramos diferentes indagaciones personales y debates sobre el mundo actual y el futuro. ¿Hacia dónde vamos? Julián, el protagonista del primer relato vislumbra el fin del mundo con la extinción masiva de las especies que lo habitaban. Otros personajes sueñan con la muerte como en “La mujer que quiere ser actriz”, otros se alejan de lo considerado normal para caminar hacia la sensibilidad que los lleva a la anhelada inmortalidad…
  • El niño que comía lana, de Cristina Sánchez – Andrade: tras la lectura de El niño que comía lana, reviso mi libreta y encuentro estas palabras: “espacios rurales”, “niños protagonistas”, “la dignidad de la pobreza”, “la lucha diaria”, “las injusticias y la venganza”, “olor a lejía y a lana”, “los sentidos están muy bien descritos”, “el dolor de la pérdida de un hijo y la ausencia misma”, “personajes que se relacionan de una relatos a otros”. Podrían ser muchos más, pero creo que con ellos basta para expresar el mundo ficcional de esta autora. Su voz, completamente original, combina el realismo mágico y esos espacios de la Galicia rural para hablarnos de las personas, de las historias cotidianas que escondemos, y para definir qué se encuentra detrás de lo que somos.
  • A mí no me iba a pasar, de Laura Freixas: escrita con una sinceridad brutal, A mí no me iba a pasar se puede leer como una biografía política e intelectual, pero sobre todo como una revolución personal, en la que la autora se debate alrededor de lo que quiere y no quiere, dejando constancia de sus propias incógnitas sin resolver.
  • Un hombre bajo el agua, de Juan Manuel Gil: toma el pasado como medida de todas las cosas, pero sin perder de vista el presente, huyendo de nostalgias y escribiendo con la crudeza de las personas que necesitan comprender lo vivido. En ella se rompen los límites entre la ficción y la vida, y se pone en entredicho la memoria, la propia y la ajena, dando valor a todas las visiones que cada persona tiene de un mismo hecho, en este caso el misterio que suscitó la aparición de Eduardo Huergo en una balsa del pueblo cuando el autor era un joven que se abría a la vida.
  • Las amargas mandarinas, de Iñaki Abad: reflexiona sobre el momento en el que una persona cercana a nosotros muere y de repente nos damos cuenta de que apenas la conocíamos. Eso le ocurre a Carla, cuando se entera de la muerte del padre y viaja a Palma de Mallorca, donde el residió en sus últimos años de vida. Ahí deberá hacer frente a la burocracia de la muerte y, al mismo tiempo, descubre dos cajas que contienen parte de los secretos con los que su padre convivió desde su juventud, cuando es obligado a emigrar de su Bilbao natal y a abandonar a su familia y al que era su barrio. A partir de ahí, el autor escribe sobre la vida, recordándonos esa cita tan célebre de Jorge Manrique que decía que “nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar”.
  • Antes de los años terribles, de Víctor del Árbol: una historia compleja, adictiva y con mucho poso, que te queda rondando por la cabeza y que no podrás olvidar fácilmente. En ella encontramos referencias al miedo, a los complejos conceptos del bien y del mal, a las infancias robadas… Y en medio de toda la podredumbre que se produce en ella, a pesar de todo se respira muchísima belleza y el autor habla de las realidades africanas con un respecto pocas veces visto, y también sin tabús sobre la realidad de la colonización y de cómo este proceso afectó a los diversos países del continente.
  • Trilogía, de Jon Fosse: a pesar de la maldad de sus personajes, Trilogía destaca sobre todo por la bonita historia de amor que cuenta. Asle y Alida no se rinden y se apoyan mutuamente con todas las consecuencias, pues creen que el amor todo lo puede. Son jóvenes, se encuentran en la flor de la vida y su inocencia les permite amarse sin ambages. Para ellos solo importa el presente y el futuro junto a su hijo, aunque para ello tengan que renunciar a su pasado e ignorar a su familia y pueblo.
  • La fruta del borrachero, de Ingrid Rojas: la principal ventaja de este libro es que nos lleva de pleno a la Colombia de Pablo Escobar y nos ofrece la perspectiva de dos niñas (Chula y Petrona) pertenecientes a clases sociales y ambientes diferentes y que no saben realmente lo que acontece en ese mundo que les está vetado a los niños y niñas. Durante toda la novela, Ingrid hace partícipe al lector con esa incertidumbre que siente la propia Chula y la contrapone con los duros acontecimientos producidos en el país a raíz del asesinato del presidente Galán a manos de los narcotraficantes. Una historia espeluznante a la par que bellamente escrita, con unas metáforas e imágenes que nos empujan a la reflexión y que nos llevan de pleno al realismo mágico y a pensar en Gabo.
  • Primera persona, de Margarita García Robayo: la magia que emana de la buena literatura (ese dejarte sin aliento) se encuentra presente en estos cuentos en los que se abre la llaga para debatir sobre muchos asuntos que preocupan a las mujeres, aunque deberían ser universales: la maternidad y sus contradicciones, la construcción de la propia identidad, los primeros amores y el sexo, la locura, el cariño por el padre y la madre, y lo salvaje como condición intrínseca de la vida. Relatos todos ellos independientes, aunque podrían leerse como una especie de manual de crecimiento y de los descubrimientos que va haciendo una persona a lo largo de su existencia.

En galego:

  • Da casa, do mar e das ausencias, de María Carmen Caramés Gorgal: Este poemario, igual que acontecía en Dos días escuros, non é alleo á realidade social e constrúese como una forma de loitar contra a desmemoria. Intimamente relacionados co esquecemento están os versos que nos falan do mar e das súas ausencias, dos nomes gravados nas lousas dos cemiterios, e das persoas que estiveron e xa non están. Caramés Gorgal consegue, pois, falarnos da cotidianeidade dos fogares e do que ameaza con desaparecer para sempre. A poesía convértese así na mellor ferramenta de loita contra o esquecemento, en testemuña dun tempo.
  • O inferno, de Henri Barbusse: a humanidade sen fisuras. O home que espía tras do burato atópase con persoas que senten amor e desamor, que padecen enfermidades mortais e mesmo que agochan moitos segredos. Detrás da porta dese cuarto séntense seguros, aínda que non imaxinan que outra persoa observa todo o que falan e fan. Resulta, pois, un argumento moi atractivo para as lectoras e lectores, debido a que a intriga se reactiva todo o tempo.
  • As miñas nanas negras, de Amalia Lú Posso Figueroa: pretende recuperar a esencia das sociedades tradicionais e diversas. Unha proposta que ten moito máis sentido no mundo que habitamos, no que os poderes públicos tenden a defender a homoxeneización da cultura. O que a globalización fai é que desapareza precisamente esa riqueza inmaterial que cada pobo depositou ao longo do tempo para a súa propia supervivencia, e por iso estes contos de Amalia Lú saben tamén a reivindicación polas aldeas e polas xentes, fuxindo deses mundos artificiosos e levándonos aos máis sinceros.
  • Feliz Idade, de Olga Novo: ler a Olga Novo supón para min unha experiencia novidosa, una revolución íntima e un atoparse continuo en cada verso, nesas chiscadelas aos actos revolucionarios dos nosos antepasados, na necesidade de loita pola liberdade de expresión e o propio idioma, na defensa dos corpos e de falar deles sen (auto)censuras, na reivindicación feminista e na construción dun mundo no que as palabras nos axuden a formar cidadás e cidadáns máis libres. Escrito con esa ensamblaxe perfecta de razón e corazón, Feliz Idade eríxese como una proposta total que vén para espallar luz na negrura actual.
  • Carrusel, de Berta Dávila: Gústame a literatura ousada, a que é quen de coarse nos intersticios da realidade para contarnos o que non vemos pero que está aí. Iso fai Berta Dávila na súa recente e agardada nova novela, Carrusel, na que nos propón unha historia que fala de todos e cada un de nós sen que apenas nos decatemos. As súas páxinas, escritas cun coidado exhaustivo, lévannos de cheo ás nosas partes ocultas para facernos pensar sobre as enfermidades mentais e o pouco que sabemos delas

Y los hitos que me gustaría destacar…

Mejor labor editorial: Tránsito.

Los libros de esta pequeña editorial dirigida por Sol Salama son verdaderos puñales, atacan directamente al corazón, y te cambian la vida. De eso precisamente hablé con Salama en la entrevista que le hice para este espacio y que podéis leer aquí.

Mejor portada: El coloquio de las perras, de Luna Miguel.

Me parece una portada impresionante la que diseñó la artista Paula Bonet para este libro que recupera las voces de mujeres escritoras latinoamericanas de las que poco escuchamos hablar.

Mejor traducción: Medio hombre mitad ballena, de José Gardeazabal, traducido por Inmaculada González.

Mejor colección: Confluencias, de la editorial Kalandraka

La editorial Kalandraka puso en marcha una colección que pretende crear lazos de unión entre la literatura portuguesa y la española, y me parece una idea fantástica.

Mejor diseño: Huso Editorial

Mejor libro infantil: Pippi Mediaslongas, de Astrid Lindgreen, en tradución ao galego de David A. Álvarez

Mejor librería: Libraría Miranda de Bueu

Y espero el 2020 con unas ganas inmensas de más lecturas pero sobre todo de lo nuevo de Almudena Grandes, que sale a la luz el 4 de febrero. Ansiosa.

¡Felices lecturas!

Escrito por

Graduada en periodismo y enamorada de la lectura y la cultura. Porque leer nos hace mejores personas.

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